Chapter Text
—Tenemos una noticia urgente. Hoy a las cuatro con diez de la presente madrugada se dio a conocer por parte de la policía la detención de un joven que fue encontrado en su departamento bañado en sangre.
—Información de seguridad. La secretaria de seguridad y protección ciudadana dio el aviso sobre un erizo entre los veinte a veinticinco años hallado dentro de un departamento, los videos muestran que el joven tenía sangre en manos y pies.
—Un joven fue encontrado por la policía en un edificio departamental muy cerca del centro. Lo impactante de todo es que gracias a las imágenes oficiales se puede observar su rostro sin ninguna pizca de remordimiento, aun con las manos manchadas de sangre, púas, aún que lo que más causó extrañeza por parte de algunos televidentes y testigos fue su vestimenta, una lencería rosada cubierta de sangre.
—Dentro de la propiedad se encontraron dos cuerpos aún sin identificar debido a las múltiples agresiones y ataques que causaron la desfiguración de sus rostros. El arma homicida de este caso fue un bate de béisbol.
━─━─━─━─━─≪✠≫─━─━─━─━─━
—Buenos días gente de Mobiüs. Iniciamos con la información de esta mañana —ordenó sus papeles, aclaró la garganta para después mirar hacia la cámara—. Recordemos que el pasado veinte de junio se confirmó que a las cuatro de la mañana se encontró sin vida a dos Mobians los cuales fallecieron antes de que la ayuda llegará. Contando con treinta y tres y veinticinco años de edad —se ordenó la manga del saco—. Los vecinos preocupados por el ruido, escuchaban golpes y gritos los cuales asustaron al departamento de abajo quienes fueron los primeros en hablar. Todavía no sabemos las razones por las cuales acabaron con sus vidas, por que fueron golpeados hasta morir, la causa de este acto tan atroz... Hoy se hará la primera audiencia y por fin se hará justicia ante..
El televisor fue apagado. Lanzando el control con rabia contra una de las paredes de concreto, destrizándolo. Tenía sangre hirviendo dentro de su cuerpo, no sabía cómo expulsar su ira.
—Genial.. —suspiro con agotamiento, llevándose la mano al mentón tenso como un intento de apaciguar sus nervios—. Esto no está bien.
—Le quité la vida a dos personas —hablo susurrante—. Si eso no está bien… Entonces no sé qué sí lo sea.
—No, tú no hiciste nada —volteo exasperado.
—Es como querer cubrir el sol con un dedo —el desinterés desbordaba por el tono de su voz, no se dignó a mirar a su abogado defensor, estaba demasiado entretenido con los detalles de el bolígrafo que pasaba entre sus falanges, hasta que esté topó con el meñique—... Y los míos están manchados.
—No, no, eso no es lo que pasa. Tu no te encuentras bien, eres mentalmente inestable lo que provocó todo esto fue tu trastorno bipolar y de la personalidad ¿Entendido?
—Lo hice porque quise, estaba en mis cinco sentidos cuando lo hice... Yo tomé la decisión.
—Tu hermano está pagando demasiado para sacarte de aquí, pon de tu parte al menos.
—¿Esto lo haces por dinero? —por primera vez le veía el rostro.
—Es mi trabajo, sacarte de aquí es por lo que gano. Tú sólo debes hablar cuando yo te lo diga, no queremos que todo se vaya a la basura con solo tus palabras, ¿Quedó claro?
—...
—Responde ¿Quedó claro?-
—Ya es hora
La puerta fue abierta captando la atención de los dos erizos
—Bien —miró a su cliente una vez el oficial se retiró—. Entiende que tu hermano quiere sacarte, no desea verte encerrado tras las rejas —no recibió ninguna respuesta. Suspiro—. Vámonos.
Saliendo de la sala una vez se levantó de su asiento, dio pasos sin ninguna pizca de vergüenza. Los pasos entre pasillos grises y miradas juzgadores cargadas de odio y desagrado hacia su persona formaron parte de su rutina desde hace días, las esposas dejaron de ser dolorosas hace tanto tiempo, aún que le impedían algunas cosas lo cual le resultaba irritante. Al menos era libre cuando se las quitaban al estar encerrado en esa celda, podía descansar de ellas, los demás Mobians que nunca se callaban y solo opinaban sin criterio, hablando estupideces o insultaban su integridad como si él hubiera salido del mismo infierno. El peso de las esposas no se comparaba al dolor que tuvo que retener tantos años de su vida y nadie le ayudó, nadie lo defendió, nadie vio por él y ahora era el malo de la historia. Le molestaba tener tanta atención cuando él solo quería sentirse mejor. Apenas cruzó la puerta y todas los ojos se posaron en él, las cámaras enfocaron su rostro como si fuera una estrella de cine, le daba asco, siguió las indicaciones de los uniformados con placa policial que le indicaban a él y al tonto de su abogado donde se encontraba su sitio en aquel conglomerado tribunal, dando unos pasos hacia su asiento se enfocó en la cámara frente a él y al notarla grabarle desde su perfil izquierdo observó unos segundos esta para después mostrar su dedo medio, maldiciendo con esa seña a cualquiera que le vea desde su televisión.
—Entramos en sesión.. —habló su abogado bajándole la mano con fuerza, deteniendo su descortesía.
Un mapache de avanzada edad entró a la sala haciendo que todos los presentes se levanten en muestra de respeto hacia su figura de autoridad y sentándose una vez se les indicará.
Las presentaciones no eran lo suyo y mucho menos escuchar cualquier cosa que provenga de un anciano que apenas logra leer gracias sus anteojos, solo observaba a la audiencia y oficiales que se encontraban dispersos por el recinto sin interés alguno más que saciar su aburrimiento, jugando con la cadena que era perteneciente a las esposa entre sus manos como una forma de entretenerse entre todo ese denso ambiente que solo le ahogaba y despistaba sobre su verdadera meta, detestaba tener que estar sumergido en esta situación y no por su acto tan repulsivo y egoísta… sino por lo desesperante que era para él estar en un lugar que no deseaba estar.
Tan aburrido, tan asqueado, tan fastidiado y agotado ... Solo quería descansar bien desde hace cuatro meses...
Cuatro meses...
En cuatro meses todo se fue al infierno.
En cuatro meses su vida dio un vuelco.
—Inicia la sesión…
—Su señoría, si me lo permite.. mi cliente no se encuentra mentalmente estable como para estar presente.. padece de bipolaridad, es un trastorno que lo ha perseguido desde siempre y un nivel elevado, no es válido que sea puesto ante tanta presión.
—Scourge —habló el juez—. Lo sabemos, aún así se tomó la decisión de llevarlo a juicio al ser capaz de tener coherencia al hablar y actuar, en el momento que se encuentre indispuesto se anulará y tomaremos otras alternativas.
El verdoso solo asintió, esperaba esas alternativas.
—El acusado puede pasar.
Las orejas oscuras se alzaron en inercia al escucharlo. Miró a su abogado en busca de autorización y este le asintió la cabeza.
