Chapter Text
las luces azules del cuarto de manuel configuraban un ambiente que solo él y lautaro podían comprender. cuando cortaban la transmisión, el chico de los tatuajes se dedicaba sutilmente a observar las facciones del chico rubio y de piel tersa que solía descansar a su lado, por al menos un rato, todas las noches.
moski escapaba de las miradas de mernuel. cada vez que sentía esos ojos verdes reposar sobre su rostro a una distancia breve, respondía con un alejamiento letal. un alejamiento que hacía que mernuel sienta un nudo en el pecho. esa sensación clara, dolorosa y, sobre todo, hiriente para su ego: el rechazo.
pero hoy las cosas serían distintas.
—mira lo rockstar que parezco, increíble— dice moski. tiene un vaper en la mano. una imagen satisfactoria para la gente que está mirando el stream y de pronto ve una nube de humo invadir la habitación en vivo y en directo.
—amigo, pareces un virgen.— responde mernuel, concentrado en el chat.
la gente comenta cosas constantemente. un par de horas atrás, invadieron el chat de links de tiktok con videos de chicas, en general rubias, para que moski reaccione a ellas. mernuel no sabía cómo sentirse al respecto, pero tenía certezas de algo: quería que eso se termine. no estaba seguro de si se trataba de la responsabilidad ética de no exponer chicas en un stream donde había más de mil personas reunidas, o si le molestaba que su chat se torne en cientos de personas rogando por ver mujeres en su transmisión.
o peor. quizá, capaz, podría ser...
no quería que moski halague a personas que no sean él.
algo lo trae de regreso a la realidad después de perderse en las palabras de la gente.
moski suelta un soplido de vapor en su cara, ahogándolo.
—sos un hijo de puta— mernuel suena enojado, aunque su tono de voz evidencia que le divierte la situación. —basta con ese humo moski, porque te voy a poner.
—si no vapeas, ¿para qué vivis?— dice moski, mientras sonríe como un falso campeón mirando a la cámara entre el vapor que acaba de largar en la cara de mernuel.
la madrugada se profundiza cada vez más entre las interacciones de la gente con lautaro y manuel, y las 3 a.m figuran en la pantalla, por lo que deciden cortar la transmisión.
—gente, nos vemos mañana. ahora nos vamos a dormir haciendo cucharita con moski. —mernuel sabe que eso hace que lautaro se moleste.
—callate, trolo de mierda. tipo grande ya...
—si te encanta, gordito— le contesta manuel, mientras se da vuelta y lo mira directamente a los ojos.
aunque, en el fondo, manuel sentía que no existía ni la remota posibilidad de que a lautaro realmente le encante el concepto de ellos dos en la intimidad. eso causaba un revoltijo en su estómago, pero sabía cómo tragarse sus emociones con discreción. por eso lo de ellos era un juego: manuel cruzaba los límites de lautaro, se volvía pícaro a su lado, y tras el rechazo del rubio, sabía retroceder. y lo hacía porque sabía que, si cruzaba más allá de lo que moski le permitía, no iba a poder volver atrás.
todo de lautaro le resultaba raramente embriagador, apabullante, extravagante. pero a la vez, íntimo y relajado, como un espacio tranquilo.
cuando definitivamente cortan el stream, caen en la posición en la que siempre terminan antes de empezar a levantar las cosas e irse a acostar: lautaro se queda sentado en su silla, mirando su teléfono, y manuel se sienta en su cama, mirándolo a él. había descubierto que las luces azules que colgaban de su pared iluminaban perfectamente cada parte de lautaro, como si esa tira de luces led, que parecía insignificante, hubiera tomado sentido con la llegada de moski a su casa.
pasan los minutos y el aire comienza a tornarse tenso.
—¿pensas que no me doy cuenta?— la pregunta de moski, tan directa y, al parecer, fría, deja sorprendido a mernuel.
traga saliva fuertemente antes de responder: —¿de qué, gordo?
sus nervios eran evidentes, y lautaro empezaba a disfrutar de verlo a manuel en esa posición. dios, por fin los roles se invertían. y esto era mucho mejor: en su intimidad, fuera del stream, lautaro estaba desafiando a manuel.
solo falta que manuel se dé cuenta. como siempre.
—nada, dejá— responde moski, girando la silla gamer donde estaba sentado. se volvió a sumergir en su celular, y manuel se quedó con la duda en las manos.
—no dejo nada, bebote— manuel le dice mientras intenta abandonar la posición de nervios en la que quedó unos segundos atrás. por más que no se percate por completo de las intenciones de lautaro, hay algo en lo que manuel es un experto: el coqueteo.
la mano de mernuel toma el respaldo de la silla de moski y la gira de golpe, quedando cara a cara con él.
—un bebé y un cagón, eso sos. —le dice, mirándolo a los ojos marrones y profundos. moski sonríe plenamente.
—cómo te gusta decirme bebé, eh. no podes sacarlo de tu boca— moski responde, acercándose levemente más adelante. —lo de cagón te recomiendo que te lo guardes.
ahora si: hay una tensión que ambos son capaces de percibir. ya no escapa de las intenciones tímidas -o no tanto- de moski, ni de la poca lucidez de mernuel para darse cuenta de que su amigo lo histeriquea.
—¿ah, si?—manuel redobla la apuesta, con una mirada tan profunda que probablemente podría quemar cualquier cosa que se interponga entre él y lautaro. —¿qué me vas a hacer, bebé?
eso fue suficiente para que, seguido de un gruñido un poco -muy- tierno, moski se tirara encima de mernuel, arrojándolo contra la cama y encerrándolo entre sus brazos, para aprovechar y dejar una mordida marcada en su hombro, a través de la fina tela de algodón de su remera.
mernuel tomó a moski de las caderas y lo dio vuelta, invirtiendo la posición. ambos reían fuertemente mirándose a los ojos, y en esa misma posición, la cadena que colgaba del cuello del pelinegro caía casi rozando el cuello de lautaro.
otra vez se estaban mirando a los ojos, pero estaban intercambiando algo más que una mirada. era el movimiento dulce de las pestañas de lautaro y la respiración agitada de mernuel, los labios hinchados del rubio y los tatuajes del chico de la cadena de plata. era todo. todo hacía que el cuarto de mernuel, donde horas atrás miles de personas estaban viéndolos en vivo mientras reaccionaban a mujeres, se volviera algo similar a un sauna. el calor subía en los cuerpos de los dos, hasta que moski habló.
—eh amigo, me cago de hambre. —mernuel lo mira entre confundido y encantado. —posta gordo, ¿no me traes algo?
mientras mernuel se baja de encima de moski, totalmente derrotado por la situación, siente la mirada del rubio clavada en su cuerpo.
—tengo para hacer una pizza—le dice, mientras empieza a salir de la habitación. no puede evitar envolver su nuca con una mano, rascándose el pelo y el cuello.
—lo que venga merno, no le hago asco a nada.
mientras manuel camina hacia la cocina, siente el contraste frío de los pasillos de su casa en comparación al calor que se había concentrado en su cuarto, en su cama, junto a lautaro.
también aprovecha para acomodar su ropa. la mordida que moski había dejado en su hombro se veía marcada a través de su remera, y no puede evitar sentir un calor en su estómago al pensar en la presión de la boca de moski contra su cuerpo.
se acomoda los pantalones. siente una incomodidad que pocas veces ha sentido, como si quisiera desnudarse ahí mismo, como si la ropa estorbara.
definitivamente había algo raro en el aire.
mientras se veía reflejado en el vidrio del horno, mernuel reflexionaba cosas profundas. aunque su mirada estaba puesta en un pedazo de queso derritiéndose sobre una fina masa con tomate, no podía dejar de pensar en qué era lo que moski veía en su teléfono.
dejó de pensar que se trataba de tuits o de tiktoks cuando, en distintos streams, moski empezó a insinuar que había varias chicas que se le habían acercado a través de instagram para concretar algo con él.
manuel recordó el primer stream de ellos juntos en Argentina: "dale, boludo, buscate alguna mina por acá, aprovecha".
qué imbecil. gran tonto.
pero eso no importaba, no. porque a mernuel definitivamente no le gusta su mejor amigo. ni tampoco acaba de tener un momento tenso sobre sus propias sábanas con él. y tampoco lo tenía ahora mismo en esa misma cama, esperándolo para comer algo juntos. no, nada de eso.
la alarma del temporizador del horno lo saca de sus pensamientos cuando va a sacar la pizza. se quema, claro, porque agarra un repasador mojado de la mesada sin pensar en nada más que en moski.
a pesar de que lo separan unos pocos metros y unas escaleras, lautaro podría estar hablando con otra persona en este mismo momento.
y lo peor es que estos pensamientos no sucedían en el plano más cercano a la realidad de mernuel. se daban en el trasfondo de su mente, traduciéndose en ecos de calor cada vez que veía a moski sonreír, o incluso estar serio. cada vez que lo veía a moski en general.
subió a su cuarto con la pizza y una botella fría de coca cola, y al abrir la puerta, se encontró con moski sentado en la misma silla donde estaba antes de tirarlo a la cama, mirando la computadora.
—mirá emo, me recomendaron esta peli.— le dice, mientras señala con el dedo el monitor.
mernuel apoya la comida sobre el poco espacio que queda en la mesa, y reposa su brazo al lado de la mano de moski, donde sostiene el mouse. están cerca otra vez.
