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26 de enero de 2022
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Que difícil era dejarlo. Más cuando estaba tan tranquilo durmiendo al lado mío, después de perdernos de vuelta en el placer que podíamos sacar del otro. Pero una parte de mi cabeza pedía que me preparara para continuar ese día. Por eso, con suma delicadeza aparté el brazo fuerte que me tenía agarrada de la cintura para levantarme de la cama y preparar la ducha.
No tenía sentido que me preparara porque ya no tenía trabajo pero aun no podía despegarme de la rutina y también quería verme presentable ante él…. aún cuando ya nos conocíamos bastante bien, si se puede decir. Por eso, después de salir de la ducha, me sequé el pelo con una toalla enfrente del pequeño espejo que estaba colgado en la pared, arreglé las arrugas imaginarias que veía en la remera blanca vieja que tenía puesta y después de cepillarme los dientes y mirarme por última vez, salí afuera. Pareciera que me sintió porque aún con el cuerpo boca abajo en la cama, giró su cabeza para mirarme.
-Buen dia dormilón - dije en tono de burla mientras cerraba la puerta del baño y me acercaba.
-Buen día - me contestó con una sonrisa y su voz gruesa por la mañana.
Era difícil también no distraerse con ese hombre cuando lo tenía sentado con el torso desnudo y tapado solo con la sábana fina de mi vieja cama.
-Creo que nunca dormí tanto ¿Qué hora es? - dijo en medio de un bostezo mientras agarraba el reloj de muñeca que quedó en la mesita de luz que estaba junto a la cama.
-Nah, tampoco fue mucho, me imagino que son recién las once.
-Las once son las ocho de la noche para mí.
-Bueh que exagerado que sos - le dije en burla mientras veía que se reía por mi comentario.
-Bueno parece que tiene razón, Gutierrez, porque son las once, no sabía que eras adivina.
-No es adivinación, eso pasa cuando vivís dependiendo de los horarios del día.
Me acuerdo como me miró después de escuchar eso para estirar un brazo y agarrarme de la mano para acercarme a él.
-Vivías -Dijo mirándome mientras me acariciaba una pierna tan delicadamente que me dejaba con los pelos de los brazos de punta.
-Sí…, vivía - murmuré para que se escuchara entre nosotros a pesar de que estábamos solos. Hice una mueca cuando su mano por debajo de mi remera iba hacia mi cadera. Debe ser que se dio cuenta porque la levantó para ver que mis caderas estaban marcadas por sus manos después de la noche que pasamos juntos.
-Perdón -Pronunció una disculpa que me hizo sonreír un poco. Nunca cuestioné sus manos y lo ásperas que podían ser, el dolor siempre llegaba después.
-Está bien -Respondí en un susurro mientras veía como su mirada estaba en las marcas que tenía. No sabía qué hacer porque no había sentido este tipo de intimidad y para cortar el tema dije - ¡Eh! Es de mala educación mirar así a alguien.
Y de repente, se acercó para posar su boca en una de mis caderas y dejar un beso tan suave que se sentía como el beso de una pluma, y así siguió con la otra mientras dejaba caricias igual de delicadas con sus manos. Ya no sabía cómo reaccionar, mi cabeza daba vueltas por este tipo de cariño de otra persona después de tanto tiempo. Me mordí la lengua para distraerme porque sentía mis ojos húmedos y lo que menos quería era que me mirara de esa forma. En un momento sentí como su mano viajaba hacia mi cola para apretarme con fuerza. Sentía como el ambiente estaba por cambiar y volver a lo que vivimos la noche anterior, pero escuché como mi estómago empezó a hacer un ruido de hambre, y él seguro también lo escuchó porque dejó lo que estaba haciendo para levantar su cabeza y mirar cómo me tapaba la cara de la vergüenza.
-Dios… Perdón -Le dije con mi rostro oculto por mis manos. Me acuerdo escucharlo dejar una risa pequeña y sentir como sus manos agarraban las mías para poder mirarme.
