Actions

Work Header

No one even knows how hard life was I don’t even think about it now because I’ve finally found you Now my life is sweet like cinnamon Like a fuckin’ dream I’m livin’ in

Summary:

Capítulo 6 de Young and Beautiful

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

15 de marzo de 2022

-----------------------‐-‐--------------------------------------------

Pasó un tiempo desde que nos vimos. La última vez que vi su rostro fue desde la pantalla del televisor de la casa de Milagros, sin poder creer a veces que era una afortunada no solo de tener un hombre así al lado, sino que sabía cómo se veía ese cuerpo debajo de la chomba y el jogging puesto que no dejaba mucho a la imaginación por lo apretados que estaban ambas prendas a su cuerpo.
Pero suficiente con ser tan pajera, porque tenía que ver unas cosas. Primero pensaba en pintar las paredes para darle un poco más de personalidad al piso donde vivía, pero el encargado me dejó más que claro que no podía hacerlo. Entonces pensé en cambiar los pocos muebles que tenía pero me daba pena deshacerme de ellos que sentía que me acompañaron en mis momentos más difíciles. Igualmente pensé en comprar muebles nuevos sin tirar los viejos, pero era al pedo porque no había espacio en ese departamento tan chico para que un placard llenase el poco espacio que había. Me sentía extraña estando desempleada, porque desde que vivía en Buenos Aires no conocía quedarme quieta y no trabajar. Pero me di cuenta que no servía de nada que diera tantas vueltas para que al final terminara haciendo nada, entonces decidí prepararme algo para comer. Una típica tortilla de papa no me iba a decir qué hacer pero sí sacarme el hambre que estaba teniendo. Con una porción servida en un plato al lado de una ensalada, me senté para agarrar el celular algo para mirar. Puse una película típica yankee que no recuerdo bien de qué trataba porque era más bien algo para dejar de fondo mientras almorzaba, pero sí recuerdo que en la casa de la protagonista había una de esas maquinas viejas de coser en el fondo de la habitación, y cuando vi eso pensé en el ruido que hacía la maquina que tenia mi abuela cuando era chiquita e iba a su casa cuando mi papá en uno de sus estados de ebriedad me pidió que me fuera para que no lo viera así. Me gustaba ir, porque no sólo me usaba como “modelo” para hacer vestidos sino que empezaba a enseñarme qué era esa máquina y para qué servía. Había un vestido en particular que me gustaba, un rosa pastel que me hacía parecer a esas muñecas de porcelana que veía que las otras niñas tenían, pero nunca pude tener una propia. “No necesitas una muñeca, vos ya lo sos chinita” me decía mi abuela. Inmersa en los recuerdos que no tenía hacía mucho, no me di cuenta que estaba recibiendo un llamado de Milagros y parecía que era importante.

-Hola

-Cami, pasó de vuelta.

-¿Qué cosa?

-Me enamoré.

-Uuff pero de ¿Quién ahora?

-¿Te acordás del flaco que te conté que conocí trabajando en ese evento cheto en Recoleta?

-Sí.

-Bueno él no es, el amigo es. Empezamos a hablar por IG y no sabes, es un amor.

-¿Pero lo conoces? - Creo que ya no podía aguantar la risa que quería contener.

-Bueno, todavía no pero en eso estamos conociéndonos, hablamos casi siempre.

-Esta bien Mili, pero lo tenes que conocer para saber si te gusta de verdad.

-Ya sé, pero es difícil amiga lo sabes, es difícil siquiera buscar una relación y confiar en una si ya no hay buenos hombres. No todas tenemos a un Scaloni esperándonos a la vuelta de la esquina.

-Pero lo que tenemos no es una relación, no sé ni cómo se llama lo que hacemos.

-Mmm ¿Coger?

-Sí, eso debe ser.

-Bueno, pero no me vas a decir que no te gusta ¿O no? -Me contesta acompañando mi risa mientras levanto el poco desorden que había en la mesa.

-Y creo que no hay nadie en este país a quien no le guste este hombre.

-Sí, pero ¿vos qué sentís?

Esa pregunta me tomó desprevenida, porque no entendía o no quería entenderla.

-¿Lo que yo siento? ¿Qué estamos, en una novela turca?

-¿Me vas a decir que no te gusta?

-Eh bueno, no, no voy a negar que no es lindo, pero no hay nada más, es lo que establecimos y así va a quedar.

-Mmm ¿Segura?

-Sí, no es nada serio y capaz se aburre de mi mañana y se vaya con otra mina más joven si los famosos son así, descartan rápido una persona de su vida.

-Mmm sí, creo que tenés razón, aun siendo Scaloni, no quita el hecho de que es hombre y se manda una - y parecía casualidad o no, porque después de que Milagros me dijo eso, el celular me avisó que tenía una llamada entrante del hombre en cuestión.

-Y hablando del diablo…

-Ah, te dejo entonces así me contás.

-Y después vos me contás qué pasó con el amigo.

-Dale, chau -Y no me dejó despedirla de vuelta porque ya estaba colgando mi llamada. Antes de contestar, intenté calmarme porque ese hombre todavía me ponía nerviosa como el primer día y estoy segura de que él se daba cuenta de los efectos que tenía en mí.

-¿Hola?

-¿Estás ocupada? -De la nada me increpó con su pregunta.

-Estoy bien, gracias ¿Y vos?

-Contestame.

-No, no estoy ocupada ¿Para qué?

-Preparate que te paso a buscar en cinco.

