Chapter Text
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Cuando se filtra el audio, nadie se sorprende.
"Colapinto no es un piloto completo. Es como esos fuegos artificiales baratos: brillan un segundo y después desaparecen".
La voz de Paul Aron, firme, casi con desdén.
Y aunque Franco no dijo nada en público, en privado se le notó el veneno.
—Mirá vos, el sueco cool que ni siquiera es sueco hablando de mí como si tuviera campeonatos.
Pau era estonio. Lo sabía. Por eso lo decía.
La tensión entre ambos no era nueva. Había nacido en la F3, crecido en F2 y ahora, como pilotos reserva de Alpine, era prácticamente radioactiva. Chocaban en todo: métodos, actitudes, hasta cómo se paraban en las fotos del equipo. Franco sonreía de lado. Pau ni eso.
Y ahora, Alpine los obligaba a compartir jornada de simulador. Para “armonizar relaciones”. Para “construir dinámicamente de equipo”.
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Enstone – Sala de Simulador – 14:17 hs
Franco llegó primero. Campera media abierta, pelo despeinado a propósito, remera con el logo de Prema como para incomodar.
Paul entró sin saludar.
Lo ignoró olímpicamente.
—Podrías fingir que somos colegas —dijo Franco, sin mirarlo.
—Podrías fingir que sos bueno —respondió Paul, con una sonrisa ácida.
Franco chasqueó la lengua.
—Sos muy valiente para alguien que nunca ganó una carrera que importa.
Se cruzaron miradas. Arden.
Ambos pasaron a turnos en el simulador. Cada vez que uno bajaba, el otro tiraba un comentario.
—Eso fue tu hotlap? Pensé que estabas calentando los neumáticos.
—Así frenás siempre? ¿O solo cuando te ve una cámara?
El ingeniero los dejó solos 10 minutos. Y fue un error.
Porque Franco, ácido como el café de paddock, lo encaró de frente.
—Me vas a decir en la cara lo que dijiste en ese audio? ¿O vas a seguir jugando a ser Max Verstappen en rubio y low-cost?
Paul lo miró. Calmado. Como si supiera que tenía el control.
—Sos tan predecible. Hasta tu indignación suena guionada.
Franco se rió, sin humor.
—Y vos tan perfecto, tan serio… ¿te excita ser un maniquí?
—No —respondió Pau, un paso más cerca—. Me excita que me odies tanto y aún así no puedas dejar de mirarme la boca cuando hablo.
Silencio. Fuego.
Franco no se movió. Pero su cuerpo sí. Una inclinación mínima hacia adelante. Una tensión en la mandíbula. El tipo de reacción que Paul sabía interpretar perfectamente.
—Vas a golpearme o vas a hacer lo que realmente quieres hacer?
Franco empujó. No con fuerza, pero sí con intención. Lo empujó contra la consola.
Y Paul se rió.
—Eso. Mucho mejor.
Y ahí cambió todo.
Las manos de Paul fueron rápidas, dominantes. Sujetó a Franco por las muñecas, lo giró contra la pared, apretándolo con la cadera.
Franco gruñó entre dientes, resistiendo… un poco.
—Te creés irresistible, ¿no?
—No lo creo, si vos mismo te estás entregando —murmuró Paul al oído—. ¿Querés seguir siendo el chistoso o vas a dejarme mostrarte lo que pasa cuando alguien sí sabe lo que hace?
Franco cerró los ojos. Su cuerpo estaba tenso… pero cediendo.
El contacto, el tono autoritario, el calor… lo estaban quebrando.
—Hacelo —susurró—. Pero no te creas especial. A veces los errores también se disfrutan.
Paul irritante. Le encantaba esa lengua afilada. Lo hacía más divertido domarlo.
Las manos subieron por debajo de la camiseta.
El roce era calculado, provocador. Franco jadeó, mordiendo su propio labio.
—Me tenía ganas desde antes que existiera Alpine —escupió Paul, presionando su cuerpo contra el suyo.
—Y vos querés ganarme, aunque sea por abajo.
Las respiraciones se aceleraban.
Los cuerpos se conocieron a la fuerza. El deseo disfrazado de odio salía a flote.
Franco se arqueó. Paul lo sujetó más fuerte.
Y justo ahí…
—Chicos, ¿todo bien? El módulo 3 está esperando…
Corte seco.
Franco se separó bruscamente, respirando hondo.
Paul se alejó lento, con su sonrisa torcida.
—Nos vemos en el hotel —dijo. No fue una pregunta.
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Hotel de Alpine – 22:49 h
Franco tocó la puerta con rabia.
Ni siquiera se preguntó por qué lo hacía. Ya estaba ahí. La furia le hervía por dentro. Pero también otra cosa. Algo peor. Algo que no podía admitir.
Paul abrió. Piel húmeda, toalla al cuello.
—Te tardaste.
Franco no respondió. Entró sin pedir permiso. Se tiró en la cama.
— ¿Qué vas a hacer? ¿Regañarme? ¿Atarme?
Paul Cerró la puerta con seguro.
-No. Solo voy a callarte. Por fin.