-Cami, está bien. Yo también me estoy cagando de hambre.
-Sí, pero como que arruina el momento.
-Nah, qué lo vas arruinar, eso lo debería decir yo.
-¿Por qué?
-Porque Cami, acá soy el más grande, por no decir viejo, y soy el que más chances tiene de meter la pata.
-¿Meter la pata? -Le dije sonriendo al término que usó.
-¿Ya no se dice así? Viste que estoy viejo.
Me empecé a reír por la forma que dijo esa tontería, y él solo me miraba sonriendo. Lo pienso ahora y creo que él siempre buscaba la forma de hacerme reír. Después de que sentí que el estómago me hacía ruido, paré para preguntarle.
-¿Queres tomar unos mates?
Él seguía mirándome para después contestarme
-Dale ¿Me dejas darme una ducha primero? Si no te molesta.
-Si obvio, aún queda agua caliente -Le dije mientras lo soltaba para poder ir a la cocina.
No me di cuenta que seguíamos tomados de las manos. Estaba agradecida de estar a espaldas mientras buscaba la pava para poner el agua porque podía sentir su mirada siguiendo mis movimientos por la pequeña cocina de mi departamento. Después de prender la hornalla, volví a mirarlo para comprobar que seguía sentado en el mismo lugar mirándome.
-¿Pasa algo? -Le pregunté para cambiar el silencio que había en la habitación.
-No ¿Por? -Me preguntó desde la cama sentado con el pecho descubierto, tapado apenas por la sábana desde la cadera a sus pies, mientras estaba apoyado con ambos brazos que se le marcaban los músculos y algunas venas.
-Bueno, porque estás todavía tirado en la cama a esta hora. Una vergüenza Scaloni, viniendo del señor “no me gusta dormir” que es.
Como siempre, se reía de los comentarios absurdos que hacía al no saber qué decir por los nervios que me provocaba su presencia en mi viejo departamento que por tantos años llamé “casa”. Después de eso vi movimientos para levantarse de la cama, lo que no esperaba era que se levantara como dios lo trajo al mundo, sin una prenda encima. Seguro estaba satisfecho con sus provocaciones porque mi primer instinto fue voltear mi mirada aún cuando ya nos conocíamos. Mi vista estaba fija en la puerta para distraerme hasta que lo sentí cerca de mi cuerpo para decirme al oído.
-¿Cómo querés que me mueva después de que te tuve hace unas horas rogando por mi nombre pidiendo por más? - Y con eso se alejó caminando hacia al baño para dejarme sola. Era mi muerte este hombre. Volví en sí cuando escuché que la pava ya se estaba hirviendo, hasta parecía un reflejo mismo de mi rostro colorado.
Después de llenar el termo con el agua y lo dejé puesto en la mesa con el mate preparado, me puse a buscar algo para comer esa mañana pero como no había salido a comprar solo encontré un paquete abierto de unas galletitas que tenía guardadas. Dejé el paquete en la mesa viendo si quedaba mejor si ponía las galletitas en un recipiente para que quede más presentable o dejarlo así porque era solo el desayuno. También pensaba si le gustaba el mate dulce como a mí o no tenía preferencia ¿Tenía que preguntarle mientras se bañaba? La última vez que me interesó los gustos de alguien fue cuando… Y cuando recordé su nombre caí en lo que estaba haciendo. Y me sentía una tonta. No éramos una pareja, no sé cómo llamar lo que estábamos haciendo ¿Qué estábamos haciendo? Digo, lo último que diría es que la pasaba mal haciendo las cosas que hacíamos y no me molestaba tenerlo en ese momento conmigo, pero ¿No era mejor hacerlo más íntimo? Porque no sé si podría aguantar otra decepción porque ¿Hasta cuándo iba a querer estar conmigo? Salté de sorpresa cuando escuché que empezaba a sonar un celular alejándome de mis pensamientos. Pero no era mi celular el que sonaba. Debió ser que también lo escuchó desde el baño porque a los segundos estaba saliendo tapado con una toalla que dejé antes apartada para él. Parecía que era algo importante porque lo escuchaba hablar con esa voz seria que usa cuando está en las conferencias de prensa. Intenté distraerme tomando el primer mate y acomodando lo que dejé así nomás sin guardar la noche anterior para no seguir mirando ese perfil bello que tenía.