-Pero… -Y no me dejó terminar porque ya había colgado el también -¿Qué pasa que nadie quiere hablar conmigo? -Igual me levanté de donde estaba sentada para ver si me podía arreglar en el poco tiempo que me dio. Opté por dejar el vestido que tenía ya puesto y sólo le agregue una campera linda de jean que había comprado hacía poco en una feria americana cerca de la plaza. Me estaba peinando cuando escuché un bocinazo afuera de mi ventana para después ver que me llegaba un mensaje con solo la palabra “Estoy”, nada más.

-Más vale que sea importante si me apura de esta forma -Dije en voz alta mientras agarraba un bolsito antes de cerrar la puerta con llave. Para vengarme, bajé las escaleras despacio sin apuro alguno, para que aprendiera a esperar. Cuando salí estaba dentro de un auto esperando y casi me cagué de risa porque estaba con anteojos de sol negros puestos, el rostro serio pero se podia escuchar que en la radio sonaba chamamé. Lo ridículo que me pareció esa imagen ya que nada pegaba con nada.

-No sabía que Vin Diesel andaba por Buenos Aires -Le dije cuando me acerqué a la ventana para mirarlo.

-¿Quién?

-Nada -Dije sonriendo a pesar de que lo estaba bardeando hacía unos segundos.

-Subí -Me indicó con un movimiento de cabeza para que me sentase al lado.

-Bue qué tanto apuro tenes ¿Estás jugando una carrera? -Contesté con sarcasmo mientras daba la vuelta para por fin entrar al dichoso auto. Cuando por fin me acomodé, vi que él empezó apagando la radio y sacándose los lentes también. Ya teniéndolo de frente me di cuenta que estaba vestido sólo con la indumentaria color azul de la afa que le quedaba pintada -¿Qué querés? ¿Por qué me haces salir con el calor que hace? No tenía ganas de salir a ningún lado hoy.

-¿No? ¿Y qué pensabas hacer?

-No se, tirarme al suelo en corpiño deportivo y short mientras me daba el aire del ventilador de techo.

-A mi tambien me gustaria ver eso -No me di cuenta cuanto se acercó a mí porque lo último lo dijo casi pegado a mi lado.

-Estaría toda chivada -Le dije ya mirándolo a los ojos.

-Más quiero ver entonces - retrucó con esa mirada pícara que tenía sin dejar de pasar su vista desde mis ojos hasta mis labios.

-Sos más raro vos -Contesté acompañado de una risa apagada y para cambiar el ambiente que se estaba generando le pregunté -Y ¿Para eso viniste? ¿Para contarme tus fetiches? - Vi que relajaba su cuerpo para volver a su lugar.

-No, solo quería verte - eso me dio gracia escuchar.

-¿Por eso nada más? Por el teléfono no parecías muy contento de verme.

-Sí, perdón, pasa que estaba apurado, necesitaba salir.

-Tanto te joden ¿eh?

-No siempre, pero por los partidos que vienen me tienen de acá para allá como un boludo -Se frotó la cara con las manos y ahí pude ver bien que tenía una cara de cansado como si no hubiera dormido en días. Creo que así me veía antes de conocerlo.

-¿Sólo eso pasa?

-Sí. No. Bah, no sé. Es raro no tener a mis nenes acá y es un quilombo también porque desde que estoy acá, me instalé en lo de Aimar y él también tiene que ver a sus hijos y sé que lo molesto estando ahí aunque él no me lo dice, entonces voy a dormir al predio pero no me puedo quedar tanto porque me agarran para tenerme a las vueltas como hoy, y todo eso lo hago porque evito la idea de comprar una casa porque no sé cómo hacer eso -Frustrado apoyó los brazos en el volante del auto para después acostar la cabeza y se quedó ahí. Como si fuera un chico de vuelta, se escondía de sus problemas. Me sorprendió escuchar todo eso porque no me esperaba que tuviera tanto en la cabeza para que estuviera así de estresado. Pensé “entonces de que los ricos también lloran es verdad”. Me dio pena verlo así, entonces despacio fui acercando mi mano hacia él, para acariciar su pelo. Parecía que le gustaba porque no dijo nada, solo un sonido de que disfrutaba esas caricias lentas que le estaba dando. Y a mi también me gustaba, me gustaba tocarlo claro estaba, pero eso era diferente, otro tipo de intimidad. Después de un tiempo de estar así se fue levantando de a poco para apoyar su cabeza ahora en el asiento y quiso disimular la lágrima sola que se limpió pero que sí pude notar. Nos quedamos de vuelta en silencio pero con la diferencia que tomó mi mano y era él quien me acariciaba con sus dedos callosos intentando también ser tierno -¿Que te pasó acá? -Me preguntó, señalando la pequeña marca que tengo cerca de la muñeca.

-Ah, esa; es un rasguño de un viejo gato que tenía de chica. Creo que no le gustó que lo llevara de la calle una noche que se escapó.

-¿Y desde ahí la tenes? -Dijo mirando aun la marca ésa.

-Sí, sé que hay cremas para las cicatrices pero no la quiero borrar, es un recuerdo de ese gato viejo que quise mucho.

-¿Cómo se llamaba? -Preguntó con su vista en mi cara.

-Pato.

-¿Pato?

-Si, siempre me gustó ese nombre para una mascota -Contesté mientras sonreía recordando a ese gato, hacía mucho no pensaba en él. Él me sonrió de vuelta también. Creo que le cambió el humor porque de repente me preguntó.