—¿quién te la recomendó?— pregunta, tratando de sonar realmente afectado por la curiosidad, aunque en lo único que puede pensar es en el hervor que se está formando dentro de su vientre.
no hay que confundir peras con manzanas. manuel no era alguien obsesivo, ni maníaco. pero había una oleada de celos que lo atrapaban de vez en cuando, de forma sorpresiva y poco fundada. todo acercamiento que él tenía con su amigo lograba unirlos de formas cada vez más inesperadas. por eso, mernuel no entendía esa flota de celos que salía a la luz directamente desde su inconsciente.
no había que prestar mucha atención para darse cuenta de que solo le pasaba con moski.
—nah, un amigo. uno que me quedó allá en españa.— responde moski, con total soltura. por supuesto, ¿de qué otra forma respondería sino?
mernuel retrocede y siente una calma en el pecho.
—bueno dale, ponela así la miramos y después nos vamos a dormir.
mientras moski pone la película, mernuel empieza a comer. ambos se tiran en la cama y el filme empieza a correr.
es tan atrapante que se olvidaron de la costumbre de mirarse a los ojos a cada rato, no pueden separar las miradas de la pantalla.
—amigo—dice moski, metiéndose el último pedazo de la última rebanada de pizza en la boca— te juro que haría un trío con ese matt damon y leo di caprio. te lo firmo.
—dale gordo— mernuel se tienta. siempre ríe con los comentarios de lautaro. —¿me vas a decir que dejarías afuera a jack nicholson?
moski lo piensa un segundo. —nah, puede mirar. me da morbo.
ambos ríen, y la película sigue entre chistes no tan chistes y la tensión de la ficción.
al largo rato, manuel siente la respiración suave de lautaro a su lado, y sabe que está durmiendo. o por lo menos, dormitando.
por eso es que se anima a mirarlo otra vez, pero ahora con más profundidad. se apoya en un codo, sostiene su propia cara con la palma de su mano, e inclina la cabeza. mernuel mira a moski con dedicación.
desde el punto de vista de manuel se ven los párpados de moski cerrados. se ven las raíces rubias de su pelo que, curiosamente, le hacen dar cuenta de que el nacimiento del pelo de su amigo no es precisamente claro. es amarronado, y conforme crece, se vuelve color miel.
las pestañas son otra historia. son oscuras, para nada rubias. la abundancia de ellas abruma a manuel al verlas desde arriba, y está tan concentrado en ellas que no se espera que lautaro abra sus párpados para mirando directamente a los ojos, desde abajo.
—otra vez mirándome.
esta vez, lautaro habló con timidez. ya se le acabó el valor que había tomado para desafiar a manuel en un principio. ahora volvió a su estado natural cuando se trata de manuel: se achica porque sabe que, si así lo quisiera, su amigo podría desnudarlo automáticamente con la mirada.
y no estaba muy lejos de eso.
—parece que mis ojos te atraen, moski. ni dormido te salvas de sentirme.— lautaro se siente intimidado con esa oración. manuel la expulsó de sus labios con una sonrisa pícara, en un tono bajo y suave, con la mirada afilada.
—no te creas, eh. todavía no sentí nada. —bueno, parece que el espíritu moskiano de provocar a mernuel está volviendo a su cuerpo.
lautaro se levanta un poco, y manuel se acerca a él.
están cara a cara. lo más cerca que se puede estar antes de unirse definitivamente a otra persona. la mirada de mernuel está clavada en los ojos de moski, tan así que ni siquiera se distraen mirando los labios del otro.
falta que se inclinen, solo un poco.
—¡hijo, me voy!— el grito de la mamá de mernuel los sorprende, los sobresalta.
no habían tenido en cuenta el hecho de que ya eran las 7am. la madre de manuel se estaba yendo a trabajar y, como todas las mañanas, pasó a saludar a los chicos.
porque ella sabe que siempre están despiertos. ella sabe que las madrugadas son de ellos, y que lo que pasa de la puerta hacia adentro, en el marco de las cuatro paredes del cuarto de mernuel, queda entre ellos.
—moski, te dejé las galletitas que te gustan ahí en la alacena, para que desayunes algo rico.— le dice, mientras se acerca a dejarle un beso en la mejilla. —manu, lava los platos.
—bueno ma— responde él. ella le guiña el ojo a lautaro y ambos ríen. es divertido ver a la mamá de manuel paseándolo con quehaceres.
él acompaña a su mamá a la puerta y vuelve a sentir el frío de no tener a moski al lado. y cuando manuel regresa al cuarto, su amigo no está.
pensó en buscarlo, pero se arrepintió al imaginárselo durmiendo profundamente. por fin moski podía descansar, y si manuel volvía a verlo -peor ahora, estando solos en casa- iba a volver a tirarse encima de él. esta vez, quizá sin límites.