De mala gana y arrastrando los pies caminó hasta el estrado donde se sentía más observado, como una pintura en un museo. Firme y con la mirada helada, muerta, terminó por sentarse en donde se le ordenó, aunque sus ojos miraban a la multitud realmente no pensaba en nada, nada que no fuera…
—Se le acusa del asesinato del joven Infinite the Jackal con veinticinco años y del señor Sonic Maurice the Hedgehog con treinta y tres años, ¿es esto cierto?
—..Si —contestó sin rodeos.
Scourge exhaló derrotado.
—El arma homicida fue hallada a menos de diez centímetros de usted. Un bate de béisbol, ¿Lo confirma?
—Si.
—Ahora le pido por favor responda… ¿Desde cuándo conoce a las víctimas, joven Shadow?
En un parpadeo, todo se volvió negro, un doloroso y hueco negro.
.
.
.
Unos preferían dormir, otros aprovechar su tiempo libre para llenarlo con el ocio. Dejando las responsabilidades molestas de lado y solo concentrarse en ellos mismos y sus molestos caprichos, otros fácilmente prefirieron tener una noche crazy y llenarse de pastillas de limón o bebidas energéticas. Trabajos o fiestas, cuando las pequeñas luces en el cielo brillaban alrededor de esa manta oscura, todo indicaba que era la cómoda noche envolviéndolos en un ambiente sugestivo hacia los deseos. La luna y oscuridad dio paso a nuevas experiencias nocturnas divertidas para aquellos que se adentren a lo más profundo de la ciudad, fantasías cumplidas, fetiches realizados gracias a los grandes trabajadores que se encargaban de complacer tus más oscuros deseos con sus cuerpos o su tiempo y saciarte esa absurda necesidad de un mínimo contacto con la piel, absurdo. ¿En tu patética vida no has recibido amor femenino? Tranquilo, puedes pagar por ello, ¿No tienes suerte con nadie? Está bien, paga por ello, ¿Quieres tener a las cariñosas más codiciadas para ti por toda una noche completa? No te juzgo, paga por ello y lo tendrás. Machos y hembras existen para todo lo que el cliente pida.
Aunque claro dependiendo de lo solicitado tendrá un pequeño costo extra... Pero son detalles menores, ¡Disfruta!
Todo se puede con dinero, amigo.
.
.
.
—¿Y el acompañamiento de la bebida?
Tenía tantas cosas en mente como para atender a una de las llamadas más estúpidas que le han hecho a lo largo del tiempo que ha trascendido en ese trabajo. Es estresante.
—Puede escogerlo —hablo con un intento absurdo de dulzor—. Solo recuerde, hay tiempo límite y algunos ya están apartados —se inclinó señalando con el dedo el menú que incluía fotos de los trabajadores.
Olía tan bien, dulce sabor a las cerezas perfumadas y sabroso manjar de frutos rojos embriagante. Merengue de red velvet tal vez, pero el fruto rojo de la sensualidad, la cereza era lo que más caracterizaba a su trabajador estrella.
—Escojo.. este —indicó con el dedo la foto del erizo ébano.
—Me halaga señor, pero creo que tendré que rechazarlo —negó con la cabeza—. Hoy vendrá un cliente especial y lo más probable es que me pida exclusivamente —volviendo a su posición inicial trató de explicarle.
—Vamos hermoso, permíteme tenerte unos minutos aunque sea —intentaba persuadirlo—. Casi nunca te niegas.
—En serio señor, créame que lo lamentó pero ya estoy apartado para otros tiempos, si lo desea puede escoger entre nuestros diversos empleados, le aseguro y que muchos desean atenderle —trataba de sonar dulce y sonreírle, era su trabajo después de todo.
Terminó por despedirse, despegándose de la mesa.
—Wow ¿Qué tal todo por allá? —entre risas la murciélago le miraba mientras limpiaba uno de los vasos temáticos en forma de gato.
—El idiota no me quería soltar, insistió demasiado que me quedara con él, estaba dispuesto a pagar la hora completa. —dejó caer la bandeja en la barra, posando el codo ahí, y una de sus manos en el mentón lanzando la nota donde estaba anotado el pedido.
—Vaya, no debiste negarte, te llevarías un buen dinero, eres la estrella.
—No me interesa Rouge —agotado le miró.
—Sé que es cansado todo esto pero al menos se ganan unos buenos rings, como el más cotizado deberías estar agradecido, muchas chicas aquí se están yendo porque no son muy pedidas —con sus manos aguantadas con encajes negros y rosados dejó dos bebidas en su bandeja de color rosada—. Y eres bello, saca más provecho a eso —guiño mostrando la sombra de ojos púrpura y llena de brillos lila—. Orden lista.
Quejándose tomó la bandeja tan exhausto que parecía ser de concreto.
—Ah, espera —debajo del mostrador sacó un frasco rojo en el cual untó uno de sus dedos gracias por el corte del guante—. Tus labios. Les falta brillo —pegando la almohadilla de su mano a los labios morenos, repartiendo por estos el bálsamo empalagoso que le ayudaría a verse más apetecible—, perfecto querido. Ve.
Suspiro alejándose, retomando nuevamente la ardua labor de fingir una sonrisa.
—Su orden está lista —los destellos miniatura que se reflejaban en sus labios gracias al bálsamo de cereza era encantador—. Si necesitan algo recuerden, aguiten su campana —pronunció lo último juguetón, esperaba por fin ir detrás de la cocina y fumar un buen cigarro después de atender a los vírgenes y degenerados que diariamente le tocaba soportar.
—No puede ser posible que no estés disponible.
Otra vez.
—Ya lo discutimos señor, no volveré a esta conversación, en serio lo lamento —se estaba cansando y en sus palabras se podía notar la poca tolerancia que le guardaba. Dándose la vuelta sintió un pequeño tirón—. Oiga, señor-
—No te hagas el santo, te pago por esto y todavía te dignas a negarme un poco del tiempo, gastó dinero aquí, maldición, quiero verte, vengo a verte —se levantó de su asiento y jalando con fuerza su fina muñeca.
—Se-señor, los demás clientes pueden incomodarse, por favor —deseaba con todas sus fuerzas darle un puño en el rostro y dejarlo sangrando de la nariz en el suelo, pero podría ser despedido si intenta salirse del papel que es obligado a tener en ese local—. Siéntese ¿Si?
Se sentía observado, llamaba demasiado la atención, por la habla tan desesperada que portaba el cliente, suplicaba por su atención y caricias cuando claramente le había dado indicaciones del porque no podría atenderle como tanto deseaba, un escalofrío corrió por su espalda en desagrado ante el impactante y vergonzoso escenario, pero sobre todo la reprimenda que se ganara de su jefe gracias a el escándalo del cual no es culpable.
No deseaba explotar ahí mismo pero la cólera le estaba llegando a la punta de la cabeza.
El tirón de su brazo le encendió alarmas en la cabeza hasta sentir el aliento con alcohol en su oreja.
—Solo haz tu trabajo y sírveme maldita zorra.
El globo explotó. La bandeja cayó al suelo al tomarlo con fuerza del cuello de su camisa, esto espanto al cliente por lo que era de esperarse que el idiota comenzara a temblar.
No se iba denigrar tanto, aún tenía orgullo y dignidad que proteger, son solo idiotas con poco afecto y mucho dinero, pero antes de poder defenderse una mano fue colocada sobre su brazo tenso, al voltear y mirar al dueño de esta solo pudo suavizar el agarre dejando respirar comensal.
