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— ¿Qué será de él a partir de ahora?
Shiu analizó la expresión de su compañero, quien gesticulaba una mueca como ninguna que haya mostrado antes frente a él; el tiempo de convivencia entre ambos bastaba para que el coreano tuviese la certeza de cuando los gestos en el rostro del japonés no tenían concordancia con las palabras que salían de entre sus labios. Incluso si Toji se jactaba de ser un excelente actor, Kong podía desenmascarar a este con facilidad, pues estaba seguro de conocerlo mejor que nadie. Pero, ante las circunstancias actuales, el pelinegro cuya cicatriz atravesaba su labio superior, ni siquiera se esforzaba por disimular el revuelo de sentimientos y emociones que lo abrumaba, volviéndolo incapaz de pensar qué hacer a continuación.
Hace rato una densa aura seguía formándose alrededor suyo, como un escudo tras el que se ocultaba a él y su indefensa cría; sus feromonas eran una clara advertencia que mantenían al margen incluso al de nacionalidad coreana, a pesar de que este no representaba ningún peligro.
— No puedo mantenerlo conmigo, este no es lugar para un niño, mucho menos para uno tan raro como él
Kong pegó una larga calada a su cigarrillo y expulsó el humo por las narinas. Ni siquiera el penetrante olor del tabaco ocultaba el peligroso hedor de las feromonas que aún se mantenía revoloteando en el aire. Si su segundo género no fuese el de un beta, tendría que haberse inyectado un fuerte supresor* para no ser forzado a adelantar su ciclo de calor, o en el peor de los casos, estaría completamente incapacitado, tendido en el suelo. Aunque, a pesar de no tener la capacidad de percibir las feromonas del par, incluso luego de años trabajando entre alfas y omegas, jamás se sintió extrañamente intimidado como ahora.
— ¿Un orfanato, entonces? Dudo que cualquier persona esté preparada para lidiar con "eso"
— No —Toji, que hasta el momento se había mantenido con la mirada fija en un punto muerto de la habitación maltrecha, miró a su hijo, hecho un ovillo en su regazo. El niño temblaba. Continuaba febril, su piel ardía y se estremecía al mínimo contacto, rehuyendo del tacto de su fría palma, y su olor, aunque debilitado por el inhibidor* que le obligó a tragar antes, seguía presente.
Tenía solo seis años, era una edad muy temprana para un despertar*. Toji estaba seguro de no haber sido descuidado como para ignorar las primeras señales de un calor próximo a presentarse. Pese a lo ocupado que podría encontrarse debido a su trabajo, mantenía una importante fracción de su atención puesta en el menor; era imposible que no hubiese notado el alcance de la maduración del segundo género de su hijo.
Apretó los dientes, haciéndolos rechinar. La frustración que sentía era tanta ante lo incoherente que era aquel evento.
Al cumplir los diez años, el nivel hormonal en los adolescentes se estabiliza, de acuerdo con el segundo género que posean, y entonces los órganos endócrinos y reproductores al interior de la persona maduran; los omegas además presentan un cambio evidente en la nuca. El crecimiento de la llamada glándula de olor es más notorio, y los tejidos que circundan esta se reblandecen, provocando así que tal sitio esté preparado para recibir la mordida de un alfa, y se genere un enlace. Todo ese proceso concluye a partir de los doce años, incluso años más tarde. El primer celo no suele ocurrir antes de esa edad, y el promedio son los quince años entre los nipones.
Le retiró el cabello que se le adhería a la frente por el sudor. Megumi mantiene sus ojos fuertemente cerrados y el ceño fruncido; por inercia, las yemas de sus dedos rozan su nuca, y aunque el niño lo apartó enseguida, defendiéndose por instinto, Toji está seguro que la almohadilla, como coloquialmente llaman al bulto apenas sobresaliente que se ubica en la nuca, no es palpable. Él oculta la suya bajo un collar anti-mordeduras.
Desde que su hijo nació, maldijo su terrible suerte al obtener como segundo género el de omega.
No deseaba para su hijo una vida similar a la suya. Tan miserable.