-¿Dónde queres ir?

-¿No lo tenes que saber vos?

-Eh, sólo tenía pensado venir a buscarte después iba a dejarlo a la suerte.

-No puedo creer que vos seas director técnico y no sabes dónde queres ir -Me empecé a reír de eso y él también me acompañó en la gracia. -No sé, ¿A dónde queres ir?

-Donde vos quieras ir.

-Ah bueno, mmm, no te pueden ver porque sonamos, entonces… vamos a la plaza.

-¿La que está a la vuelta?

-No, esa va mucha gente, vamos a la que está cerca ahí casi nunca nadie va porque está como escondida. Bueno si queres claro.

-Mmm sí, vamos a hacer tu idea mejor - y con eso dicho se acomodó bien en el asiento para que yo hiciera lo mismo y así poner en marcha el auto. Siempre me gustó mirar la vista desde una ventana, algo que noto que mucha gente no hace, ocupadas con la pantalla que tienen en sus manos o el cansancio de la vida que uno arrastra a veces que no te da energías para levantar la cabeza y mirar lo que hay adelante. Eso pensaba mientras dejaba que el viento me de en la cara, disfrutando de la poca brisa que daba ese día caluroso. El viaje fue en silencio, pero uno cómodo, donde no hacía falta llenarlo con palabras.
Cuando llegamos, estaciono el auto para después bajar y comprobar lo mismo que dije, no había un alma en esa plaza, y solo había el ruido de algunos pájaros que estaban en las copas de los árboles. Estábamos por entrar al lugar cuando vi que volvió para abrir el auto y sacar una bolsa pequeña en la mano.

-¿Queres? -Me ofreció mientras desenvolvia un caramelo para llevarlo a la boca.

-¿Qué sabor es? -Le pregunté a pesar de que tenía la mano estirada para recibir uno.

-Este de frutilla, pero hay más si no te gusta.

Negué con la cabeza mientras lo desenvolvía también -Me encantan las frutillas.

-¿Ah sí? -Le contesté solo con un asentimiento de cabeza mientras masticaba el caramelo en la boca -Te voy a comprar un balde de frutillas la próxima.

Con eso dicho fuimos entrando a la plaza por el camino corto que había en la entrada, caminando despacio a la par, como si el tiempo hubiera parado, sin nada que nos molestase. Parecía que estábamos sincronizados porque íbamos en dirección a uno de los bancos que había en el lugar para sentarnos con la vista a los juegos y los árboles, donde las hojas parecían no sólo ser de color verde sino amarillo gracias a los reflejos del sol.

-Qué pacifico.

-Viste, te dije que no viene nadie.

-¿Por qué? Si es muy lindo.

-No sé, creo que van más a la otra plaza porque no está escondida como ésta y no es tan chica, encima todos los eventos ferias que arman están en la otra, la gente menos conocimiento va a tener de que hay otra acá nomás.

-Mmm sabes que me recuerda a una plaza igual que ésta en Mallorca -Cuando me dijo esto ahí me di cuenta que estábamos sentados casi cerca, con nuestras piernas rozando con la otra al lado.

-¿Sí?

-Sí, con la nieve es más linda pero hace un frío para cagarse -Ese comentario me hizo reír y ahí fue cuando se volvió para mirarme a la cara y preguntarme -¿Conoces España?

-¿Eh? ¿Lio cómo voy a conocer yo España?

-Bueno, uno nunca sabe.

-Qué boludo sos, y la respuesta es no.

-Está bien ¿Y qué lugares te gustaría conocer? -Me dijo mientras me rodeaba con un brazo y esperaba una respuesta.

-Uuff no sé, varios, me gustaría conocer las cataratas.

-¿Si?

-Sí, y también el sur para ver las ballenas cuando viajan a la costa.

-¿Qué más?

-Jujuy, a pesar que viví toda mi vida al lado nunca fui.

-Mmm ¿Y, afuera no te gustaría viajar?

-Sí, me gustaría conocer México y probar las comidas que tienen. Después Brasil, por las novelas que veía de chiquita. También, no sé, India siempre me llamó la atención. Ah, también está Italia, pero no sólo por la comida -Fue lo último que dije para después sentir como con la mano que no estaba ocupada fue a despejar un mechón de pelo y acomodarlo detrás de mi oreja, todo esto lo hacía mientras me miraba y acariciaba suavemente mi mejilla.

-¿Y si vamos?

-¿A dónde? -La verdad no estaba prestando atención a lo que me dijo.

-A Italia.

-¿Qué? -Ahí volví en sí.

-Lo que escuchaste -Podía ver que no había un gramo de burla detrás de sus palabras pero seguía sin entender.

-Pero ¿Cómo? ¿Por qué? Lío no entiendo nada -Parecía que era serio lo que iba a decirme porque no me di cuenta que dejó de abrazarme con un brazo, a pesar de que no quería que lo hiciera.

-Hay un partido que nos queda, es una final que armaron contra Italia justo pero en Inglaterra, y pensé no sé, no son muchas horas de distancia entre Inglaterra con Italia, que vos viajes hasta allá y me esperas hasta que vaya.

Seguía impactada con lo que dijo, sin poder creer lo que me estaba proponiendo hacer.

-No sé qué decir - dije al fin.

-Decí que sí- me dijo mientras acariciaba tiernamente una de mis manos.

-Pero… No sé ni cómo pedir una visa.

-Eso déjamelo a mí -Siguió sus palabras después con un gesto con la mano para que me relajara.

