Chapter Text
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"¿Qué estamos haciendo aquí?"
La pregunta salió cargada de confusión, mientras era arrastrado suavemente por Missa hacia un lugar que solo había visto una vez.
La noche era profunda, quizá ya pasada la medianoche, la oscuridad envolvía todo, pero sus alas y su cabello iluminaban el camino lo suficiente para no perderse.
El aire era fresco y húmedo, y el sonido del pequeño río cercano se mezclaba con el de las ranas y el movimiento sigiloso de otros animales ocultos entre la vegetación.
La única vez que había estado ahí fue cuando descendió para cumplir su deseo y lo siguió hasta su hogar.
No se quedó demasiado tiempo entonces, ni se permitió observar el sitio con detenimiento.
Toda su atención había estado puesta en Missa desde el primer momento y, de alguna forma, seguía igual.
Se dejó guiar más lejos sin insistir en una respuesta, sonrojándose cuando Missa entrelazó sus dedos con los suyos.
Era un gesto que él había comenzado a hacer hacía un tiempo y que, sin darse cuenta, se había vuelto algo que le encantaba.
Una sonrisa suave apareció en sus labios y correspondió al agarre, acariciando su mano con su pulgar y transmitiéndole una calma silenciosa.
Tenía preguntas... y muchas.
Pero no le molestaba no recibir respuestas inmediatas, confiaba en él plenamente.
Missa se detuvo de pronto y se dio la vuelta, tomando su otra mano para entrelazar también esos dedos, como si quisiera asegurarse de no soltarlo.
"¿Sabes por qué estamos aquí?"
Sonrió cuando el rubio negó despacio, acercándose con calma y llevando una mano hasta su mejilla para acariciarla con ternura, besándola.
Philza acurrucó su rostro contra su palma y se dejó besar, observándolo con una mezcla de curiosidad y anhelo.
Había algo distinto en él esa noche, algo que todavía no lograba descifrar.
Aunque ha comenzado a buscar más contacto entre ambos desde hacía tiempo, nunca había sido tan cariñoso como ahora.
La mayoría de sus besos anteriores venían acompañados de pequeñas condiciones y de límites suaves solo para jugar con él.
Normalmente pedía más abrazos y mimos que besos, era tierno y se conformaba con eso por ahora.
Ha querido darle tiempo, espacio y seguridad porque mo quería volver a parecer insistente como al principio, como cuando se conocieron.
Por muchos meses ha esperado por su aceptación y no estaba dispuesto a arruinar la oportunidad que Missa le había dado.
Aprendió que su comodidad era lo más importante, nunca lo volvería a hacer sentir obligado a algo.
Missa tarareó en voz baja, observando el lugar con atención antes de volver a mirarlo con un pequeño sonrojo.
"Estamos aquí porque quiero decirte algo…" Confesó con un poco de nerviosismo, respirando hondo. "Y fue aquí donde pedí mi deseo, así que supongo que eso lo hace un poco más especial. ¿No lo crees?"
"Creo que sí... ¿Qué tienes qué decirme?"
Lo observó con atención y Missa guardó silencio unos segundos, como si estuviera ordenando cada uno de sus pensamientos.
Abrió la boca, cerrándola casi de inmediato bajo la atenta mirada de Philza, respiró profundo y afirmó el agarre en sus manos, mirándolo a los ojos.
"Ya estoy listo"
La seguridad en su voz contrastaba con el ligero temblor de sus manos al no recibir una respuesta inmediata.
¿Había sido demasiado directo?
¿Tal vez debía demostrarlo en lugar de decirlo?
Bajó la mirada cuando Phil soltó una de sus manos y el rubor se apoderó de su rostro al sentirlo tomarlo por la cintura, atrayéndolo con firmeza hacia su cuerpo.
Philza sonrió ampliamente y escondió su rostro en su cuello, frotándose contra él mientras ronroneaba con suavidad, envolviéndolo en un abrazo lleno de emoción.
Estaba tan feliz de que por fin lo haya aceptado.
Lo quería de la misma forma y eso significaba que al fin su deseo se había cumplido.
Revoloteó un poco, incapaz de contener la emoción, elevándolo del suelo y girando con él mientras besaba su rostro una y otra vez.
Las risas que brotaban de los labios de Missa eran música para sus oídos, sonaban auténticas, ligeras y llenas de vida.
Pero sobre todo... sonaban felices.
Lo bajó con cuidado y tomó su rostro entre sus manos, apoyando su frente contra la suya, sonrojado y con una sonrisa cargada de nervios.
"¿Puedo besarte?"
No hubo respuesta verbal.
En su lugar, Missa se lanzó sobre él, uniendo sus labios con los suyos sin dudarlo.
Phil lo sostuvo como pudo para evitar que ambos cayeran, correspondiendo al beso de inmediato y sintiendo cómo el mundo se reducía a ese instante.
Eso era un sí para los besos, para su relación y para el nuevo camino que comenzarían a recorrer juntos.
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