—Infinite..—exhaló.
El nombrado tomó el brazo del erizo y lo separó.
—Buenas noches —dijo el chacal de forma educada—, Shadow ya estaba apartado para atenderme... ¿No sé lo informo?
El corazón del azabache padeció un infarto ante el miedo que evocaba esa frase.
—Así que es usted quien lo acapara —sonó nuevamente molesto.
—¿Algún problema? —agravando el tono de su voz se acercó con el filo de su mirada heterocromática, punzando los nervios del adverso a quien vio negar con la cabeza—. Bien —soltó el brazo hollín para mirar los ojos fuego del erizo.
Shadow solo se inclinó para tomar la bandeja rosa del suelo y cubrir parte de su rostro por la indescriptible vergüenza que sentía, mirando al cliente y por último al chacal. Retraído se fue sacando un gruñido fugaz de sus labios dando pasos hacia la cocina donde Rouge quien fue testigo de todo le siguió.
—¿Cómo te encuentras querido? —le miraba preocupada y algo exaltada.
—El imbécil me dijo zorra, como si yo quisiera chupársela a todos los clientes que pagan.
—Ese idiota.. —comentó irritada—. Es la quinta vez que hace este escándalo, no entiendo como no lo han vetado de aquí, maldito infeliz asqueroso.. —vio a su amigo quien solo se abrazaba a sí mismo con pesar—. Cielo... —palmeó su hombro con delicadeza.
—Creen que por dinero ya se creen dueños de todo... Que me acostaré con ellos así de fácil…
—Eso tiene un costo extra —su intento de aligerar el ambiente, solo provocó un quejido de Shadow y ver cómo el par orejas ónix se apegaban a su cráneo en desagrado—. Sé que es difícil pero al menos no le rompiste la cara como aquella vez... —raspó la garganta, quitando su mano del hombro de Shadow—. Por cierto —se acercó peligrosamente. La mirada carmín le miraba extrañado—, vi como te rescato, no deberías dejarlo solo pobrecito.
—¿Qué dices? —el corazón le comenzaba a palpitar con fuerza.
—Ah vamos Shadow, sabemos que Infinite es ese cliente que tanto paga por ti, eres su diamante en bruto en este lugar. Sobre todo es obvio que se traen algo —soltó cantarín lo último.
—..¿Es tan obvio?
—Querido, tu rostro parece una fresa —le señaló—. Además, su rostro al verte.. Caos si eso no es interés entonces no sé qué es —reposó una mano sobre su cintura.
—Es solo que.. bueno siempre trae regalos.. me da obsequios —su cuerpo presentó un cosquilleo agradable, mariposas recorrían esparciendo felicidad en su ser—, y me ayuda con pagar unas cosas... los medicamentos...
—Ese celular no creo que haya salido de la basura ¿O si? ¿Dónde? para ir —comentó socarrona.
—Basta, debo irme —antes de evidenciar más sus nervios por culpa de la sangre que se acumulaba en sus mejillas tomó camino a la puerta de la cocina para salir y seguir con su trabajo.
La murciélago iba tras de él aún molestando con el tema.
Antes de poder salir por completo, chocó contra alguien, con la molestia clavada en su mandíbula abrió los ojos en busca de atacar a quien sea que esté frente a él pero todo eso se frenó en un instante. Sintió un peso detrás suyo, era Rouge quien se abalanzó con el propósito de chocar con Shadow y seguir burlándose hasta mirar el porqué se detuvo.
—¿Sha-? Vaya, señor Infinite —dijo ella.
—¿Estás bien? —ignoró por completo a la albina—, escuché lo que dijo y-
—Estoy bien —Shadow le respondió rápido—. Ese cliente siempre ha sido muy pesado conmigo desde hace tiempo.
—¿Qué?
—Uy, creo que me necesitan en caja, regresaré a mi trabajo —sabiendo que ella sobraba en la situación empujó levemente al ébano quien quedó unos centímetros más cerca del chacal, marchándose y dejándolo solo ante sus problemas.
Shadow solo maldecía a Rouge, sus mejillas volvieron a colorearse justo cuando al fin se había calmado, intentó mantener la compostura.
Los ojos de rubíes observaban el par de brillantes piedras bicolor frente a él, aquella mirada tan preciosa que le encantó desde el primer momento, era tan única, esos colores, esas vibraciones y sobre todo cómo lograba sentir todo lo que transmitía Infinite hacia él. Trago grueso mientras el chacal parecía examinar sus ropajes y muñecas, afirmando que nada le había pasado en su ausencia.
—Pensé que no vendrías.. —soltó el erizo.
—Lo sé, te pido disculpas es.. solo que el trabajo y las juntas, es demasiado estresante —suspiro con extremo agotamiento de recordarlo.
En las mejillas de Infinite se posaron las tersas manos del erizo, sentía la suavidad con la que era abrazado del rostro por esas manos tan delicadas que le gustaban.
—Entonces vamos a relajarte —susurró con dulzura.
.
.
.
Las sábanas se volvieron algodón puro de la más suave nube que pudiera existir, al dejar caer su cuerpo por completo en ellas pudo experimentar el esponjoso hundimiento debido a lo blando que era el colchón, aunque parte de este se encontraba actualmente húmedo gracias a la acción previa y los incontables orgasmos que padeció su cuerpo ébano que ahora temblaba en cosquillas deliciosas al despedirse de la bruma erótica que le había quitado el aliento.
Su espalda chocaba contra la comodidad, dejando reposar el lado derecho de su rostro entre las sábanas, la pelusa de su pecho se movía a causa del aire que infla su pecho, trataba de regular su respiración. La calentura aún le invadía, el sudor tampoco faltaba, el pelaje oscuro se encontraba empapado, el verdadero desastre se situaba entre sus piernas, de estas escurría la evidencia de que tanto lo había disfrutado, un desastre viscoso y pegajoso, mojado, cuanta tortura pasó para por fin sentirse liberado. Removía un poco estás intentando despertarlas de los choques eléctricos que aún sufría, su entrada se encontraba palpitante y relajada al obtener lo que tanto deseaba.
Echando su cuerpo de costado, abrazando una almohada y cerrando los ojos intentando tranquilizarse y conciliar el sueño de su agitada noche, podía sentir como unos labios le mimaban, besos esparcidos cuidadosamente y de forma cariñosa sobre su brazo y hombro, hasta sentiró como su cintura era tomada entre ambas manos y le incito a darse la vuelta para encontrarse con el rostro del de mirada bicolor.
—¿Qué? —cuestionó en voz baja Shadow al notar como los ojos de él no paraban de mirarle, tenían un brillo extraño pero le gustaba.
—Nada, es solo que... te extrañe —las falanges acariciaban la tierna mejilla canela, admirando su belleza, el rostro del erizo más encantador que haya conocido—. No sabes cuánta falta me hiciste.
Su corazón no podía más, podría estallar.
—También te extrañé, demasiado como no tienes idea, esta semana sin ti y sobre todo en el trabajo.. —dijo al recordar parte de los sucesos de esa noche.
—¿No te hicieron tanto daño verdad? —peinó una de las púas rebeldes.