-Pero… ¿Por cuánto tiempo?

-Todo el tiempo que quieras, vos decidí.

-Pará, es un montón - me acomodé mejor tratando de entender lo que estaba pasando -No sé si puedo permitirlo.

-¿Por qué no? No es la primera vez que gasto para que disfrutes.

-Sí, pero una cosa es darme plata para que me compre unas prendas y la otra es pagarme un viaje fuera del país -Con el ceño un poco fruncido pregunté al fin -¿Por qué lo querés hacer?

-Porque ya te dije, quiero cumplirte el sueño de que conozcas uno de los tantos lugares a los que te gustaría viajar, no veo lo malo en eso.

-No, pero ¿No tenes que trabajar vos? ¿No te voy a molestar? -Después de plantearle las dudas que me generaban, él me miró atento pensando su respuesta hasta que dijo.

-No, Cami, porque con vos es la primera vez desde hace mucho tiempo que me siento tranquilo al fin - me acuerdo que su mirada era diferente, no las típicas caritas de canchero o intensidad que tenía en su haber, sino que parecía decirlo con total honestidad. Es algo que todavía no dejo de recordar. Creo que pasaron varios minutos porque pude notar que el sol ya no brillaba como antes. No sé si tenía una respuesta a esa proposición, pero le pedí que me diera tiempo para pensarlo y él me lo concedió. Otra vez me salvó la campana del celular porque estaban pidiendo por su atención y así como vinimos nos fuimos en su auto hasta mi casa, con la excepción de que me dio un beso dulce en la mejilla y nos despedimos de ese día.

Tres días pasaron, buscando una respuesta. Primero con la almohada pero nada me decía, después se lo planteé a Mili que obviamente dijo que estaba loca si decía que no “Ademas quien dice si no te conseguis un tano con más plata”. Después esperaba que de alguna forma el universo, el destino o lo que fuera me diera una señal de lo que tenía que hacer, pero no recibía nada. No sé qué me pasaba para que esté en duda, no era sólo el viaje lo que sentía como mucho sino la ¿relación? No sé qué título ponerle a lo que estábamos jugando, era lo que me molestaba, no éramos pareja ¿Pero ese viaje no le daba más intimidad a lo que estábamos haciendo? ¿Por qué me decía cosas tiernas como esa? ¿Él tampoco sabía lo que estábamos haciendo? ¿Se puede tener una relación sin intimidad? Muchas preguntas sin respuestas pensaba mientras caminaba por la calle, viendo las pocas vidrieras que pasaba al lado. Paré en una librería de barrio, y siempre fue un impulso entrar a mirar a pesar de que no podía comprar nada, y esa vez no fue la excepción. Estaba mirando los títulos que tenían en ese lugar, desde novelas conocidas hasta las que no recibían mucha atención; iba viendo hasta que llegué a una novela de una autora que lamentablemente no recuerdo el título pero sí la sinopsis, era sobre el diario de la protagonista, una señora mayor que escribió sobre su vida, amores trágicos pero “no se arrepentía de nada” y esas mismas palabras me llevaron a mi abuela que una vez me dijo lo mismo cuando era una adolescente de 15 años “Los recuerdos de la vida siempre se escriben Camila, sino se olvidan, las cosas malas, las cosas buenas, las horribles y las mundanas, por todo eso. Pero también es importante por las historias de amor que uno vive, vos sos chica aun pero cuando seas grande vas a querer escribir el recuerdo del viaje que te hizo vivir en tu corazón sino ¿Para qué existe el amor?”. Un impulso sentí cuando salí a la calle de vuelta apurada después de dejar el libro en su lugar, mientras levantaba la mano para llamar al taxi que parecía estar esperándome a que saliera, eso pensaba cuando entré al auto y le dije al chofer la dirección a la que tenía que ir en ese momento, la dirección que me dio una vez por mensaje hacía bastante “por cualquier emergencia.” Sí, esta era una. Me dejó en un departamento en Palermo, y creo que seguía ciega porque no recordaba cómo pasé después de llamar al número de piso y me dejaron pasar, pero ya estaba viajando en el ascensor que me llevaba a destino. El destino era ese hombre que la vida me puso en el camino para que lo conociera, el mismo hombre que abrió la puerta exclamando mi nombre pero lo único que salió de mi boca fue un

-Sí, quiero -Y pobre porque con su cara de confusión me preguntó.

-¿Qué cosa Cami?

-Que quiero ir a Italia - él amablemente se hizo a un lado para que pasara adentro pero se veía contento por la afirmación que esperaba escuchar.

-¿Sí? Me alegro ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

-Todo - fue lo único que salió de mis labios.

-¿Todo?

-Todo, toda mi vida me di cuenta que la viví esperando a que lo bueno apareciera, pero nunca lo busqué, nunca me puse firme a cambiar, me quedé estancada trabajando en laburos que no me pagaban bien y estaba harta, y ahora que tengo la oportunidad de disfrutar un poco mi vida ¿No lo hago? ¿Soy tan boluda en no darme cuenta que merezco ser feliz y no sentirme mal por quererlo? -Creo que estaba dejando un agujero en el suelo por las vueltas que daba mientras hablaba, pero paré de hacer el monólogo que estaba haciendo para ver que me estaba mirando asombrado por todo lo que decía, sin signos de burla en su rostro -Y todo eso te lo tengo que agradecer a vos -El único gesto que hizo fue levantar la mano a su pecho como preguntando “¿A mí’?” -Sí, vos sos el responsable de todo esto -Le contestaba mientras acortaba la distancia para que estuviéramos frente a frente.