Parecía que estaba terminada la conversación cuando lo escuché colgar con un estrepitoso “chau” y ahí fue cuando volví a mirar como se estaba vistiendo a las apuradas.
-¿Pasó algo? -Le pregunté mientras estaba sentado en la cama atándose las zapatillas.
-No, son los de la AFA que quieren joder y arreglar otras cosas más para el partido.
-Parece ser algo serio.
-Nah, son más bien caprichos que quiere meter a último momento el gordo bondiola del Chiqui Tapia -Creo que su comentario más que criticar era para hacerme reír porque largué una carcajada que recuerdo lo hizo tentar también. -Te voy a tener que deber esos mates me parece -Me dijo mientras se acercaba ya vestido para robarme una galletita del paquete.
-Si queres, pero traes vos algo para comer -Le dije mientras le ofrecía el único mate que tomó en esa mañana.
-Es una cita entonces.
Me reí para que no notara que me afectó ese comentario y para distraerme recuerdo que por los nervios me metí en la boca una galletita con tapa entera en la boca.
-Te vas a quedar con hambre -Le dije mientras masticaba sintiendo la cara roja como un tomate. Pero él solo me miraba con una sonrisa.
-Nah, las veces que salí apurado sin comer. Esto no es nada -Me contestó con un encogimiento de hombros y dejando el marte terminado de vuelta en la mesa.
-Bueno, no es muy sano eso.
-Si, puede ser.
Y nos quedamos en silencio mirándonos, pero no era como esa noche llenas de intensidad y los ojos negros por la pasión que estabamos viviendo, sino más bien con comodidad, como si nos sintiesemos a gusto con la compañia del otro. Pero el momento se cortó cuando recordó donde tenía que estar. Y en mi casa, al lado mío, no era ese lugar.
-Eh…
-Te tenes que ir -Lo corté para no alargar la situación. Él sólo asintió. Creo que esperaba que hiciera el otro movimiento porque cuando me vio agarrar las llaves y caminar hacia la puerta empezó a acompañarme.
-Te llamo después -Me dijo ya cuando estaba metiendo la llave en la puerta y sólo faltaba un giro más para abrirla.
-Eso ya lo sé -Le dije con mi mejor sonrisa para que se relajara un poco. Y lo conseguí porque me contestó además de con una sonrisa, con una pequeña risa. Pero lo que no vi venir fue que tomara mi rostro con una mano y se acercara para darme un beso tan gentil que parecía la caricia de una pluma. Ya alejado en su completa altura, me dijo un “chau” tan bajo para que lo escuchara sólo yo, pero recién cuando abrí la puerta y vi que se estaba alejando hasta perderse en las escaleras que dan a la puerta de entrada del edificio, le contesté de vuelta, pero él no se quedó para escucharlo.
Decidí concentrarme en limpiar el departamento. Por dos simples razones, una por las bolsas de ropa que dejé así nomás en el suelo y dos, porque desde que no trabajaba no tenía otra cosa más que hacer. Y Milagros no podía salir porque se iba a comer a la casa de su abuela. Lo mejor que podía hacer era limpiar y cambiar de lugar los pocos muebles viejos que tenía con el radio sonando de fondo. Así pasé la tarde restregando el piso, tarareando la canción que estaba sonando cuando de repente empezó a sonar mi celular interrumpiendo el mini concierto que estaba dando sola. Me acerqué para bajar el volumen de la música y antes de que justo contestara la llamada, estornudé en el brazo que me sorprendió de la nada. Pero no sabía que alguien más me iba a sorprender en ese momento.
-¿Hola?