—No, solo eran algo intensos, lo de siempre. Te necesitaba algunas veces, quería que fueras y acapararas mi tiempo, no quería estar más con todos esos estúpidos viejos raros, fetichistas de mierda-
Un beso calló sus molestias y tranquilizó su alma.
—Ya estoy aquí, y veo que cuidaste muy bien del lugar —sonrió para voltear la cabeza en todas las direcciones posibles de aquel cuarto.
—Bueno es tu departamento, no podía dejarlo tirado ¿Verdad? Venía a dormir.
—Querrás decir nuestro ¿No? —comentó sonriendo, presumiendo de esa sonrisa sus colmillos atractivos.
Los ojos rojizos de un momento a otro mostraron un brillo único ante la felicidad de esas simples palabras pronunciadas.
—Si.. es mejor que estar en esa casa hogar —rió un poco, dejó un beso rápido en la boca del chacal—. Y gracias por dejarme vivir aquí.
—De todos modos no lo ocupo, lo compré principalmente para ti —pudo notar la felicidad de Shadow—. También-
Ahora Infinite fue callado, Shadow no resistió más, lanzándose a los labios del de cabellera albina, con desesperación y pasión depositó un beso cargado de felicidad. Sacándole una risilla al bicolor quien se terminó separando deseando apreciar el encantador rostro de su novio.
—Te amo —esas palabras, pronunció entregando su ser y corazón, el anhelo y deseo por ese chacal que le salvó de ese mundo.
Antes de poder responderle, el teléfono del bicolor sonó en un tono de llamada, un timbre muy molesto para los oído de Infinite. Gruño sacando este y contestando, acariciaba las orejas aterciopeladas del ónix quien parecía ronronear con gusto, gusto que no le duró nada cuando escuchó la voz del otro lado de la llamada. Confirmando al escuchar su nombre.
—Sally —Shadow hizo una mueca no vista por Infinite—. No, no estoy lejos... atendiendo unos asuntos.
¿Asuntos? ¿Él simplemente era un asunto?
—Si.. si… —exhaló—. Okey esta bien, iré por eso y después voy a la casa... si, adiós —finalizó. Sus ojos se posaron en Shadow quien no observaba para nada feliz la escena.
—Es Sally.. —la voz le cambió, parecía más altanera y desgarradora.
Infinite inhaló profundamente antes de decirlo.
—Si.
La punzada en su pecho fue dolorosa.
—Ve rápido, no vaya a ser que te necesite con urgencia —rompiendo el calor del momento, se separo del abrazo de Infinite—, y tú termines corriendo tras ella como siempre cada que te llama —movió las manos con ademanes, algo que surgía cuando se desesperaba—. Como un perro.
Las grandes orejas puntiagudas del chacal se removieron en dirección al azabache, y desagrado fue lo que recorrió de los tímpanos hasta su corazón.
—¿Qué dijiste? —preguntó ofendido.
—Esa llamada te afectó las orejas, no importa, ve con ella —le dio la espalda cubriéndose con las sábanas azules—. Te necesita ahora más que yo.
—Shadow no comiences con-
—¿Con qué? ¿Qué se supone que estoy comenzando? Solo digo lo que pasa, y lo que pasa es que aún están juntos.
Infinite ya se veía venir el tema, siempre era lo mismo. La misma historia de siempre.
—Escúchame, no he hablado del tema con ella por los viajes y por el trabajo, apenas pasó tiempo en casa, apenas la veo como para poder-
—Si claro, porque el hombrecito nunca tiene tiempo, nunca puede tenerlo, siempre duermes ahí, vas con ella, regresas con ella —con puños presionó las sábanas en muestra de ira.
—... Al menos ella no me reclama por cualquier cosa —sentándose tomó sus botas y comenzó a colocarlas en sus pies.
Imitando su movimiento, se sentó de golpe sobre el colchón, mirándole con ira hirviendo. Se atrevió a compararlo con esta tonta ardilla.
—¿Qué dijiste?...—no gritó, pero la garganta reprimía la bomba de lágrimas que deseaba soltar por impotencia.
—Siempre, siempre tengo tiempo para ti, trabajo y todo lo que quiero es verte, trabajo y te veo, estoy cansado y te veo, estoy estresado y vengo a verte —levantándose por completo, volteo a verlo—. No importa que… Siempre vengo a ver cómo te encuentras pero lo único que recibo son.. son regaños, me recriminas por no estar más contigo, por estar con ella cuando-
—¡Porque es verdad! Todo el tiempo vienes es cierto ¿Pero, cuando es para algo más que no sea sexo? —mostró las palmas en forma de debilidad—. Te descargas conmigo, me besas, me tocas, susurras palabras dulces que… ¡Que no sé si creer! ¿Cuándo hemos salido a comer juntos, eh?
—Te traigo lo necesario para que salgas de ese lugar, no tengas esa necesidad de trabajar, pero no sales por más que suplique.
—Es mi trabajo Infinite. Y yo no quiero tus regalos, ni tu dinero, ni tus cosas.. no necesito que me des tantos obsequios y artilugios costosos si no te tengo aquí —quitándose las sábanas de encima, sentándose al colocar las manos en medio de sus muslos los cuales resaltan por la postura que optó—. Quiero.. quiero saber que soy el único.
—Ah por favor no vengas con eso —tomando entre sus manos la camisa, colocándose la prenda de ropa la cual era una camisa de botones blanca—. Claro que lo eres-
—¡Claro que no!, ¡Soy el otro! —Se señalaba así mismo con ambas manos. Enterraba sus garras en su propio pecho por culpa del dolor que nacía en este.
—Sabías que esto iba a ser difícil, te lo dije desde el maldito comienzo —le señaló incriminando.
—¿Ahora es mi culpa? ¿Qué? ¿Tengo que aceptar las sobras y simplemente no decir nada? No esperes que siempre esté sonriendo a sabiendas de que simplemente soy un maldito amante. Quiero ser tu pareja.
—¿Sabes que? Me voy —tomó su abrigo—. Todo estaba bien hace unos segundos. Solo te pido que seas paciente y enloqueces a más no poder ¿No puedes solo ser bueno conmigo y animarme? Aún cuando mantengo este lugar —vio cómo Shadow se levantaba de la cama acercándose de una manera algo agresiva hacia él con pasos veloces.
el globo explotó.
—¡DOS AÑOS! ¡MALDICIÓN! ¡DOS! —apretaba la mandíbula—. ¡Quieres que sea paciente!, ¡me pides que actúe como si nada! ¡Yo solo quiero tenerte para mi! ¿¡Es mucho pedir!? Esa maldita perra siempre termina por tenerte para ella sola cuando hace tiempo me habías dicho que la dejarías, ¡Dijiste que la dejarías!
—Hablaremos cuando estés más calmado… —dijo separándose de él, algo asustado por los ojos rubíes que se notaban… ciegos en furia.
—¡Infinite!...¡INFINITE! —veía como el chacal de cabellos albinos se alejaba, escuchaba los pasos cada vez más a la lejanía hasta escuchar la puerta cerrarse. No tenía el coraje de seguirle, más bien, no tenía cabeza para ello, su mente solo le obligaba a congelarse y poco a poco sacar un río de lágrimas agrias por los sentimientos chocantes entre sí—, maldito —desplomándose en el suelo junto con las sábanas, cubría su rostro con ellas intentando quitarse las gotas que ahora eran unas cascadas que caían a la tela que se encontraba en los suelos.