-¿De nada? -Preguntó en tono burlón que me hizo sonreír tanto como a él - Me alegro Cami, de verdad, déjame que arregló todo para que viajemos ¿Sí? No te preocupes por nada-Mientras asentía en silencio tuve el impulso de tocar su rostro, y es lo que terminé haciendo. Con la mano me puse a inspeccionar de vuelta ese hermoso rostro que tenía, tocaba delicadamente desde sus pómulos hasta esos labios que siempre me daban ternura cuando ese pequeño puchero surgía de ellos. Noté que había cerrado los ojos, relajado en mi inspección, pero quería mirarlos también, entonces lo llamé su nombre tan bajo para que sólo escuchásemos nosotros a pesar de que no había otro signo de vida en ese lugar más que nosotros. Abrió esos ojos negros, que me miraban fijamente pero en vez de acobardarme me adelanté a besarlo como venía queriendo hacer desde hace tiempo. El beso fue uno lento, como si ambos nos estuviéramos conociendo de vuelta. Su mano sostenía suavemente la parte de atrás de mi cuello mientras chocaba su nariz contra la mía en cada beso, con sonrisas en el medio mientras trataba de no fallar en el intento de caerme por pararme con la punta de los pies. La mano de Lionel viajó hacia mi espalda y me abrazó fuerte contra él, y podía sentir lo duro que estaba. Mordía suavemente su labio inferior lo que provocó un gemido por parte suya, uno que hizo retumbar todo mi cuerpo. Me alejé finalmente y no podía aguantar la risa viendo como él con los ojos cerrados buscaba mis labios para seguir besándonos. Me acerqué a su oído para pedirle

-Lío, deseo probarte -le susurré suavemente mientras con mi mano lo tocaba para que entendiera mi mensaje.

Su cabeza giró tan rápido que casi chocamos, mientras me mordía el labio para contener la risa por la expresión que tenía en su mirada.

-¿Qué? -Susurró en respuesta.

Lo miraba bien a los ojos mientras me arrodillaba en el suelo y apoyaba las manos en sus muslos.

-Quiero chuparte la pija, Lío -Le dije seductoramente.

-No, no tenes…

-¿No queres que te chupe la pija, papi? -La última palabra la remarque bien con mis labios y podía ver como seguía haciendo efecto en él mientras pasaba mis manos por sus muslos y rozaba su erección que crecía debajo de sus jeans. Su relamió los labios con su lengua antes de morderse el labio inferior, mientras sus manos recorrían su pelo asentía solo en silencio.

-Pero no así - Me ofreció una mano para levantarme y guiarnos al sillón que había en el medio del piso. Yo lo solté para empujarlo con mis manos a que se sentara en él mientras me volvía a arrodillar delante suyo.

-Quiero demostrarte lo agradecida que estoy en cómo me cuidas, papi -Estaba sonriendo mientras lentamente desabrochaba con las manos sus jeans y bajaba su cierre, pasando a través del fino material que estaban hechos sus boxers mientras él estaba con los puños apretados a sus costados. Tiré de sus jeans y él, para ayudarme, levantó sus caderas para dejarme bajarlos junto a los boxers hasta quedar al final de sus piernas. Podía ver que estaba casi completamente duro, con la remera que tenía puesta y estaba ligeramente levantada, su pija descansaba orgullosamente sobre su abdomen. Avancé arrastrando las rodillas para antes escupir en mi mano y tocarlo. Echó la cabeza hacia atrás con un gemido, se podía ver que los nudillos de la manos los tenía completamente blancos por lo fuerte que apretaban.

-¿Me imaginaste así, con tu pija en mi mano? -Lo miraba para ver cómo asentía lentamente -Desde que te conocí solo pensaba en hacerte venir con mi boca, en lo bien que sabrías.

Me incliné hacia adelante, con mi mano aún moviéndose de arriba a abajo, mientras tomaba la punta en mi boca y giraba mi lengua sobre ella, saboreando el líquido preseminal. Tarareaba mientras movía la cabeza hacia abajo, hasta rozar mi mano con mis labios, encontrándose en el medio para seguir trabajando lentamente al mismo tiempo. No me di cuenta que tenía los ojos cerrados, ocupada disfrutando en cómo sabía en mi boca, en la forma en cómo se sentía en mi mano, hasta que escuche un gemido de mi nombre salido de sus labios.

-Mírame, por favor -Suplicó.

Abrí mis ojos para mirarlo a través de mis pestañas, y mi boca hubiera hecho una sonrisa sino la tuviese llena, porque podía ver que estaba con la cabeza gacha, la boca abierta por la respiración agitada y el ceño fruncido, miraba como mi boca y mi mano trabajaban a la vez en él. Lo saqué de mi boca con un pop mientras seguía acariciándolo con mi mano y con la que no estaba ocupada fui para alcanzar una de sus manos que estaban cerradas en un puño. Al momento que lo toqué se relajó al instante, para tomar su mano contra la mía.