-Cami -Dijo una voz que la última vez que la escuché me iba con un bolso en mano y lágrimas en mis ojos mientras escuchaba insultos a mis espaldas. Estaba tiesa, sin saber qué hacer y sintiendo de vuelta que el mundo se me caía a los pies -No me colgues por favor…
-¿Qué querés?
-Hija yo…
-¿Qué querés ahora? ¿Ahora pensas llamarme?
-Ya sé qué me…
-Ni se te ocurra decir que te equivocaste, porque bien decidido estabas la última vez.
-Yo…
-¡Escúchame bien! Nunca más se te ocurra llamarme de vuelta ¿Me escuchaste? Nunca más -Y con solo eso dicho colgué rápido el celular para poder caer rendida de rodillas y dejarme guiar por las lágrimas que estaba impidiendo que escuchara. Porque algo que aprendí fue que los momentos de tristeza como la alegría que uno siente, no hay que dárselos a cualquiera. Me sentía de vuelta a mi infancia en Salta, cuando estaba mal porque tenía una rodilla raspada que uno tiene siempre después de jugar en la plaza, pero esto era más que un raspado, porque el dolor que sentía era interno y esos no se curan sólo con las caricias que te da una madre en el pelo para que te tranquilices. No podía creer que después de tanto tiempo, cuando por fin sentía que estaba sanando y mi vida estaba tomando rumbo volvía a estar como esa niña, vulnerable. Ya después de llorar en silencio mi cabeza no daba más de dolor producto de las lágrimas que mi cuerpo largó, recuerdo que me levanté para lavarme la cara en el baño, pero no levanté la vista para ver el reflejo que daba el espejo como hice esa mañana, porque sabía que me veía como cuando llegué a Buenos Aires, destruida. Y por eso decidí, además de apagar el celular, tirarme en mi cama y ver si en mis sueños borraban estos malos momentos que uno vive en la vida, pero como pasa creo con todos, los feos momentos siempre se quedan ahí en la memoria a diferencia de los buenos que parece que se van con el viento para no volver. Me desperté en el mismo lugar pero a oscuras, avisando que ya era de noche gracias a la ventana que me avisaba que el sol se escondió para que salieran las pocas estrellas que acompañan a la luna en el cielo negro. Decidida, me levanté a prender la luz y buscar el celular para ver cuánto tiempo pasó y lo primero que me apareció en la pantalla de bloqueo fueron los mensajes recibidos sin leer pero del hombre que me hacía sonreír cuando leía su nombre escrito en los pocos contactos que tenía guardados. Eran varios mensajes desde “q haces?” a “porque no me quede con vs” pero el último fue el que me llamó la atención que solo decía “Cami llamame ya!!”
-Qué raro -Dije mientras marcaba el número. Mientras esperaba a que conteste se me vinieron un montón de cosas que me quería decir. -Seguro se olvidó algo -Dije también en voz alta para que escucharan solo las paredes del departamento. Lo que no me esperaba es que cuando contestara sólo dijera.
-Me voy a morir.
-¿EH?
-Que me voy a morir.
-Lío, pará, ¿qué decis?
-Me agarró el bicho, Cami.
-Aahh - ya entendía lo que pasaba.
-Y me voy a morir.
-Pará, pero ¿cómo te sentís?
-Mal, porque me voy a morir.
-Pará un poco con el drama y decime cómo pasó.
-No sé, todo iba bien cuando llegué acá al predio, la reunión era solo una pavada como te dije pero me preguntaron como me salió el test y como un boludo pregunté ¿Test de qué? y ahí me puteé porque olvidé fijarme cuando llegué en el avión…
-Pero como te vas a olvidar eso Lionel -Lo interrumpí antes de que siguiera con su tragedia griega.
-Estaba dopadisimo cuando llegue Cami, de milagro me pude acordar que estaba en Buenos Aires y no me mandaron a Alaska.