— Mentí —chasqueó la lengua, tiró de una manta tirada en el suelo para cubrir al niño que dormitaba entre sus piernas.—. Cuando dije que no tenía familia, te mentí
Shiu gruñó, desaprobando su repentina confesión. Aunque ya lo sospechaba. Si no fuera por lo eficaz que era en aquel trabajo, lo habría echado mucho antes.
Toji era un tipo problemático. Era un omega, aunque diferente a los que Kong conocía. Tenía algo especial, y estaba convencido de que su hijo, Megumi, había heredado aquella bendición o maldición.
— ¿Volverás con ellos? —inevitablemente, sonó preocupado de que se fuese. Lo necesitaba. Ahora estaban en su mejor racha.
— No, yo no, solo él
Kong apagó el cigarro, aplastándolo contra el cenicero. Le daba tranquilidad que el robusto hombre no le dejase botado, pero no pudo no notar ese tono de angustia en su voz. No fue una decisión fácil la que tomó. Aunque no pensaba detenerlo, de hecho, sólo podía estar de acuerdo con él que debían sacar cuanto antes al niño de ahí.
Miró a su alrededor. Los muebles estaban dañados, algunos definitivamente no tendrían arreglo. Había rastros de sangre en la pared y el piso. Esta aún continuaba fresca, incluso la que escurría de los nudillos de Toji, aunque podía ser propia.
Los cuerpos moribundos de dos hombres yacían atados en un rincón. No estaba seguro de si continuaban con vida, pero por si acaso Toji no había conseguido asesinarlos a golpes, Kong los ató y amordazó. Después se encargará de ellos.
Si hubieran llegado unos minutos más tarde, tal vez el daño hubiese sido irreparable.
Shiu miró de reojo el bulto en el regazo de Toji, ese que a pesar de la manta que lo cubría, temblaba como si estuviera bajo una tormenta invernal.
Cuando llegaron, el menor estaba magullado. Su piel blanca, la cual constantemente comparaba con la nieve, tenía hematomas. Evidentemente puso resistencia y fue agredido en respuesta.
Kong no era especialmente un hombre al que le agradaran los niños, y probablemente por su aspecto intimidante tampoco era del agrado de ellos, sin embargo, había estado presente durante los primeros años de vida de Megumi, así que evidentemente había desarrollado algo de estima por el menor, como si de un sobrino se tratase. Verlo en tal situación le hizo sentirse culpable. Lo que le ocurrió no fue más que un contraataque. Toji y Shiu se habían metido con la gente equivocada.
Aunque el trabajo que llevaban a cabo no era decente, por lo tanto carecía de un solo gramo de legalidad, era la única forma en que podía ayudar económicamente a Toji, quien un día apareció en su puerta con un bebé en brazos. Haber aceptado que este trabajara con él terminó arrastrando a su primogénito a sufrir las consecuencias de lo más indeseables para cualquier niño.
— Sea lo que sea que tengas que hacer, te apoyaré —le dio una palmada en la espalda a su fornido compañero y se puso de pie cuando se percató que uno de los hombres comenzaba a recobrar la consciencia. Por lo visto, tuvieron la mala suerte de no acabar muertos a pesar de recibir una paliza mortal por el padre del niño al que hirieron. Kong no era piadoso. Y, dado que la atención de su compañero estaba centrada en controlar los síntomas de un repentino celo de su hijo, sería Shiu quien haría el resto del trabajo sucio, de una forma muchísimo más dolorosa que los haría rogar por terminar pronto con su sufrimiento.—. Yo me hago cargo de la basura, tú vigila al mocoso
Arrastró fuera los cuerpos de dos alfas, hasta el auto que estacionaron torpemente en un desesperado intento por llegar cuanto antes. Al salir, cerrando la puerta detrás de sí, dejó solos a padre e hijo en ese departamento diminuto. No era el mejor lugar para criar a un niño, pero por años los protegió del frío de las calles.
— Lo siento —suspiró, estrechando el cuerpo del menor entre sus brazos. Con temor a romperlo, aflojó su agarre. El niño sollozó adolorido, pero al cabo de un rato se mostró reconfortado por el olor tan familiar de las feromonas del omega mayor, y tras muchos intentos fallidos de conciliar el sueño, finalmente lo logró.
Esa sería la última vez que vería a su padre. La misma fecha en que tuvo su abrupto despertar como sigma*.