-Está bien, papi -Asentía mientras llevaba su mano a que descansara detrás de mi cuello, y para confirmar mi seguridad le sonreí para volver, antes de darle un beso a su longitud y llevarlo de vuelta a mi boca. Empezó a ganar confianza de a poco para empujar lentamente mi cabeza hacia abajo. Respiraba como podía hasta que con la otra mano me apoyé en su muslo para que mi nariz se presionaba con fuerza contra los rizos y la base de su pija. Me atraganté un poco y él con una disculpa intentó mover sus caderas hacia atrás, pero lo agarré fuerte del muslo, impidiendo que se alejara y siguiese en su lugar para seguir trabajándolo. Su mano que seguía sosteniéndome, viajó para tocar mi mejilla, con su pulgar acariciando lentamente. No podíamos quitarnos los ojos de encima, mientras respiraba pesadamente por la nariz y yo batía mis pestañas para despejar las lágrimas que se acumulaban en estas.

-Estoy tan cerca -Susurró con la voz quebrada y yo tarareé en respuesta. Dejé que con sus caderas tomara el control hacia mi boca, tratando de respirar lentamente por la nariz cada vez que golpeaba la parte posterior de mi garganta -La puta madre, te ves tan bien, tan linda con mi pija llenando tu boca ¿Tanto tiempo pensabas en esto? ¿En cuanto lo querías? ¿Pensabas en esto mientras te tocabas? Dios, no sabes las ganas que tenía. Vos de rodillas frente a mí, mucho mejor de lo que imagine. Voy a venir. Que bueno se siente… Se siente tan ¡Ah! -Sus caderas se levantaron y me aferré con fuerza a su mano mientras él descargaba en mi boca. Vi cómo su estómago se contraía firmemente y se tensó con cada movimiento de sus caderas. Sentía como se filtraba el líquido por el costado de mi boca mientras lo miraba, estaba con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás para mostrar su cuello que palpitaba con cada movimiento que daba su corazón.Cuando su cuerpo finalmente se relajó, me retiré, limpiando mi boca con la lengua. Ninguno se movió por un momento, nuestras manos seguían todavía juntas a su costado descansando sobre su muslo. Lionel se inclinó hacia adelante sobre sus rodillas, y levantó con cuidado la mano para secar mis lágrimas y el desorden que seguro tenía en el rostro, para después agarrarme y besarme con fuerza, su lengua empujando en mi boca mientras sostenía la parte posterior de mi cabeza suavemente. Sabía que él era capaz de probarse a sí mismo en mi, en mis labios, en mi lengua, y cuando gimió en mi boca sentí cómo me estaba derritiendo contra él. Me levantó suavemente para que estuviera acostada de espaldas en el sillón y él se cernía arriba mio, sin romper nunca el beso. Aún vestida podía sentir cómo se balanceaba sobre mí, para que comenzara a besar mi cuerpo y sus manos levanten mi remera -¿Puedo probarte? ¿Ahora?-Él me miró mientras se movía para estar abajo de mi cuerpo, con los labios hinchados por lo fuerte que nos estábamos besando. Solo llegué a asentir con la cabeza pero para él fue suficiente porque empezó a bajarme los pantalones. Hasta que escuchamos el ruido de llaves ingresado en la puerta. Con la misma rapidez de antes subió mis pantalones a su lugar para después vestirse de vuelta con los jeans que quedaron colgando a sus pies, y mientras se pasaba las manos en el pelo yo lo imité para sentarme bien en el sillón y tratar de acomodar lo mejor que pude el quilombo que seguro tenía en el pelo, escuchamos que se abría la puerta. Era un hombre, colorado, de estatura baja y parecía que era alguien que conocía del trabajo porque estaba vestido con la indumentaria de la selección. Algo me decía que no se esperaba que estuviéramos porque se quedó quieto pasando su mirada entre los dos con un ceño fruncido.

-Pablo ¿Qué haces acá? -Fue Lionel a saludarlo, mientras yo me levanté para pararme torpemente sin saber qué hacer.

-Si yo vivo acá, ¿Vos qué haces acá? -Eso me sorprendió escuchar y no pensé para lo que pregunté después yo.

-¿Vos no vivís acá? -Lo pregunté en alto parece porque los dos me miraron. Eso le dio gracia al supuesto Pablo.

-Gracias a Dios que no, lo que me faltaba gringo que tengamos que compartir de vuelta techo -Lo dijo en tono de burla mientras arrojaba la campera azul con el logo de la afa -Si vos pensas convivir con este no te lo recomiendo para nada -No conocía a este hombre pero me hacía reír la forma en cómo se burlaba de su amigo que, a pesar que intentaba ponerse a serio a los dichos del colorado, se notaba que se aguantaba también la risa.

-Bueno tampoco me quemes, y pasé por acá un rato para darme una ducha y cambiarme, me olvidé de avisarte.

-Está bien -Asentió Pablo después de escuchar la justificación que daba su amigo luego después pasar su mirada entre Lionel y yo- Y ¿Nos vas a presentar o…? -Tan perdido parecía que después de escuchar bien lo que dijo este, ahí se dio cuenta.

-¡Si! Perdón, Cami este es Pablo Aimar, Pablo ella es Camila -Y ahí pareció darse cuenta de que pasaba porque tenía la cara como si reconociera lo que estaba diciendo.

-Un gusto Camila -Dijo me saludaba rápido con un beso, como si ya me conociera.

-Igual -Fue lo único que atiné a decir.

-Bueno nosotros nos tenemos que ir, Pablo, nos vemos -Saludó de vuelta a su amigo pero yo no pude saludarlo bien porque Lionel me agarró de la mano para arrastrarme fuera de ese piso y solo pude decir un chau así nomas. Bajamos hasta el estacionamiento para buscar su auto en silencio ¿A dónde íbamos? Qué sé yo, lo único que pensaba mientras me acomodaba en el asiento del coche es ¿Por qué parecía que me conocía? ¿Le habló de mí? ¿Qué le dijo que éramos? Muchas preguntas me llenaban la cabeza mientras veía que Lionel estaba un poco ¿colorado? Como si le diera vergüenza ese encuentro, como un adolescente que es agarrado con la manos en la masa por un adulto. Me aclaré la garganta para preguntarle al fin.