Poniéndose de pie lo primero que hizo fue observarse en un espejo y ver su rostro. Las púas se encontrabas despeinadas, desordenadas y algunas paradas dando a entender que su apariencia fue a causa de las emociones fuertes que experimentó hace unos segundos, sus ojos estaban agotados y los párpados se veían pesados, su cara era un remolino de malestar y asquerosa ira que emergía de sus adentros, observó como en su pelaje había rastros de las lágrimas que brotaban de esos ojos carmín que tanto le alababan. Al verlos una ira indescriptible se apoderó de él, al verse débil, al ver que lloraba por él, al ver que un maldito perro le hacía sentirse tan asqueroso cuando era él mismo es el causante.
Como un impulso, cegado totalmente por la rabia con ambos brazos tomó varios de los cosméticos y los tiró al suelo, algunos perfumes caros de cristal terminaban rotos debido al empuje tan fuerte, chocaban contra la pared transformando así un envase de vidrio de alta calidad a solo unos fragmentos sin gracia. Siguiendo con algunas prendas de ropa que se encontraban colgando en unos ganchos encajados en la pared, tomando cada uno los arrojó al suelo, el canasto de ropa que se encontraba sucia no era excepción al momento de verlo solo lo agarro con ambas manos arrojándolo a cualquier rincón haciendo que varios ropajes queden por la alfombra y arriba de la cama. Lámparas, el control remoto y algunos zapatos fueron arrojados por impulso ciego hacia las paredes color salmón.
Por último rompió una parte de su espejo de un puñetazo cargado de dolor, bajo la mira al momento de seguir una fractura del cristal y encontrarse con una caja de madera en el buró, lo cual le alarmó y se acercó a esta, fue lo único que no logró romper. Al tenerlo entre sus manos lo abrió, sus ojos brillaron en paz al encontrarse con la linda piedra rubí que se encontraba rodeada de oro acompañado de una cadena del mismo material.
—Soy un imbécil.. —soltó tantas lágrimas como podía—. Es un imbécil —abrazó la cajita de material pesado y fino, apegándola a su corazón, presionando tan duro para sentir dolor y así tal vez poder olvidar un poco lo que en verdad sentía.
No era la primera ni última vez que ocurría esto.
Le dolía admitir que se sentía ignorado, sobre todo saber que seguía ahí pero estaba tan enamorado que no podía simplemente tirar dos años a la basura, dos años por los que luchó en mantener a flote por culpa de su trabajo, no quería ver como tanto esfuerzo se esfumaba solo por una maldita ardilla de ojos azules que le impedía su felicidad completa, él lo quería todo, él quería ser todo.
Detestaba ser el segundo plato, ser el postre, porque al final es lo que más te gusta pero no lo que necesitas.
Infinite gustaba de él, pero Shadow lo necesitaba.
Saber que tantas veces le prometió acabar con terminar con ella y todas eran un fraude, las lágrimas solo llenaban ese vacío existencial entre la verdad y el deseo que había en esa relación, su corazón quería creerle a Infinite en que en verdad lo amaba, siempre le decía lo que quería escuchar y le regalaba tantas cosas para reemplazar el tiempo que no estaba, pero nada de eso se comparaba con el calor tan dulce que le brindaba cuando estaban juntos, cuando solo eran ellos dos y los pétalos que florecían por ese amor tan único.
Ningún cliente la hacía sentir de esa forma y eso era lo que lo enloquecía, recordando siempre esa noche cuando se encontró de casualidad a Infinite, el chacal acompañaba a uno de sus amigos en una despedida de soltero, apenas vio a Shadow quedó prendado de por vida, su belleza y carácter eran tan únicos a sus ojos. Al inicio Shadow no caía ante sus cursilerías o invitaciones, llevando así seis meses de insistencia, fue la vez que más duró alguien en intentar conquistarlo pero simplemente se negaba por miedo, no sabía a qué... Pero los encantos del chacal fueron más fuertes por lo que terminó por aceptar una cita con él, siendo la primera de muchas, lo que más le parecía ridículo pero encantador fue que el chacal desperdiciara tanto dinero con tal de poder tener todo el tiempo de su trabajo para él, pagando una o dos horas al día por el erizo, cantidades grande de dinero para poder estar tan solo unos momentos.
Eso fue lo que le derritió ante él y así aceptar ser su pareja, aún sabiendo que Infinite estaba comprometido.
Podía decir que sentía pena o que hubo momentos donde deseaba acabar la relación pero mentiría si lo dijera, realmente no le interesaba esa ardilla, no mostraba arrepentimiento, no sentía nada hacia ella. Quería a Infinite para él solo a toda costa, aunque sabía que sería imposible si el mal nacido de Infinite no ponía de su parte.
—Maldita sea —tomó un abrigo del suelo, comenzaba a hacer frío, con el dolor de cabeza que parecía más un maldito martillo en su cerebro, decidió salir sin interesarle su estado actual.
En los ojos de aquellos que llamaba vecinos se podía notar la aversión que sentían con tan solo su presencia, no era gran sorpresa para ellos escuchar una de las tantas peleas que tenían y eso a Shadow no podría importarle menos, sabía que no pertenecía a un lugar así, un edificio con gracias, alguien tan corriente no tenía porque vivir en un sitio tan ostentoso y frívolo o al menos así era a su vista, los niños siempre le eran apartados, sus padres no lo veían con respeto y mucho menos como un erizo normal, aún no era aceptada la gente de su clase y no solo por dinero era rechazado también por la clase de trabajo que mantenía, pero que se jodan todos nadie tiene porque juzgar su estilo de vida cuando ellos también le lamen el culo a sus jefes para tener dinero, al menos él podía disfrutar un poco de su oficio y obtenía billetes extra si manejaba bien las cartas y miren, un departamento gratis.
El cual acaba de destruir.
Son daños colaterales, ahora solo quería encontrar paz en el fondo de una botella para poder deformar su realidad y conciliar el sueño. Era la única manera factible que encontró para dormir.
El miedo de conectar con sus emociones es lo que le motivos principalmente a encontrar un consuelo en las sustancias y el alcohol, se siente tan abrumado el tener que enfrentar ese dolor de la ausencia de el amor que tanto anhela tener desde que tiene uso de razón, quiere encontrar esa persona que le dé un abrazo a su corazón, uno que le haga ver que la vida no está jodida o al menos no del todo, pero cada noche recuerda que su único compañero es el licor, una botella no se irá cuando es enojado, una botella no te gritaría por estar frustrado, una botella se queda contigo hasta saciar tu mal y ayuda a olvidar tu pesar, hasta que se acabe o el dinero no pueda más, lo que suceda primero.
No sabe qué hacer, no sabe a dónde correr y a qué brazos dejarse caer cuando su vacío le persigue queriendo que caiga, que se derrumbe, lo abruma, llegando a confundir el consumo como una diversión y una excusa para liberar la tensión reflejando su incapacidad para encontrar un motivo o placer en la vida y la falta de herramientas para lidiar con sus emociones teniendo que silenciar su cerebro para no sentir dolor y tristeza.
El consumo de sustancias no está motivado por la búsqueda de placer sino justamente para evitar el dolor.
—¿Estás solo pequeño?
Volteó a verle, nada sorprende, un lobo gris con sonrisa de engreído.
—Tengo veintidós imbécil —su aliento lo demostraba, expulsaba una peste de su boca, delatando la cantidad que había consumido.
—Tranquilo niño, solo queríamos saber si estabas disponible, te pagaríamos bien.
—¿Me acabas de decir puta? —enterró las garras en la barra.
—Bueno si el saco te queda- —un golpe terminó por romperle la nariz.
—¡Repítelo! —sin meditar lanzó otro puño al costado de su rostro haciendo que el lobo terminará en el suelo—. ¿¡Qué decías!? —Estaba ciego, la ira de hace unas horas simplemente no se largaba por más que lo intentara olvidar —. ¡Habla maldito! Ahora no eres tan-
Los nudillos chocaron contra su mejilla, volteo encontrándose con otro lobo de tonalidades rubias quien fue el culpable de que su hermoso rostro ahora tuviera una horrible marca. Se levantó para contraatacar dirigiendo el golpe al estómago del nuevo contrincante si no fuera porque el lobo gris que se encontraba en el suelo le tomó del brazo.
—Tienes mano pesada para la cara de muñeco que traes —hablaba mientras se acariciaba la nariz—. Intentamos ser amables pero veo que no eres agradecido.
—Tengo mucho más para demostrar —gruño.
—Mejor muéstranos que hay debajo de ese abrigo.
Antes de acercar un centímetro más esa mano repulsiva, una patada terminó por lanzarlo lejos provocando una alteración entre los demás clientes, al ver como el lobo terminó por caer en una mesa con bebidas y que la misma cayera junto con su cuerpo, se sentía satisfecho, dirigiendo sus ojos en dirección a donde anteriormente estaba el lobo, encontrándose con dos ojos verdes ahora frente a él, tenía una cara asustada y sorprendida.
—Wow... —dijo el desconocido.
No tenía tiempo y le dio un golpe con su cabeza al otro canino para que le soltara, dándole un par de púas que se enterraron en su mentón al mismo tiempo, haciendo que sea libre por unos segundos hasta que fue tomado de la cintura por un tercer lobo, ¿Estaban en manada o algo así? Pero algo le impactó a la vista y eso fue ver cómo el desconocido de mirada verdosa ahora tiró un gran golpe haciendo que le soltara y así apreciar cómo los tres lobos sufrían de dolor.
—¡Oye! —gritó al ser tomado de la muñeca y arrastrado por el local hasta salir y chocar con el contraste de temperaturas, el frío llegó a sus ojos obligándole a cerrarlos antes de que se secaran y le dolieran—. ¡Mierda, espera! —seguirle el paso fue difícil, sus ojos lograban ver aunque sea un poco y así dar un tirón y soltarse—. ¡Carajo! ¿¡Quién eres!?
—¿Estás bien? —fue lo primero que dijo—. Esos tipos son unos cretinos, llevo años conociéndolos pero nunca pensé que harían algo como eso, perdón, debí detenerlos cuando lo dijeron.
—¿Qué?..
—Compañeros de trabajo. Mañana me llevaré una sorpresa en la oficina —rió para no tener miedo—. ¿Te encuentras bien? Esos desgraciados pueden ser muy rudos, aunque veo que no tuviste problemas, el cómo los lanzaste, Caos.
—Espera-.. —dando un paso hacia atrás perdió el equilibrio por culpa de un escalón y sus fuerzas eran pocas por el alcohol. No tocó el suelo, más bien sentía una presión en cintura y espalda, se enfocó en los ojos jade.
—Debes tener cuidado, estás muy ebrio y podrías lastimarte —sonrió colocándolo de vuelta de pie.
—No me digas que hacer —terminó por separarse—. Nunca pedí tu ayuda, ¿Qué quieres?
—Solo pensé que la necesitabas, conozco a estos chicos y no me hubiera gustado saber qué harían daño. ¿Quieres ayuda? El frío está empeorando y no te ves muy bien.
Esas palabras golpearon su interior.
—Eres un entrometido, eso es lo que eres —dio la vuelta sin darse cuenta nuevamente del escalón cayendo ahora en las escaleras del parque, el piso frío le provocó un ardor en su mejilla.
—... —intentó no reír—. Creo que necesitas que esté entrometido te ayude —bufo extendiendo la mano—Sonic.
—Shadow —dejó el gélido suelo y gracias a los faroles vio un poco más de él.
Era un erizo, tal vez un poco más alto, había olvidado sus plataformas para disimular su estatura. Púas azules que le llamaron la atención y tenía una boba sonrisa en su rostro ¿Cómo podía tenerla por tanto tiempo?
—Un gusto Shadow.
.
.
.
—Nunca dijiste que lo conociste en un bar —Scourge azotó los puños contra la mesa.
—No entiendo porque tanto drama, da igual cuando fue.
—Claro que importa, si testificas algo que va en contra, o es cambiado puede no estar a tu favor.
—El juez no dijo nada, todo esto paró porque la perra de Sally comenzó a gritar.
—Aún así... podrían decir algo por mentir en el testimonio —frustrado tocó su rostro—... Ocuparemos a nuestro favor, eso.
—¿Qué?
—Las reacciones de Sally, ella no está lista para testificar aún.
—... —sonrió, una sonrisa que pasó desapercibida por el verdoso, entendiendo su plan—. No hay problema.
Logrando por fin un momento de calma fueron llamados nuevamente. Sally estaba siendo acompañada por amigas y familiares quienes intentaban tranquilizarla al igual que veían de mala manera y con rencor al erizo azabache que se encontraba al lado de su abogado como antes de toda la odisea provocada por la ardilla.
—Bien, ahora que las cosas se calmaron pido por favor que la señorita Amy Rose pase.
Amy Rose.
Ambos erizos se sobresaltaron, no esperaban para nada que la rosada se apareciera por ahí, Shadow solo podía quedarse estático, no se encontraba preparado para eso. No después de la última vez que se vieron.
Al ver el color rosado frente a él solo podía sentir asco y enojo, escuchar los tacones provenientes de la erizo le revolvía el estómago, y ahí está, Amy Rose.
—Señorita Rose, de comienzo.
—...Soy Amy Rose, esposa de Sonic.. actualmente viuda —contenía las lágrimas—. No tengo nada preparado para decir solo.. —miró a Shadow—. Me quitaste a mi marido, me quitaste el decirle te amo una última vez y me quitaste al futuro padre de mi hijo... —resistía no romperse—. Le quitaste el hijo a mi suegra... Nunca más podré bailar, reír, bromear con el. Mi hijo no tendrá un padre al cual acudir cuando se raspe la rodilla, no tendrá quien sujete su bicicleta, no tendrá quien le cargue cuando aprenda a caminar... Y por eso nunca podré perdonarte. Espero puedas.. puedas vivir con esto... —no podía—. Shadow, estoy enojada.. ¡Te odio! —las lágrimas caían manchando su rostro de rímel negro —. Ten el valor y ¡Mírame! No puedo creer que alguien como tú manipule a mi esposo.. alguien de… ¡De tu clase! Cuando yo siempre le di todo... Yo era su todo...
Shadow solo tenía la vista en la mesa, no veía como la chica poco a poco se desmoronaba frente a tanta gente, sentía lástima por eso y tanta pena ajena.
—Es curioso —hablo aun sin mirarle—. Sonic decía que yo era mejor en la cama —salpicó con veneno, mostrando una sonrisa torcida.
—¡Yo te mato!
Intentando acercarse, maldeciéndolo e insultándolo. Siendo detenida por los guardias de seguridad quienes la tomaron de los brazos intentando a que se calmara pero era en vano cuando lo único que hacía la erizo era gritar y llorar, tomándola con fuerza la guiaron a una puerta donde solo se escuchaba el eco de su llanto.
—Eso fue inapropiado —habló Scourge en susurros.
—Su matrimonio era inapropiado, y nadie decía nada, yo solo ayudé a que se terminara.
—Tú-
—Señor Scourge si no puede controlar a su cliente le pido que se retire —dijo el juez.
—Lo lamento su señoría, una disculpa, es solo que mi cliente se encuentra molesto y tiende a sobre reaccionar a diversas circunstancias..
—Solo espero que no se repita.
Las orejas del ébano se removían, una felicidad crecía dentro de él.
Una manía.
.
.
.
—Vaya —fue lo único que logró decir al ver el edificio que Shadow le indicó al darle la dirección. Era hermoso y se veía demasiado caro—. ¿En qué piso vives?
—..Mm..En... —Estaba por quedarse dormido—. En el número...
—Entremos y veamos en el ascensor —indicó para después caminar hacia la puerta giratoria.
Entrando pudo apreciar mejor los delicados toques y detallada decoración, se veía moderno pero insistía con lo caro. ¿En qué trabajará? Era la pregunta que rondaba por su cabeza, cómo era posible que un erizo tan joven pudiera mantenerse así, al menos que sea hijo de papi y eso explicara todo.
deduciendo su temperamento y actitud daba por sentado que era un mocoso malcriado, o un joven brillante desolado.
En el ascensor fue un reto para Shadow el presionar un simple botón, desviando el dedo o presionando el incorrecto no fue hasta que Sonic tuvo que presionar el número diecinueve, Shadow presionó el veinte y dieciocho por accidente dos veces consecutivas. Al salir a Sonic no le fue difícil sentir las miradas de algunas personas que caminaban en dirección a sus habitaciones o al ascensor, le daba vergüenza ser el centro de atención pero pareciese que en realidad a quien veían era al erizo que cargaba. Como saco de papas en su hombro derecho, Shadow estuvo a nada de dormirse tres veces debido a la sangre que llegaba a su cerebro.
—Okey es aquí ¿Tienes la llave?
—Llave... llave.. ¿Qué llave?.. Ah —de su abrigo saco una llave de color dorado la cual se resbaló de sus dedos cayendo al suelo alfombrado del pasillo—. Ahí está —la señalo.
Sonic suspiro. Dio la vuelta hincándose para tomarla hasta que sus orejas se movieron al escuchar como la puerta se abría detrás suyo.
—¿No cerraste? —dijo al notar como Shadow abrió la puerta.
—Al parecer no —Shadow bostezo—. Llévame adentro.
Se sentía burro de carga, pero se sentía aún más idiota al obedecerle.
—¿Pero qué?... —su pie tocó un jarrón en el suelo, levantando la cabeza se encontró con un desastre—. ¡Caos! Entraron a robar, deberíamos llamar a la poli-
—Cállate fui yo —habló molesto por todo el parloteo ruidoso de Sonic.
—¿Qué?
—Solo déjame en la cama y puedes irte, toma el dinero de mi cartera no me interesa cuánto sea. —Estaba mal, y quería olvidarse de todo ya.
Sonic al inicio se sentía preocupado pero decidió comerse sus preguntas y acomodar al erizo ébano, soltando su cuerpo delicadamente sobre la cama, posicionándo a Shadow de una manera cómoda para que así pueda conciliar el sueño.
Adoptando una postura recta miro los alrededores, ropa, objetos, perfumes y frascos rotos por el suelo y paredes húmedas por las fragancias, la habitación olía a más de tres perfumes distintos y eso le hostigaba la nariz.
Podía irse libremente y si quisiera también robar todo el dinero de la cartera del menor, porque incluso tenía el consentimiento de hacerlo así que no tendría tanta culpa ni remordimiento, su ser se lo negaba, se repetía tantas veces desde que lo vio que le ayudara pero nunca pensó que sería un espectáculo así, aunque debía admitir que le pareció cautivante la personalidad ruda y atacante ante todo. Exhalo agotado, en verdad... ¿Iba a hacerlo?, Si.
.
.
.
El sonido le hizo removerse sobre las sábanas, la cabeza le pesaba y abrir los ojos fue una tarea difícil, la luz de la luna era tenue y lo suficientemente luminosa para sus ojos, grande fue su sorpresa al encontrarse con varias cosas ordenadas y el suelo limpio, la ropa en el canasto y sobre todo ver a el erizo azul barriendo el suelo.
—¿Que se supone que haces? —su voz estaba rasposa.
—Oh, solo limpio, estaba hecho un desastre total, no sé por qué lo hiciste pero créeme estaba peor de lo que crees —dejó la basura en un bote cercano, palmo su abrigo y le miró—. Solo ayudaba.
—Te dije que no quería tu... ugh..—sostuvo su estómago y cabeza por unos segundos por la ola de malestar a la que se enfrentaba.
—Si, lo mejor sería que no te enojaras por ahora.
—¿Cuánto tiempo llevas en mi casa?
—Un rato, tranquilo no me llevo nada, puedes verificarlo por ti mismo cuando te encuentres en tus cinco sentidos —sonrió por última vez. Camino hasta la puerta—. Descansa Shadow y ya no bebas tanto —pronunciando lo último entre risas, salió cerrando la puerta ante la expectante mirada escarlata—. Adiós —fue lo último que se escuchó de él.
—Idiota.
Esperaba poder dormir mejor sin un desconocido rondando por su habitación... recordó que debe asegurar la puerta.
.
.
.
Dos semanas habían pasado, dos semanas fueron las que no vio a Infinite por ningún lado o más bien él mismo no quería verlo, todas las llamadas y mensajes las rechazaba y es que no deseaba ver al chacal por un buen tiempo, ni en pintura como diría su amiga. Tenía sus razones y una de ellas la dejó muy claro en su último mensaje antes de ignorar al canino y esa era cortar toda relación con Sally, no estaba dispuesto a ser el plato de segunda mesa y es que realmente le fastidiaba saber que sus besos eran borrados por los labios de la fémina una vez Infinite se largaba de su hogar.
Sentía que esos dos años eran un chiste para él, una burla, un desperdicio pero para Shadow era dedicación y compromiso, aun con sus problemas decidió abrirse a esa posibilidad donde aún al verse vulnerable ante el otro significaba aceptar sus sentimientos y emociones que poco a poco podría explorar. Relaciones pasadas no ayudaban, siempre terminaba mal.
—¿Entonces no has hablado con él aún? —preguntó Rouge.
—Correcto —respondió firme.
—Caos... No... bueno esto es impactante, no pensé que esto pasaría entre ustedes, eso explica porque no ha venido al local —colocaba varias copas en su lugar, estaban por abrir y era viernes en la noche, será pesado.
—Y que se mantenga de esa forma, no se de que sería capaz si lo viera —guardo varias especias y dulces en un cajón especial para la decoración de bebidas, de la mano cayeron varios dulces de chocolate—. Estoy cansado, Rouge...
—Corazón... —acercándose lo abrazo, brindándole algo de protección—. Todo estará mejor, verás que tu problema acabará tarde o temprano... Si ese imbécil no puede ver todo el amor que le quieres dar y le estas entregando es su problema, mereces alguien que lo valore.
No sacaba todo de su interior y eso la albina lo sabía, al menos esperaba poder sacarle un poco de ese odio con unas cuantas lágrimas amargas que escurrían en su rostro, no le importaba con tal de saber que esto podría darle algo de paz en la noche... Como se dijo, hoy era viernes.
—Como sea, no dejaré que esto me arruine el trabajo —separándose miro los ojos celestes de su amiga.
—¿Seguro? Si quieres puedo tomar tu turno.
—¿Estas loca? —le miro con burla—. Hoy es viernes, si te dejara sería muy mal amigo, además daran muy buena propina —sonrió para darse la vuelta y caminar hacia los vestidores, entrando cerró el telas que funcionaba como puerta.
—Idiota —rio—. Por cierto, hoy tendremos una despedida de soltero.
—Eso explica mi traje de hoy —recalcó irritado.
—Quien te manda a ser el más pedido —bromeó cerca de los probadores, abriendo en donde se encontraba su amigo malhumorado—. El látex te queda increíble.
—Solo si no hay treinta depravados intentando quitármelo... —estiró la parte del busto haciéndola sonar al momento de soltarla y que esta chocara con su piel. —. Al menos entrara el dinero.
—Conejito bum bum. —soltó carcajadas al ver la expresión del erizo que se reflejaba en el espejo.
Sería una noche pesada.
.
.
.
—¡BRINDEMOS! —el grito se escuchó por todo el lugar.
—Knuckles relájate.
—Sonic.. Sonic, Sonic, dulce y tierno Sonic —dramatizó—. Estamos en el paraíso no me pidas algo tan estupido.
—Solo tú dices esas cosas —rodó los ojos con indiferencia hacia el comportamiento de su amigo rojizo, dirigiéndose al zorro de mirada azul—. Felicidades Tails, al fin se hizo el milagro.
—Si, pensé que te quedarías solo con tu laboratorio para el resto de tu vida.
—Esta vez concuerdo con Knucks —burdo, bebió de su vaso con decoración veraniega y pequeños pulpos de plástico con luces nadando en su interior.
—Bueno Cream es una excelente pediatra, es muy inteligente y dedicada.
—No creo que alguien como ella sea doctora.
—... —ignoro el comentario del equidna—. Aunque es algo que me gusta, tiene una chispa tan única y alegre... Estoy convencido de que es la indicada —los ojos del vulpino reflejaban orbes brillantes de ilusión por ver a su prometida en ese lindo vestido blanco.
—En serio te tiene enamorado ¿No? —Sonic golpeó de manera sutil su brazo, escuchando risas de su amigo.
—¿Y cómo van las cosas con Amy? —preguntó Tails bebiendo de su copa.
—Ah... ahí vamos —sonrió.
—Problemas en el paraíso —Knuckles le miró levemente preocupado.
—Solo unos detalles... Quiere hijos pero aun no se si me sienta listo para eso, es una gran responsabilidad y no es que no quiera, me encantaría ser padre pero me da miedo que ahora mismo no pueda ser lo suficientemente bueno...
—Sonic, eres el tipo más calificado para eso, y te lo digo yo que conozco a varios que ya incluso son padres —habló el rojizo palmeando el hombro de su camarada—. Si tu deseo es tener uno ya, hombre no veas lo malo y enfócate en lo feliz que serías con el chico en brazos.
Sonic escuchó eso y solo podía sentir enorme alegría ante las palabras de su amigo. Pocas veces Knuckles solía expresarse tan bien, lo admiraba cuando le hablaba así.
—Lo intentaré —sonrió y después agitó un poco su cabeza—. Estamos celebrando la última noche libre de Tails, divirtámonos.
—¡Así se habla! —le siguió Knuckles.
El zorro solo soltó una risa divertida ante el comportamiento de ambos chicos.
Por un lado había risas, y por el otro...
—CORRE —exclamó la murciélago al entregarle una bandeja llena de cervezas al erizo quien hacía lo posible por mantener el equilibrio con los tacones que estaba obligado a ocupar.
No pudo quejarse ni rechistar, tenía que dejar los pedidos y regresar.
Viernes de promociones en bebidas y compañía, una noche donde todo puede pasar, donde mucha gente va a despejarse y a saciar su hambre inmoral de la semana, no le interesaba solo quería el dinero malgastado de esos idiotas y largarse para dormir todo el día por el desvelo de las demás noches y es que los sábados eran su único día libre y lo disfrutaría al máximo.
Tal vez yendo de compras con Rouge.
—Pedido en la mesa seis, son los de la despedida así que actúa lindo, las demás se están preparando para salir, este chico sí que se la quiere pasar en grande.
—Solo espero haya pagado bien por todo.
—Tú y el dinero —soltó entre risas lo que dijo.
Aunque para Shadow no era broma, dinero es dinero y él ama el dinero.
Acomodándose el traje ajustado a cuerpo, mirándose unos segundos al espejo que se encontraba en la barra instalado para los trabajadores, arreglo sus pestañas y labios al humectarlos y entintarlos levemente de un color vino para hacerlos ver más tentador a la vista, acomodo la diademas de orejas de conejo que traía, estilizándolas haciéndolas verse adorables, y estirar ciertas partes de su traje que al ser de látex se pegaba demasiado a su piel y pelaje, encajandole y moldeando su figura, principalmente en la retaguardia donde se vio obligado a estirarla corriendo el riesgo de un ardor al momento de dejar que chocara contra su piel, por último la colita de algodón que traía la esponjo de más. Estaba listo, que lluevan los billetes.
.
.
.
—Por cierto mi querido amigo —puso el brazo sobre los hombros del vulpino—. Contrate un pequeño servicio especial que tiene este lugar para las despedidas, un show completo, bebidas cuando quieras, servicio exclusivo, pedí que vistieran de conejas —le guiño—, todo por ti campeón —escucho a Tails reír nervioso—. También hice que su trabajador estrella nos atendiera, es algo costoso pero vale la pena, se lo que les digo.
—¿En serio Knucks? Sabes que nada de esto era necesario —dijo el erizo azul.
—Tonterías, es su última noche, todo está permitido. En serio, ese trabajador estrella es un bombón —de una se acabo su trago al empinarlo.
Antes de que Sonic dijera algo escucho detrás de él
—¿Desean algo más?
Reconocía esa voz.
—¿Ah? —volteo sus ojos jades hacia la voz.
—Ah...
Se quedaron viendo por un par de segundos, permanecían inmóviles.
Carajo.