-¿Qué? -Y ahí fue donde no pude aguantar largar una carcajada a lo que estaba diciendo y creo que a él también le dio gracia porque se unió a la risa por la tontería que había dicho.
-¿Por qué Alaska?
-Bueno, no sé pero esas cosas pasan.
-Sólo a vos te pasa de olvidarte saber si tenes covid, Lío.
-Bueno capaz no me olvidaba si alguien no me distraía con sus provocaciones.
-Ah no, lo que faltaba, Scaloni, que me culpes de tus errores. Qué culpa tengo yo que seas tan… débil.
-¿Debil, eh? Te tengo que recordar quién era la persona que estaba pidiendo que…
-No cambies de tema -Lo corté antes de que empezara -Bueno, pero ¿qué te dijeron?
-Y que tengo que estar aislado y no me dejan viajar a Chile aun cuando no tengo ni un síntoma, por eso me quiero morir.
-¿Porque no tenes síntomas?
-Que no me dejen viajar, encima es un partido importante.
-Bueno aprovecha esos días para relajarte… y seguro les va bien, si somos campeones de América.
-¿De verdad lo crees?
-¿Qué les va a ir bien? Obvio ¿Por qué no? -Y no sé porque después de decir eso se quedó callado como si estuviera analizando esas palabras. Pero nunca le pregunté qué estaba pensando esa noche y parecía que se despertó porque después me preguntó.
-Cami para ¿Y vos cómo te sentís?
-¿Si tengo síntomas decis? Estoy un poco cansada, pero por otras cosas después de eso creo que estoy bien.
-Bueno, pero será mejor que te fijes después, mira si te contagié.
-Nah, no lo creo, pero para que te quedes tranquilo mañana voy a la plaza acá cerca que hacen testeos gratis -Le decía ya sin poder detener el bostezo que no quería que escuchara pero al final no fue así.
-Bueno, mejor cuelgo porque parece que te aburro
-No, no es eso, sino que me siento un poco cansada.
-Por eso, mejor te dejo tranquila…
-Pero no quiero -Lo interrumpí de la nada.
-¿Y por qué no? -Me preguntó para dejar un silencio entre ambos, sin respuesta. La verdad si tenía una respuesta, pero no la quería decir. Pero mi boca no le hizo caso a mi cabeza porque sin darme cuenta le contesté.
-Porque quiero escuchar tu voz -El pánico me estaba recorriendo el cuerpo después de darme cuenta lo que hice, tenía miedo de darle intimidad a… no sé si decirle “relación” como nombre a lo que hacíamos porque ¿Qué pareja se comportaba así? Ya me imaginaba que esto le incomodaba también y me iba a decir que…
-También me gusta escuchar tu voz -Ahora fue él quien interrumpió mis pensamientos.
-¿En serio? -Mi voz era sólo un susurro mientras intentaba ignorar la sonrisa que tenía en la cara.
-Sí, creo que te pones a explicar sobre el crecimiento del pasto escucharía cada palabra de esa linda boca que tenes.
-Bue, pará, chamuyero.
-Y esos ojos negros que te brillan cuando reís, no puedo dejar de mirarlos.
-Pará…
-Y no me hagas empezar por las gambas y ese culito hermo…
-¡Basta, degenerado! -Ya no aguanté más la risa que me provocaban esos elogios que siempre parecía tener debajo de la manga, pero no podía negar que me gustaba escucharlos. Sentía de vuelta lágrimas pero de alegría esta vez -No entiendo de dónde sacas estas palabras así de fácil.
Acompañado de un chasquido sólo me dijo
-Es un don.
-Sí, eso debe ser -Parecía que el cuerpo me estaba avisando que era tarde porque otro bostezo apareció.
-Tenes un sueño Cami, anda a dormir.
-Pero no quiero.
-¿Y qué queres que haga?
-Mmm quiero que… que me cuentes algo.
-¿Qué cosa?
-Lo que sea, contame algo para que me ayude a dormir.
-¿Eso queres que haga?
-Sí.
-Mmm está bien ¿Pero te vas a dormir?
-Sí, pap… Lío, bancame un toque -Lo deje para lavarme los dientes y después ver si no deje la puerta sin llave para cambiarme y acostarme para por fin antes tomar un suspiro y tomar de vuelta el celular -Acá estoy.
-¿Estás acostada?
-Sí.
-¿No me mentis?
-Ya te dije que no, dale.
-Bueno -Vino acompañado de un silencio y no sabía si se había cortado la línea, hasta lo comprobé alejando el teléfono del odio para ver justamente que la llamada seguía.
-¿Y bueno?
-No sé qué decir.
-Ya te dije que me cuentes lo que quieras.
-¿Cómo qué?
-No sé, eh… ¿Cómo estuvo tu día?
-Pésimo, si estoy enfermo.
-Bueno porque no me contas un recuerdo lindo de Pujato que tengas.
-¿Sí?
-Sí, me imagino que tenes uno para contar.
-Mmm creo que si, tengo algo.
-Pará -Lo frené para poner el celular en altavoz y dejarlo puesto en la mesita de luz que tenía cerca de la cama, me acomodé bien y lo dejé seguir -Ahora así.
-Bueno, a ver, la primer bicicleta que tuve en mi vida fue creo a los 7 años, mi viejo me la regaló por mi cumpleaños me acuerdo, pero no me dejaron usarla claro porque no sabía usarla, y adivina qué hice.
-La usaste.
-Como el hijo obediente que era lo primero que hice al otro día, en la hora de la siesta con el mejor silencio que podía, agarré la bici y me fui pedaleando a la calle. Primero todo iba bien, pisteando como un campeón algún que otro bache pero el quilombo fue cuando empecé a andar en la calle de tierra
-Ay no.
-Creo que no duré ni un kilómetro que me lleve puesto una piedrita y terminé despatarrado en el suelo. Una pavada pero recuerdo que se caía el mundo a los pies, estaba pasando la vergüenza de mi vida.
-Me imagino.
-Sí, me levanté como pude, agarré la bici y me fui a pie derrotado hasta mi casa, y ya en la puerta estaba mi viejo parado ya sabiendo lo que había hecho esperando a que volviera. No me dijo nada, ni cuando agarró la bici y la dejó apoyada con cuidado en el patio, ni cuando llegamos a la cocina para limpiarme la rodilla magullada que tenía por la caída. Pero se dio cuenta que me pasaba algo en la cara porque después de ayudarme me pregunto “¿Qué pasa?” “No quiero que vean” “¿Ver qué?” “Que me vean llorar”. Y parece que eso le molestó a él porque solo me contestó “Escúchame, nunca te tiene que dar vergüenza llorar, porque un hombre de verdad no tiene miedo de demostrar sus sentimientos ¿Y vos no tenes miedo me imagino?” “No, papá” Y creo que ese es el primer recuerdo que tengo de largarme a llorar, pero no era de tristeza o dolor, no sé si se entiende.
-Se entiende Lío, y creo que tiene razón.
-Yo también lo creo.
-¿Y qué pasó con la bici?
-La heredó mi hijo más chico pero no le pude decir nada porque ya estaba yéndose solo a todo lo que da.
-Parece que es hereditario eso -Con una risita le dije, teniendo la cabeza relajada en la almohada.
-No se salva uno.
-Mmm no -Creo que dije porque ya sentía como los párpados querían cerrarse a pesar de que me obligaba a estar despierta, pero no podía y él también lo sintió.
-Me parece que mis esfuerzos dieron frutos.
-Mmm -Ya ni palabras salían de mi boca y eso le dio gracia.
-Mejor te dejo descansar. Buenas noches Camila.
Ya estaba prácticamente dormida cuando escuché esas palabras, pero creo que hice el esfuerzo de contestarle porque tengo el vago recuerdo de haber dicho “Buenas noches Líonel”.
Y todo se tornó oscuridad, mientras caía al mundo de los sueños.