-¿Le hablaste de nosotros? -Murmuré mientras lo miraba. Después de escuchar eso su vista pasó de mirar la calle a mi cara.

-Eh, un poco, obvio no todo pero sí sabe que estoy viendo a alguien -Eso me sorprendió, porque pensaba que la idea de mi existencia no la sabía nadie más que él, tampoco es que fuera su amante para andar escondiéndome, porque no estaba divorciado, pero era algo que no me lo esperaba. Debe ser que me quedé mucho tiempo en silencio porque después me dijo - Si te molestó, perdón -Ahí hable rápido.

-No, no, no es eso, no me molestó.

-¿Segura? -Preguntó como si estuviera en duda si cometió un error.

-Segura, confío en vos -Para tranquilizarlo con mis palabras lo tomé de la mano con una pequeña sonrisa, que él devolvió también. Volvimos nuestras miradas hacia la calle esperando - Lio - lo llamé de vuelta.

-¿Sí?

-¿A dónde vamos?

-Vamos a… -Él también se dio cuenta que salimos sin rumbo y recién notaba eso -Pucha, no sé.

-¿No sabes? -Empecé a reírme.

-Bueno, teníamos que salir rajando antes de que Pablo sospechara lo que estábamos haciendo.

-Ya sospechaba seguro desde que cruzó la puerta y además ¿Por qué me diste la dirección de su casa?

-Es donde me estoy quedando, tengo que comprar algo ya sé, pero no tengo tiempo.

-Dios, qué desastre.

-Ya sé, hoy pensaba averigüar pero alguien me distrajo -Remarcó ese alguien mirándome atentamente.

-Bueno, no vi que te hayas quejado ¿O me equivoco? -Esta vez vi que mientras manejaba empezaba a aparecer una sonrisa de costado.

-No, tenes razón, la verdad me encantó.

-¿Sí?

-Si -Dijo mirándome de vuelta y podía darme cuenta que estaba pensando lo mismo que yo porque con solo una mirada a sus labios me fije que estábamos yendo por otro camino hasta terminar en una calle vacía, con sólo un montón de yuyos alrededor nuestro. Con un último vistazo para comprobar si no había nadie cerca, acortó la distancia para besarme suavemente, mientras sentía sus manos rozar el borde de la remera que tenía puesta.

-Cami decime ¿Que pensas del sexo en un auto? -Sentí que lo decía contra mi cuello mientras esparcía besos también por la piel. Me reí de su pedido, mientras sentía que formaba una sonrisa oculta en medio de mi cuello.

-Que está muy infravalorado ¿No crees?

-La verdad que sí -Y sin aviso me arrastró hasta sentarme en su regazo, pidiéndome disculpas después de que mi cabeza se diera con el techo del auto mientras él hacía como sea que bajara el asiento. En segundos ya lo tenía sacándome la remera para dejar mi cuerpo expuesto, ese día no me había molestado en usar corpiño porque no tenía ganas de usarlo, pero la sonrisa que dio fue como si hubiera descubierto oro.

-Sos tan hermosa -Dijo no en un tono de voz no erotico sino más bien de sinceridad.

Empezó a presionar besos por todo mi pecho, tomando atención para dejar pequeñas marcas con sus dientes con un tierno toque de posesividad. Volvió a mi boca para seguir besándome mientras seguía murmurando elogios hacia mi pero estaba demasiado distraída con su lengua recorriendo mis labios para prestar atención a las cosas que decía. Me ayudó a quitarme los pantalones cortos con algunas risas en el medio, para quedar solo vestida con la bombacha. Puso sus grandes manos en mis manos para empezar a hacer movimientos circulares sobre su jean que sentía que ya se estaba volviendo a endurecer. Hacía círculos contra mis caderas como en una forma de caricia, mientras me besaba profundamente como si nunca se cansara de hacerlo. Pero me separé como pude para empezar a tironear su remera, hasta que él se la sacó por la cabeza para que pudiera volver a ver ese pecho descubierto un poco tostado por el sol. Besaba cada pedazo de piel que tenía a la vista, desde sus hombros hasta su cuello y en ese momento sentí cómo una de sus manos viajó donde más lo necesitaba, frotando mi clítoris a través de la tela de la última prenda que quedaba puesta, y la presión no se hizo esperar que ya me estaba desarmando.

-Lío -Respiré como pude y sentí después como su mano apartaba mi bombacha para seguir provocándome, y mis caderas respondieron moviéndose contra sus nudillos, deseándolo profundamente adentro mío. Me tocó lentamente y mi respiración se empezó a acelerar. Me dejó marcar el ritmo mientras me aferraba como fuera a sus hombros porque sentía que me estaba por caer. Sus dedos fuertes y callosos y los besos desesperados que me robaba cada tanto me llevaron al límite y de mis labios solo salían incoherencias -Ah Lío, voy a… -No pude terminar la oración porque salió un suspiro ahogado.

-Continua, Cami -Dijo con su voz ronca también por el placer que estábamos viviendo -Quiero que acabes en mis dedos, para mi.

Sentí que después de decir eso sus dedos se curvaron adentro mío para que yo lanzara un gemido fuerte desde el fondo de mi garganta, y el orgasmo se estrelló con tanta fuerza que sentía como me dejaba completamente ida. Aguanté el orgasmo con sus dedos aun adentro para prolongarlo el mayor tiempo posible, mientras yo solo clavaba las uñas en sus hombros sintiendo el éxtasis por todo mi cuerpo.

-Buena chica -Me elogió, mientras yo intentaba recobrar de vuelta el aliento -Muy buena, y sólo mía.

Mis manos bajaron a su torso para desprender la hebilla de su cinturón, y podía sentir lo duro que estaba, deseando hacerlo sentir tan bien de vuelta. Hacía lo posible para acariciarlo, aunque el sexo en el auto tenía sus incovenientes, pero a él parecía gustarle. Él acercó mis caderas para levantar un poco las suyas y encontrarse con las mías.

-Espera Cami… -Se quitó rápidamente el cinturón para bajarse el cierre y eso me hizo sonrojar por lo desesperado que podía notar que estaba sintiendo para poder sentirme de vuelta. Ya cuando tenía abajo los jeans con el boxer juntos, me acomodó tiernamente sobre su pija a pesar del hambre que parecía tener en sus ojos oscuros, con una lentitud me ayudaba a bajar. Me dio unos segundos para adaptarme, y ambos nos quedamos quietos, sin aliento por la sensación de que me estaba llenando.

-Lío -Dije en voz baja, mientras ignoraba las ventanas del auto ya empañadas para no recordar que estábamos al aire libre. Su piel estaba suavemente iluminada por la luz del sol que entraba en una de estas, su pelo estaba totalmente despeinado y sus ojos se encontraban con los míos con una cierta devoción además de la lujuria que estábamos sintiendo. El solo respondió acariciando suavemente la cara, y yo le di una sonrisa tímida, y lo sentí sonreír también cuando empecé a besarlo despacio que contrarrestaban con mis caderas que empezaron a moverse contra las suyas. Intentó ir despacio, alargando sus embestidas tanto como podía, pero quería ver la expresión de su rostro mientras se deshacía por mi. Por eso incliné mis caderas para que fueran más profundas sus embestidas, pasando mis manos sobre su pelo y tironeando un poco porque sabía que eso lo volvía loco. Movió sus caderas contra las mías y golpeó justo en ese lugar que me hizo jadear y apretarme alrededor de él, presionó su rostro contra mi pecho, su respiración estaba tan inestable y cálida sobre mi piel.

-Dios -Dijo con voz tensa, mientras extendió su gran mano sobre mi espalda para abrazarme y mantenía la otra con un agarre firme en mi cadera -Me encanta que montes mi pija así, en mi auto a las 5 de la tarde-.

No pude evitar reírme mientras acercaba su mano para rodear mi clítoris al mismo tiempo que sus embestidas, seguro estaba queriendo complacerme y divertirse conmigo al mismo tiempo, que era uno de sus tantos talentos. Sentí otro orgasmo alcanzando su punto máximo, como una ola entre mis caderas mientras él continuaba desarmándome con tanta dedicación.

-Lío… -Casi supliqué, una mano la mantenía enredada en su pelo mientras con la otra me sujetaba en su hombro con fuerza -Dios no pares ¡ah! Estoy casi…

-Yo también -Logró decir. Besaba mi mandíbula mientras daba un empujón particularmente fuerte que me hizo llorar su nombre a gritos -Acaba conmigo -Dijo contra mi boca, para después darme un beso profundo que me dejó sin aliento -Por favor.

No podía discutir con él si quisiera, terminé de inclinar mi cabeza hacia atrás para jadear de placer mientras él me llenaba al límite, apretandome alrededor suyo mientras las olas de orgasmos rodaban sobre mi. Una serie de puteadas salían de su boca mientras terminaba profundamente dentro mío, dándome unas embestidas finales que me hicieron gemir por el placer que estaba sintiendo. Murmuró algo que no llegué a comprender mientras apoyaba su cabeza contra mi pecho, acercándome lo más que podía contra el.

-¿Qué dijiste? -Pregunte suavemente mientras lo abrazaba lo mejor que pude.

-Dije “Y todavía nos queda un viaje por delante” -Murmuró con los ojos cerrados y podía darme cuenta a que se estaba refiriendo. Yo sólo solté una risa ahogada para descansar mi cabeza sobre la suya, con la vista hacia la ventana donde solo podía notar que el sol estaba pronto a esconderse, mientras sentía como acariciaba suavemente toda mi espalda, casi como si fuera una pluma, pasaba por mi piel muy delicadamente.

Notes:

Vieron que no los iba a dejar, primero que nada espero que les guste este capitulo que tiene TODO lo que nos gusta las guachas (cameo del caniche rabioso) y gracias por seguir leyendo esta historia que mi mente degenerada esta inventando. De vuelta gracias a flor (purpleraxn) por estar ahi siempre para ser mi primera lectora y bancarme en este proyecto. Como siempre dejo aca https://curiouscat.live/prettymesslu y la playlist https://open.spotify.com/playlist/0hX1jtmstDnNhCbYAsXmjU?si=S8yBTOGMS5GJunobBAatIw&pi=u-C5yYyKJnTEaF si tienen ganas de opinar o escucharla. Lo ultimo que tengo que decir es que preparen las valijas gente porque nos vamos de viaje con el gringo.

Hasta la proxima 🖤

Series this work belongs to: