Chapter Text
Johnny y Wooseok llevan cinco años juntos. Se conocieron yendo al gimnasio, donde solían coincidir en el mismo horario nocturno después del trabajo. Con el tiempo, esos encuentros casuales se volvieron casi intencionales, a veces ajustaban sus rutinas solo para encontrarse, compartiendo miradas y sonrisas que decían más que cualquier palabra. Cuando Johnny finalmente reunió el valor para invitarlo a salir, descubrió que Wooseok planeaba hacer lo mismo.
Wooseok provenía de una familia adinerada, donde los lujos eran cotidianos y su futuro estaba asegurado mucho antes de nacer. Sin embargo, su padre, cansado de su actitud despreocupada e irresponsable, decidió darle una lección donde en lugar de permitirle vivir del apellido familiar, lo obligó a trabajar en su empresa como un empleado más, sin privilegios ni trato especial, con la intención de que aprendiera el valor del esfuerzo y del trabajo duro. Johnny, en cambio, había crecido en una familia de clase media, viendo a sus padres esforzarse día tras día y aprendiendo desde joven que nada llegaba sin sacrificio. Su éxito, incluida su propia firma de publicidad, fue fruto de esa constancia. Quizá por eso, entre ellos siempre existió una sutil diferencia de perspectiva, ya que Wooseok había sido empujado a aprender lo que Johnny ya conocía por experiencia propia.
Tal vez no coincidían al cien por ciento en todo, pero se entendían con facilidad y se adaptaban a los gustos del otro. Eran el clásico caso de polos opuestos que se atraen, lo que en un principio parecía separarlos, con el tiempo se convirtió en un equilibrio que los mantenía unidos y pese a sus diferencias, lograron hacer que su relación funcionara.
Todo entre ellos parecía perfecto. Johnny solía pensar que Wooseok sería la persona con la que envejecería, su refugio seguro pero con el paso del tiempo, aquella pasión desbordante que los había unido fue diluyendose poco a poco, dando lugar a una rutina predecible y a veces, un tanto vacía.
Parecía una crisis pasajera, una de esas etapas normales en toda relación larga. Sin embargo, lo que Johnny imaginó que duraría unas semanas se prolongó por meses.
Wooseok parecía cada vez más distante últimamente. Pasaba más tiempo fuera, saliendo con amigos que Johnny apenas conocía, y cuando estaba en casa, su atención parecía siempre en otra parte. Dividía su atención entre el teléfono y la televisión, como si Johnny no existiera. Sabía que había cariño entre ellos pero la falta de esa chispa que alguna vez los hizo inseparables comenzó a apagarse poco a poco.
Su vida sexual se había reducido al mínimo, volviéndose carente de la pasión que antes los mantenía despiertos hasta el amanecer. Cuando se buscaban, ya no era por deseo ni por esa necesidad de sentirse cerca sino más bien por costumbre, o por cumplir con la idea de que aún quedaba algo entre ellos.
Johnny se preguntaba en qué punto exacto sucedió todo. No había habido una gran pelea, ni una traición. Solo el desgaste lento y silencioso que llega cuando el amor ya no basta.
Pero no se quedó de brazos cruzados, él intentaba recuperar lo que alguna vez fueron. Proponía cenas, escapadas de fin de semana o simplemente cocinar juntos. Wooseok accedía, pero la calidez de antes ya no era la misma. Ni siquiera se esforzaban por fingir ante su amigos o sus familias, especialmente frente a la de Wooseok, que nunca aprobó del todo su relación. Todo se sentía forzado, como si ambos, o más bien Johnny, insistiera en sostener algo que ya no sabía cómo reparar.
Hasta esa noche.
El aire en la habitación se sentía pesado, impregnado de un silencio incómodo después de un intento fallido de tener sexo. La luz que entraba por la ventana dibujaba sombras sobre sus cuerpos distantes pese a compartir la misma cama.
Wooseok se giró hacia Johnny, recostándose de lado. El deseo se había disipado tan rápido como había aparecido, dejando solo una sensación de frustración entre ellos. Johnny sostuvo su mirada unos segundos, intentando descifrar lo que ocultaban esos ojos, pero hacía tiempo que había dejado de leerlos.
-Johnny... -llamó Wooseok con la voz baja, rompiendo el silencio que flotaba en la habitación. Se recostó contra el respaldo de la cama, dejando que el aire tibio de la madrugada se mezclara con el roce de las sábanas. Sus dedos comenzaron a dibujar líneas distraídas sobre el pecho desnudo de Johnny, trazando figuras sin sentido, como si buscara distraerlo o suavizar lo que estaba a punto de decir.
Johnny lo miró desde su lado, todavía atrapado entre el cansancio y el eco frustrado de lo que no había ocurrido minutos antes. -¿Qué sucede? -respondió, imitando su posición contra el cabecero. Aunque su voz sonó tranquila, había una tensión sutil en su mirada. Tenía un presentimiento de que lo que estaba por oír no le iba a gustar.
Wooseok tardó unos segundos antes de hablar, como si midiera sus palabras. -Últimamente he estado pensando que... podríamos probar cosas nuevas. Ya sabes, algo diferente, que nos saque un poco de la rutina.
Johnny arqueó una ceja, sin entender del todo. -¿A qué te refieres con "cosas nuevas"?
Wooseok respiró hondo antes de decirlo. -Estaba pensando en sumar a alguien más... como un trío. O algo así. No sé, experimentar un poco. -Su voz sonó ligera, como si hablara simplemente del clima o cualquier otra trivialidad.
Johnny lo miró en silencio, tratando de procesar esas palabras e intentando de descifrar si hablaba en serio o si solo era una mala broma. Hace unos minutos atrás, Wooseok ni siquiera había podido acabar. Había sido quien se apartó primero, diciendo que estaba cansado. Johnny fingió que no le importaba, pero en el fondo, algo en su ego se resintió. Sentirse insuficiente, justo después de haber intentado hacer el amor, lo hirió más de lo que quiso admitir.
Wooseok lo observaba con una mezcla de curiosidad y nerviosismo, pero sin culpa.
-Solo creo que podría ser divertido... -añadió con una sonrisa breve, acariciándole el brazo-. No significa nada malo. Te amo, Johnny, solo... siento que necesitamos algo que nos saque de la monotonía.
Johnny dudó, su expresión se endureció mientras intentaba procesar lo que Wooseok acababa de decir. La idea de ver a otra persona tocando, besando o follando a su novio frente a sus ojos lo molestaba. -No lo sé, Wooseok... -murmuró al fin, con la voz tensa luego de unos segundos, deseando no tener que responder-... no estoy seguro de querer ver a alguien más intentando cogerte frente a mí.
Wooseok sonrió, casi con ternura. -No es lo que piensas, Johnny. -susurró, inclinándose apenas-. No se trata de reemplazarte ni de que alguien me toque más de lo que tú lo haces. Solo quiero que... vivamos algo distinto.
Johnny respiró hondo. Sentía la duda apretándole el pecho, pero también el miedo sordo de que si decía que no, algo entre ellos terminaría de romperse.
Wooseok se inclinó un poco más, rozándole la mandíbula con los labios. -Intentémoslo... y si no te gusta, no volveremos a hablar de ello. -susurró, con voz baja, casi melosa-. Te lo prometo...
Johnny cerró los ojos, sintiendo el pulso acelerado. Su razón le gritaba que no, pero su corazón, o tal vez su dependencia, terminó respondiendo por él luego de unos largos segundos. -Está bien... -murmuró, con resignación-. Lo que tu quieras.
Wooseok sonrió, con ese aire de triunfo que siempre lo acompañaba cuando lograba salirse con la suya. Le tomó el rostro con ambas manos y lo besó con entusiasmo, derramando una energía que contrastaba con la falta de emoción en Johnny.
-Me encargaré de ello, ya verás que será divertido -dijo al separarse, guiñándole un ojo con una sonrisa cómplice. Luego se incorporó despacio, estirando los brazos antes de caminar hacia el baño- Iré a darme una ducha.
Johnny permaneció en la cama, observando cómo la silueta desnuda de su novio desaparecía tras la puerta. Un suspiro pesado escapó de sus labios y se quedó mirando el marco vacío, con la sensación amarga de haber cruzado una línea invisible. Sabía en lo más profundo, que acababa de aceptar algo que cambiaría su relación para siempre.
~
-¿Podrías revisar esto por mí, Doyoung-shi~? -preguntó Wooseok, apoyándose despreocupadamente sobre el respaldo de la silla de su compañero, con unos documentos impresos en la mano-. Llevo toda la mañana intentando encontrar el error y, sinceramente ya no me apetece pasar otra hora revisando cada cifra.
Doyoung levantó la vista del monitor, conteniendo un suspiro. Estaba abrumado y atiborrado de trabajo, con la cabeza llena de tareas pendientes, pero no podía negarse a Wooseok. No a esa sonrisa o manera de mirarlo que le recordaba constantemente el leve amor platónico que llevaba cargando desde que empezó a trabajar en la oficina hace unos meses.
-Está bien... -dijo finalmente, resignado y sonrojadose un poco por la cercanía repentina-. Lo revisaré.
Wooseok dejó escapar un pequeño gesto de satisfacción. Conocía la ingenuidad de Doyoung, y sabía de su enamoramiento. Cada pequeña sumisión, o gesto de atención, era el triunfo silencioso que Wooseok disfrutaba con discreta satisfacción, usando su afecto a su favor sin que Doyoung lo advirtiera realmente.
Doyoung, había crecido en un pequeño pueblo del Sur, donde todo era más sencillo y la vida transcurría a un ritmo diferente. Allí aprendió de la humildad de su gente, el respeto por los demás y la importancia del esfuerzo. Fue criado por su madre, una mujer fuerte y trabajadora que, a pesar de las carencias, nunca permitió que le faltara cariño, principios ni educación.
Aquella infancia sencilla lo había moldeado de forma noble, pero también lo volvió algo ingenuo. Su confianza en los demás, natural en un entorno donde todos se conocían, lo hacía vulnerable en contextos menos amables. Personas como Wooseok, astutas y frías, sabían cómo detectar esa inocencia y aprovecharla.
El cambio llegó cuando se mudó a la ciudad, un lugar caótico y veloz que contrastaba con la tranquilidad de su hogar natal. La oportunidad de trabajar en una empresa reconocida representó un salto enorme, no solo profesional sino personal. Al principio, Doyoung se sintió algo presionado entre los horarios estrictos y compañeros que parecían hablar un idioma diferente al suyo al ser un mundo competitivo e indiferente. Su torpeza social lo hizo blanco fácil de burlas y malentendidos, pero nunca perdió la cortesía ni la voluntad de aprender.
Con el tiempo, su esfuerzo constante y su carácter genuino comenzaron a abrirle puertas. Era de esos que no sabían decir que no, que se ofrecían a ayudar aunque no les correspondiera, y que se quedaban hasta tarde sin esperar reconocimiento. Poco a poco, su presencia pasó de ser ignorada a ser valorada. Aun así, no buscaba destacar por ambición personal. Lo movía una razón mucho más profunda, y esa era su madre, enferma desde hacía algunos años, necesitaba tratamientos costosos, y Doyoung estaba decidido a hacer todo lo posible por asegurarle una vida digna. Cada esfuerzo tenía un propósito claro, y ese era cuidar a la mujer que le había enseñado a ser quien era.
Y aunque parecía vivir centrado en el trabajo, Wooseok empezó a notar algo en él, miradas que se escapaban cuando creía que no lo veía.
Wooseok no podía asegurarlo, pero algo le decía que Doyoung tenía un interés peculiar en él. No era necesariamente romántico o evidente, quizá solo una mezcla de admiración, con un toque de curiosidad que Doyoung no se atrevía a mostrar abiertamente. Pero esa percepción, leve y casi imperceptible, hacía que cada interacción se sintiera más intrigante, despertando en Wooseok cierta diversión.
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Pasada la hora, Wooseok cruzó la oficina con paso tranquilo, llevando dos cafés humeantes en las manos. Sin decir palabra, dejó uno de los vasos junto al teclado de Doyoung, que seguía absorto entre montones de papeles. El golpecito sutil del vaso sobre el escritorio lo sacó de su concentración.
-Oh... -murmuró Doyoung, alzando la vista con sorpresa. Aún le costaba acostumbrarse a ese tipo de atenciones, especialmente viniendo de Wooseok, cuya presencia siempre lo descolocaba un poco. -Gracias, hyung -añadió tímido pero genuinamente agradecido.
Hizo una pausa, recogiendo con cuidado el documento recién terminado y se lo extendió con cuidado.
-Ya está listo el informe. Corregí los errores y agregué algunas sugerencias para que sea más claro.
Wooseok tomó el documento y lo hojeó rápidamente. Los errores estaban marcados en rojo, acompañados de anotaciones detalladas que hacían que todo fuera fácil de entender y corregir. Era evidente que Doyoung había invertido tiempo y esfuerzo en dejarlo impecable.
-¿Ves por qué te necesito cerca? -dijo Wooseok, con una mezcla de alivio y picardía en la voz, mientras pasaba un brazo alrededor de los hombros del más joven-. Si no fueras tan bueno en lo que haces, ya estaría con una úlcera... o completamente calvo. Y apenas tengo treinta y tres, ¿te imaginas?
Soltó una risa ligera, como si no pudiera decidir si hablaba en broma o en serio.
Doyoung, aún con el vaso entre las manos, bajó la mirada con una sonrisa tímida. El rubor le subió a las mejillas, pero no apartó del todo la expresión de satisfacción en su rostro.-Me alegra poder ayudarte, hyung -respondió en voz baja, sincero en un tono suave.
-Claro que te alegra, Doyoung-shi -replicó Wooseok con un tono más bajo, sin perder la sonrisa-. Siempre estás ahí cuando lo necesito... Eres el mejor asistente que no pedí, pero que me conviene muchísimo.
Un golpe seco en la puerta los sacó de su burbuja. El brazo de Wooseok aún descansaba sobre los hombros de Doyoung cuando esta se abrió, sin esperar respuesta.
-Disculpen -dijo Lee, el asistente personal del jefe con tono educado pero sin disimular del todo el vistazo rápido que dirigió a la escena-. El jefe quiere que todos salgamos a beber esta noche. Dice que será una buena oportunidad para reforzar la unidad del equipo.
La voz era neutral pero sus ojos fríos y analíticos pasaron lentamente de Wooseok a Doyoung, registrando la mínima distancia entre ambos, la expresión enamoradiza en el rostro del menor y la típica sonrisa de mierda en el rostro de Wooseok a la que ya estaba acostumbrado.
-¿Con mi padre? -respondió Wooseok, girando con una media sonrisa tan encantadora como intencionada-. ¿Otra ronda de discursos incómodos y soju caliente? Qué suerte la nuestra.
Lee no respondió al sarcasmo. Siguió en el marco de la puerta, como si esperara algo más que una respuesta tonta.
Doyoung bajó la mirada a sus papeles, incómodo. -Yo... no sé si podré -murmuró, intentando evadir la situación.
-Oh, vamos, Doyoung-shi -intervino Wooseok, con esa chispa juguetona brillando en sus ojos-. Necesitas salir, conocer cómo funcionan las cosas aquí. No todo es trabajo, ¿sabes?
Doyoung abrió la boca para replicar, pero Wooseok ya estaba inclinándose ligeramente -Yo me encargo de que sobrevivas a la primera ronda. Prometido.
Lo dijo en voz baja, solo para él.
-Ah... y otra cosa -añadió Lee, ahora con un leve cambio en el tono-. Necesito hablar contigo en privado un momento, Wooseok.
Wooseok se volvió hacia él con una ceja arqueada.
-¿Tan urgente como para interrumpirme? -respondió en broma.
Lee sostuvo su mirada por un segundo más de lo debido.
-Lo suficiente -respondió Lee, sin una pizca de humor.
Por un instante, el ambiente se volvió más denso. Wooseok suspiró, se pasó una mano por el cabello con gesto distraído, y lanzó una última mirada a Doyoung.
-Te veré ahí, Doyoung-shi, no me decepciones -le dijo, esta vez en un tono más suave, antes de encaminarse hacia la puerta.
Cuando ambos desaparecieron tras ella, Doyoung se quedó solo soltando un ligero suspiro, dandole un sorvo a su café.
~
Ya eran pasadas las diez de la noche y sus compañeros ya comenzaban a mostrarse visiblemente ebrios en el bar, hablando a los gritos, chocando vasos y entonando fragmentos de canciones populares con entusiasmo desbordado. El ruido, las luces y el movimiento constante de gente entrando y saliendo del bar lo hacían sentirse fuera de lugar; aún rígido en su silla, Doyoung se removía incómodo, encorvando su postura evitando llamar la atención. Para alguien que no acostumbraba salir a beber, aquella atmósfera caótica era completamente ajena y casi abrumadora.
Sin embargo, pese a la música estruendosa y a las risas de sus compañeros, su atención cada tanto se desviaba a Wooseok. Sentado frente a él, el hombre reía con gracia y parecía fluir con la confianza que Doyoung admiraba y envidiaba a partes iguales. Con esa sonrisa amplia y brillante, parecía atraer toda su atención sin esfuerzo alguno.
La cercanía física y el atractivo de Wooseok intensificaban esa sensación, desatando en Doyoung un conflicto interno que no sabía cómo manejar. Su mente le recordaba una y otra vez que Wooseok era hijo del jefe, y que, además, cualquier relación en el trabajo sería inapropiada si alguna vez existiera la posibilidad.
Wooseok, tras un rato de conversación dispersa con los demás, desvió la mirada hacia Doyoung. Lo observó en silencio, notando que permanecía callado, con la espalda un poco rígida y los dedos jugueteando distraídamente con el vaso de cerveza. La luz cálida del bar apenas rozaba su perfil suave, y entre el bullicio de voces y risas ebrias, su quietud resultaba aún más evidente.
Se inclinó hacia él, acercándose lo suficiente para que su voz pudiera abrirse paso entre la música y el ruido de las copas. Su tono fue bajo, y su sonrisa cargaba un dejo de curiosidad genuina. -Doyoung-shi... -murmuró Wooseok, llamando su atención con suavidad- ¿Puedo hacerte una pregunta? -Esperó a que Doyoung alzara la vista antes de continuar, aún con ese aire distendido que usaba para romper el hielo. -Es algo personal, pero no tienes que responder si no quieres -añadió, con una leve sonrisa-. Solo me da curiosidad... ¿hay alguien que te guste? ¿Estás saliendo con alguien últimamente?
La pregunta tomó por sorpresa a Doyoung, que casi se atragantó con el último sorbo de cerveza que estaba bebiendo. Se giró hacia Wooseok, algo nervioso, sin saber cómo interpretar el interés en su vida sentimental.
-N-no, no realmente... -contestó, bajando la mirada-. No estoy saliendo con nadie, hace tiempo que no... -hizo una breve pausa y sonrió con timidez-. Supongo que no he tenido mucha suerte en eso.
Wooseok lo observaba atentamente, apoyando un codo sobre la mesa y el mentón en la mano, como si analizara cada palabra.
-¿Y te gustan las chicas? -preguntó entonces con un tono más bajo, ladeando la cabeza con curiosidad.
El corazón de Doyoung dio un pequeño salto. La pregunta lo descolocó por completo, y durante unos segundos no supo qué decir. Sintió cómo sus mejillas se calentaban mientras buscaba una respuesta que no lo delatara demasiado.
-Yo... -titubeó, con la voz un poco más baja-. No, no exactamente... -Tomó aire, evitando mirarlo directamente.
Wooseok sonrió, casi satisfecho, y asintió con suavidad.
-Ah, ya veo... -respondió, sin sorpresa, solo con un brillo curioso en los ojos.
El corazón de Doyoung latía con fuerza. Por un instante creyó, o quiso creer, que aquellas preguntas eran una forma de interés, o una especie de tanteo. Tal vez Wooseok quería conocerlo mejor, y tal vez también sentía algo. Su mente se llenó de posibilidades, y ese pequeño hilo de esperanza lo hizo sonreír sin darse cuenta.
Pero la ilusión duró poco.
-Es que... -continuó Wooseok, bajando la voz y acercándose un poco más- mi novio y yo hemos estado hablando de probar algo nuevo, una experiencia distinta, y pienso que serías ideal.
Doyoung lo miró confundido.
-¿Yo? -repitió, sin saber si había entendido bien.
Wooseok asintió.
-Sí, siento que eres lo que justamente estoy buscando. -Esbozó una sonrisa leve-, si alguna vez te animaras... No quiero que pienses mal, pero sé que los sueldos en la oficina no siempre alcanzan.
Aquellas palabras lo golpearon con fuerza. Doyoung apretó los puños bajo la mesa, incómodo. No era un secreto que las cosas no le iban del todo bien últimamente. Con su madre enferma, el dinero apenas alcanzaba para los medicamentos, el alquiler y las facturas. Había estado buscando maneras de ganar un poco más, pero las horas extras no siempre se aprobaban.
Wooseok pareció leerle el pensamiento, o tal vez simplemente sabía más de lo que Doyoung hubiera querido admitir. -Podría ser algo sencillo, de una sola vez -dijo, con tono bajo-. Y podrías recibir una suma que te alivie. Sin compromisos, Doyoung-shi~
El corazón de Doyoung dio un vuelco. Se quedó mirándolo, sin saber si ofenderse o sentirse tentado. Una parte de él, la más racional, sabía que aquello cruzaba una línea que no debería siquiera considerar, pero por otra parte le vendría muy bien, por lo que no podía evitar imaginarlo.
El silencio de Doyoung fue inmediato. Su corazón, que segundos antes latía con emoción, se encogió en el pecho. No supo qué decir, ni cómo reaccionar.
Su mente se volvió un torbellino, había imaginado por un momento que Wooseok podía sentir lo mismo que él... pero no. Solo lo veía como alguien conveniente y seguro para una fantasía.
Wooseok lo observó con una sonrisa serena, como si su propuesta no tuviera nada de extraño.
-No tienes que responder ahora, Doyoung-shi -dijo con tono suave, percibiendo el desconcierto en su rostro-. Solo piénsalo, ¿sí? No hay presión. -Le dio un leve golpecito en el antebrazo antes de recostarse de nuevo en la silla-. Confío en tu discreción, por eso me animé a preguntártelo.
Doyoung se limitó a asentir, con el corazón acelerado y las palabras atoradas en la garganta. Todo lo que podía hacer era mirar el final de su vaso vacío. No entendía si lo que acababa de pasar era una broma o una invitación real. Aun así, esa mezcla de confusión lo acompañó hasta que el grupo se dispersó poco a poco, y todos fueron despidiéndose incluído su jefe, quedando cada vez menos en la mesa.
Doyoung luego de varios minutos estaba listo para irse finalmente a casa tras una larga y agotadora jornada. Sus pantalones de traje caían rectos sobre unos zapatos negros que ya le causaban dolor en los pies.
Wooseok, al notar que Doyoung se ponia de pie y se despedia, dejó a medias la conversación con el asistente Lee, quien frunció el ceño ligeramente, molesto por la interrupción. Sin embargo, Wooseok ni siquiera pareció importarle mientras aceleraba el paso para alcanzar el paso del mas joven. -Doyoung-shi, espérame, voy contigo.
Doyoung cuando lo escucho, giró hacia Wooseok que caminaba hacia él colocandose el abrigo -¿Ya te vas? -preguntó curioso- Mi novio vendrá a recogerme, sería genial que lo conocieras -dijo Wooseok al acercarse, esbozando una sonrisa a su lado. Luego, bajó un poco el tono y, casi en un susurro, agregó -Sé que tal vez lo que te dije te pareció extraño... pero créeme, no tiene por qué ser incómodo -le lanzó una mirada de reojo, tratando de descifrar la expresión que se dibujaba en el rostro de Doyoung.
Éste tragó saliva, sin saber muy bien qué responder. La propuesta lo había sorprendido, pero lo que más le desconcertaba era la naturalidad con que Wooseok la había expresado.
Él nunca había estado involucrado en ese tipo de prácticas. Su experiencia sentimental era casi nula y, a sus veintinueve años, aún no había tenido una relación formal. No era un virgen ni mucho menos un santo, pero su vida amorosa había estado marcada por la represión silenciosa de su entorno. En el pueblo donde creció, las personas eran profundamente conservadoras, y cualquier desviación de lo que consideraban "normal" era motivo de murmullos.
Había conocido a algunos hombres, sí, pero ninguno tuvo el valor de dar el paso más allá del placer sexual. Todos parecían compartir el mismo miedo, ser vistos, ser descubiertos y ser señalados. Muchos de ellos, de hecho, ya estaban comprometidos con mujeres o planeaban estarlo. Era la forma en que se salvaban de las sospechas, el disfraz social que los mantenía a salvo. Se casaban, tenían hijos, y asistían a misa los domingos, tomandose de la mano frente a todos… y luego, al caer la noche, buscaban satisfacción en los rincones más oscuros, en baños públicos o moteles baratos, follando con desconocidos antes de volver a casa para besar a sus esposas.
A él le resultaba asfixiante esa doble moral, una hipocresía tan arraigada que los hacía vivir a medias. Quizás por eso, en lugar de lanzarse al juego, había preferido mantenerse al margen. No por falta de deseo sino por cansancio, la sensación constante de que cualquier gesto de afecto auténtico sería manchado por la vergüenza ajena o el miedo propio.
-Solo espero que lo consideres -añadió Wooseok con calma, sin presionarlo.
El aire fresco de la noche los envolvió cuando finalmente cruzaron la puerta, disipando un poco la tensión acumulada en Doyoung.
-Yo... -murmuró, pero se detuvo al ser interrumpido por Wooseok, quien sonrió con complicidad.
-¡Johnny, aquí! -llamó en voz alta, rompiendo el momento.
A pocos metros, apoyado contra un mustang negro, estaba un hombre esperando. Vestía de manera sencilla pero elegante y sostenía el teléfono con una mano, mientras la otra reposaba en el bolsillo de su chaqueta de cuero.
Wooseok levantó una mano para saludarlo con familiaridad y arrastró a Doyoung con él a su lado.
El hombre levantó la vista, y en cuanto los vio, guardó el teléfono. Caminó hacia ellos con paso tranquilo y una media sonrisa que, por alguna razón, a Doyoung le hizo sentir un leve cosquilleo en el estómago.
-Llegas a tiempo -dijo Wooseok al alcanzarlo.
Johnny lo rodeó con un brazo por la cintura y lo atrajo hacia sí con naturalidad, inclinándose un poco para darle un beso breve en la mejilla. Doyoung los observó por un segundo y luego desvío la mirada al sentirse un tanto avergonzado por haber deseado al hombre de alguien más cuando tenía a su novio presente.
-¿Te divertiste?
Wooseok asintió antes de volverse hacia Doyoung.
-Doyoung-shi, él es Johnny, mi novio. Johnny, él es Kim Doyoung, mi compañero oficina.
El nombre resonó en la mente de Doyoung al igual que su voz.
-Encantado, Doyoung. -respondió Johnny, inclinándose ligeramente hacia adelante. Era alto, atractivo y de mirada cálida, lo bastante para que Doyoung entendiera por qué Wooseok lo había elegido.
-¿Tuviste que esperar mucho? -preguntó Wooseok, mirando a Johnny con una ternura que contrastaba con la ligereza con que, minutos antes, le había propuesto compartirlo.
-Acabo de llegar, no te preocupes -respondió Johnny, antes de fijar sus ojos en Doyoung por más de unos segundos.- ¿Vives lejos? Podemos acercarte... -dijo tras desviar su atención a su reloj de pulsera- ya es algo tarde.
-Es cierto, Doyoung-shi -intervino Wooseok-, además me sentiría mal si te vas solo después de insistir tanto en que vinieras..
-No hace falta, de verdad. Puedo tomar el autobús -dijo Doyoung enseguida.
-A esta hora no hay tanta frecuencia, y los taxis no abundan -insistió Johnny con amabilidad al mirarlo a los ojos nuevamente-. No es molestia.
Doyoung negó con una sonrisa tensa. -De verdad, está bien. Gracias por la oferta.
Wooseok lo miró unos segundos más, antes de asentir. -Entonces avísame cuando llegues, ¿sí?
-Claro -respondió Doyoung, algo tímido.
Wooseok se despidió con un gesto y una sonrisa amable, como si nada fuera fuera de lo común. -Nos vemos el lunes, Doyoung-shi. Piensa en lo que te dije, ¿sí?
Doyoung asintió sin poder pronunciar palabra. Lo observó mientras subía al auto junto a Johnny quien extrañamente le dio una ultima mirada antes de subirse y cerrar la puerta, viendo cómo el vehículo se alejaba lentamente por la avenida iluminada. Solo entonces soltó un largo suspiro, sintiendo una mezcla de confusión en su cabeza.
Mientras se quedaba solo en la vereda, con el eco lejano del motor desvaneciéndose, comprendió que aquella noche no podría dormir.
El autobús lo dejó frente al complejo donde vivía pasada la medianoche. La calle estaba casi desierta, iluminada solo por algunos faroles y el resplandor azul intermitente de la lavandería de al lado cerrada. Doyoung suspiró mientras subía las estrechas escaleras que conducían a su pequeño departamento, sintiendo el peso del cansancio acumulado durante un día largo y extraño.
El silencio de su comodo espacio lo envolvió apenas cruzó la puerta. La mesa seguía cubierta de papeles del trabajo y, entre ellos, un aviso del banco que decidió ignorar por ahora. Se aflojó el nudo de la corbata con un suspiro cansado y se descalzó en la entrada, dejando los zapatos perfectamente alineados junto al mueble. La chaqueta terminó colgada en el respaldo de una silla mientras avanzaba encendiendo las luces a su paso, dejando tras de sí un rastro de cansancio.
Cuando llegó a su habitación, dejó su telefono sobre la mesita de luz y se tumbó en la cama sin desvestirse. No se durmió de inmediato, solo se quedó mirando el techo, escuchando el zumbido lejano del refrigerador y los autos que pasaban.
Tenía la cabeza llena. Las palabras de Wooseok resonaban una y otra vez. "Podrías recibir una suma que te alivie."
Doyoung no era alguien ambicioso, nunca lo había sido, pero las facturas seguían acumulándose, y su madre cada semana necesitaba un tratamiento distinto. Había hecho todo lo posible por mantener el control, pero el dinero simplemente no alcanzaba. Y ahora, justo cuando se sentía más acorralado, llegaba esa propuesta. Era absurdo pero tentador.
Apoyó la cabeza contra la almohada y giró de lado mirando el cielonocturno a través de la ventana. "¿Qué clase de persona piensa siquiera en aceptar algo así?" Pero entonces recordó la mirada de Wooseok.
Llevaba meses sintiendo cosas por él, en silencio, intentando que no se notara. Pero nunca había pasado de eso, un sentimiento callado, siendo un gusto imposible y culposo.
Ahora todo era diferente. Wooseok lo había visto, y lo había elegido, aunque fuera por razones equivocadas.
"Con mi novio buscamos una nueva experiencia."
Esa frase se quedó en su mente. No entendía si lo que sentía era celos, tristeza o curiosidad. Quizá un poco de todo.
Cerró los ojos, intentando vaciar la mente y luego suspiró, tomando su teléfono. Abrió la aplicación del banco y el saldo era desalentador.
Tal vez aceptar la propuesta no era tan imposible, pero incluso en esa justificación, algo dentro de él se rebelaba. No era así como había imaginado su vida en la ciudad.
En algún punto de la noche, pensó que tal vez la línea entre lo correcto y lo necesario nunca había sido tan delgada.
~
Dos días después, la rutina en la oficina transcurría con la misma monotonía de siempre. El sonido de los teclados, el zumbido del aire acondicionado y el aroma a café impregnaba el ambiente. Doyoung intentaba concentrarse en una hoja de cálculo, pero su mente divagaba. Por suerte, o quizá por desgracia, Wooseok había estado ocupado tras unas llamadas de clientes que sonaban más a compromisos sociales que laborales, y saliendo para resolver unos asuntos personales.
El timbre de su teléfono lo hizo sobresaltarse. Lo tomó sin mirar el número, pensando que sería su madre, pero al otro lado de la línea escuchó una voz seca.
-Señor Kim, lo llamamos del Hospital de Guri. Necesitamos recordarle que la factura del tratamiento de su madre continúa pendiente.
Doyoung sintió que el aire se le atascaba en la garganta. -Sí... lo sé -respondió apenas, apretando el bolígrafo entre los dedos-. Intenté hacer un pago parcial la semana pasada.
-Así es, pero el monto restante vence mañana. Si no se realiza el pago completo, lamentablemente el tratamiento quedará suspendido hasta nuevo aviso.
El corazón le latía con fuerza. Prometió que haría lo posible, que llamaría más tarde, que buscaría una solución. Cuando colgó, permaneció inmóvil unos segundos, mirando el escritorio vacío frente a él.
Sabía que no podía retrasarlo más. Su madre dependía de esos tratamientos, y no había nadie más que pudiera cubrirlos que él mismo.
Respiró hondo y marcó el número de Recursos Humanos, intentando mantener la voz estable.
Pidió un adelanto de salario. Explicó su situación con la calma ya sin la vergüenza de suplicar.
La respuesta que recibió fue amable, pero desalentadora, solo podían otorgarle menos de la mitad.
Menos de la mitad. Ni siquiera eso le alcanzaría.
Colgó despacio, sintiendo cómo el cansancio lo invadía por completo. Se quitó las gafas que solía usar frente al computador y se frotó el puente de la nariz. Su reflejo en la pantalla del monitor le devolvía una imagen que apenas reconoció, ojeras marcadas, el ceño fruncido y los hombros tensos.
Apretó los puños. Sabía lo que venía a continuación y qué decisión estaba por tomar.
Abrió el chat con Wooseok.
Doyoung se quedó mirando la pantalla, el pulgar suspendido sobre el teclado. Era una locura. Una parte de él gritaba que no debía hacerlo y que se arrepentiría. Pero otra parte, solo pensaba en su madre y en la cuenta pendiente.
Escribió despacio, con el corazón golpeándole el pecho.
"Hyung... estuve pensando en lo que dijiste.
Podemos hablarlo, si la propuesta sigue en pie."
Lo leyó varias veces antes de enviarlo. Dudó pero al final apretó la opción"enviar".
El mensaje se marcó como leído casi de inmediato. Un minuto después, llegó la respuesta.
"Claro. Te enviaré la dirección y la hora"
Doyoung dejó el teléfono sobre el escritorio y cerró los ojos.
Doyoung pasó el resto del día en piloto automático. Trabajó, respondió los ultimos correos, y cuando el reloj marcó las seis, se quedó sentado unos minutos más frente a la computadora apagada. No podía creer que realmente fuera a hacerlo.
Su corazón latía con fuerza, como si quisiera advertirle que aún estaba a tiempo de echarse atrás. Pero entonces recordó la llamada del hospital, y la voz cansada de su madre cuando hablaban por teléfono, y el nudo en el pecho volvió.
Al llegar a su pequeño apartamento, se duchó en silencio. El agua caliente no alcanzaba a aliviar la tensión en su cuerpo.
Abrió el placard buscando algo que ponerse, nada demasiado llamativo. Eligió una camiseta blanca, y unos jeans claros.
Frente al espejo se veía tenso, como si en cualquier momento fuera a salir corriendo. Así que tomó aire, se pasó una mano por el cabello y agarró el teléfono.
El mensaje de Wooseok seguía en la pantalla, acompañado de una dirección. Era un departamento situado en la zona más exclusiva del barrio, a unas cuadras calle arriba.
Durante el viaje en taxi, apenas levantó la mirada. El paisaje de luces de la ciudad se desdibujaba en el vidrio de la ventana mientras su mente iba y venía entre la culpa y la resignación. A cada semáforo, se preguntaba si debía pedirle al chofer que diera la vuelta, si debía olvidarse de todo y fingir que ese mensaje nunca existió.
Pero ya era tarde.
Cuando llegó, se quedó unos segundos frente al edificio. Era elegante, uno de esos lugares que uno solo puede ver desde afuera y preguntarse cómo sería vivir allí. Tomó aire y escribió un mensaje breve.
"Estoy abajo."
Obteniendo una respuesta no tardó en llegar.
"Sube. Es el piso 12, puerta B."
El ascensor subió más lento de lo habitual, o al menos así lo sintió Doyoung. Podía escuchar su propio pulso en los oídos mientras se retorcía un poco los dedos. Cuando la puerta se abrió, un pasillo silencioso lo recibió a lo largo y caminó hasta el final, donde la puerta B se iluminaba por la luz cálida que se filtraba por debajo.
Tocó una vez y la puerta se abrió casi de inmediato.
Wooseok estaba allí, vestido de manera informal, con una camiseta negra y pantalones de algodón.
Su sonrisa era la misma de siempre, relajada, pero en sus ojos había algo distinto. Doyoung no supo si era deseo, o simple curiosidad por verlo allí.
-Pensé que no vendrías -dijo Wooseok, apoyándose en el marco de la puerta, sin perder el tono amable.
-Yo también lo pensé -respondió Doyoung, intentando sonar tranquilo.
Wooseok rió apenas, y dio un paso al costado para dejarlo pasar. -Me alegra que lo hayas hecho. Ven, siéntate.
El departamento era amplio y moderno, con una iluminación tenue y música suave de fondo.
Doyoung se sintió fuera de lugar, y algo torpe, demasiado consciente de sí mismo y sus movimientos.
Wooseok se acercó con dos copas de vino y le tendió una. -No tienes que estar nervioso, Doyoung-shi. No hay presión aquí, solo hablaremos.
Doyoung lo miró, sosteniendo la copa entre sus dedos. Sabía que nada de eso era tan simple como Wooseok lo hacía parecer pero también sabía que ya había cruzado una línea invisible.
-Quiero que entiendas que esto no es algo sucio ni forzado -dijo Wooseok, sentándose frente a él en el largo sillón blanco. Johnny y yo lo hemos hablado… No hemos estado en nuestro mejor momento, y creo que es porque llevamos muchos años conociéndonos… y todo se volvió un poco rutinario. A veces, lo mejor es explorar nuevos horizontes. -Hizo una breve pausa, buscando las palabras correctas, con la mirada fija en Doyoung. -Y cuando lo pensé… ya que nos llevamos tan bien, podrías ser quien me ayude un poco. Además, siento que conectamos, ¿cierto?
Doyoung bajó la mirada, intentando procesar lo que oía. ¿Acaso Johnny estaba de acuerdo con esto? ¿No se pondría celoso? ¿A Wooseok no le importaba? Doyoung frunció el ceño, tratando de ordenar sus ideas, no conocía al hombre pero si fuera el novio de Johnny, no sentiría la necesidad de meter a otra persona en la relación... aunque sea para un encuentro casual.
Luego, un escalofrío lo recorrió al darse cuenta de su pensamiento. Espera… ¿había dicho “novio de Johnny”?
El pensamiento lo dejó atrapado, una mezcla de incertidumbre, que decidió ignorar.
-Johnny es un poco anticuado en algunas ideas, pero me alegró que estuviera de acuerdo cuando le mencioné que vendrías -dijo Wooseok, con un tono sincero y relajado-. Si decides aceptar, será bajo tus condiciones. Y sé también que el dinero te vendría bien.
El silencio se extendió entre ambos, pesado, pero no incómodo. Doyoung asintió lentamente, sin levantar la mirada.
-Solo... quiero que me digas qué esperas de mí -murmuró finalmente.
Wooseok sonrió con suavidad, inclinándose apenas hacia él. -Solo que seas tú, Doyoung-shi~. Lo demás... lo dejaremos fluir.
Pasó un rato antes de que la puerta principal se abriera. Johnny había llegado del trabajo, traía las mangas de la camisa arremangada hasta los codos, el cabello impecable y el nudo de la corbata desarmado. Al detenerse en la entrada, notó un par de zapatillas que no eran suyas, alineadas junto al mueble, y escuchó unas voces amortiguadas que venían de la sala. Colocó sus zapatos cuidadosamente al lado de los del invitado y caminó hacia la sala donde provenía el murmullo y las risas de Wooseok.
Se detuvo en seco al ver a Doyoung allí, sentado en el sofá, y una sombra de sorpresa cruzó su expresión antes de suavizarse en una sonrisa educada.
Wooseok le había hablado de Doyoung. La primera vez que lo conoció en el bar, cuando recogió a Wooseok, no tenía la menor idea de que Wooseok lo veía como el candidato estrella. Doyoung parecía mucho más joven de lo esperado, y más ingenuo de lo que Johnny pensaba, y no encajaba con la idea de alguien interesado en algo casual.
Entonces llegaron las sensaciones confusas. Un hilo de celos se abrió en su pecho, aunque no sabía si era por ver a Wooseok tan emocionado hablando de Doyoung o porque Doyoung, despertaba algo en él que no comprendía. No podía definirlo, ¿era envidia? ¿celos? ¿algo que no debía sentir? Su mente se enredaba en pensamientos contradictorios mientras intentaba mantener la compostura.
Doyoung, al notarlo, levantó la mirada y le dedicó un saludo tímido y cortés, que hizo que Johnny se sintiera extrañamente fuera de lugar.
Wooseok, al percatarse de la llegada de Johnny, se levantó para darle la bienvenida con un beso casto en la mejilla. Johnny devolvió el saludo con poca demostración de cariño al ser observado por aquellos ojos oscuros los cuales no pudo ignorar dirigiendole una sonrisa medida, sintiendo una mezcla de incomodidad y curiosidad que no lograba definir.
Wooseok, aún abrazado a él, añadió con tono juguetón. -Si quieres, puedes unirte a nosotros… estamos bebiendo un poco. -La invitación flotó en el aire, ligera. Wooseok lo observó con un brillo travieso en los ojos, esa forma suya de decir sin palabras que todo estaba saliendo según lo planeado. Johnny captó el mensaje de inmediato. Sabía que Wooseok había deseado ese encuentro, que lo había imaginado más de una vez. Y aunque en su interior las dudas lo carcomían, no podía negar la curiosidad que le provocaba.
-Me daré una ducha primero -dijo finalmente, con cierta tensión, antes de desaparecer por el pasillo sin notar como Doyoung lo siguió disimuladamente con la mirada.
El sonido del agua llenó el silencio que dejó su ausencia, un murmullo constante que parecía marcar el tiempo. Doyoung intentó disimular su incomodidad acomodándose en el sillón, pero Wooseok lo observaba con una quietud casi felina.
-No te pongas tan tenso -susurró, inclinándose apenas hacia él-. Johnny no muerde… al menos no sin permiso.
El comentario lo descolocó un poco. Doyoung tragó saliva, sintiendo cómo la atmósfera del apartamento se transformaba. Todo parecía confabularse para empujarlo a un terreno del que no estaba seguro de querer escapar.
Wooseok se recostó un poco en el sofá, dejando caer un brazo sobre el respaldo, tan cerca que Doyoung pudo sentir el calor que irradiaba. Entre ellos, el aire vibraba con una tensión silenciosa, una mezcla de expectativa y nerviosismo mas por su parte que de Wooseok.
Cuando Johnny regresó, el sonido del agua cesó y sus pasos resonaron en el pasillo. Apareció con el cabello húmedo, la camisa cambiada por una camiseta oscura que se pegaba a sus musculos.
Johnny se acercó al mini bar y se sirvió un trago, dejando que el líquido amargo recorriera su garganta. Lo necesitaría para lo que estaba por venir; su respiración se volvió un poco más profunda mientras observaba la escena que se desarrollaba frente a él.
Wooseok, con su habitual calma, lo observó y sonrió. -Cariño, ven aquí.
Cuando los tres estuvieron sentados, la tensión fue casi tangible. Wooseok desvió la mirada hacia Johnny, buscando su aprobación con un gesto apenas perceptible. Un leve asentimiento de Johnny fue suficiente. Wooseok se giró hacia Doyoung y entonces tomó su rostro con delicadeza, inclinándolo hacia él y presionando sus labios contra los de Doyoung.
Al principio, Doyoung respondió con un beso tímido, confundido, su mente girando entre la sorpresa y la extraña excitación del momento por verse observado. Pero pronto se dejó llevar, el beso se sentía bien, cálido y húmedo, y una parte de él disfrutaba del contacto. Wooseok era atractivo y seductor, y aunque la situación con Johnny presente añadía una capa de extraña tensión, el cuerpo de Doyoung reaccionaba con honestidad.
Wooseok se separó apenas, sus labios deslizándose con lentitud hasta los de Johnny. Johnny lo recibió con una mano firme en la nuca de Wooseok, acercándolo más hacia sí. La química entre ellos era inmediata, un roce de piel, un suspiro compartido, una intensidad que electrizaba la habitación que delataba que conocía el cuerpo del otro.
Doyoung observaba, embobado, mientras los dos hombres se besaban frente a él. Cada movimiento, cada lengua entrelazada, cada gemido contenido le llegaba directo al cuerpo mientras se mordía el labio. Era mejor que cualquier escena que hubiera visto en porno, mejor que cualquier fantasía solitaria. Su corazón latía con fuerza, la entrepierna se apretaba involuntariamente, y un calor húmedo le recorría la piel.
Mientras Johnny y Wooseok se sumergían en su beso, Doyoung se sentía atrapado entre la excitación y la ansiedad. Quería acercarse, quería tocar, quería sentir lo que ellos compartían, pero también se deleitaba simplemente siendo testigo, sintiendo cada gesto y cada respiración como si lo arrastraran a su propio deseo. Sus dedos temblaban sobre sus piernas, y un gemido casi silencioso se escapó de su garganta, atrapado por la mezcla de vergüenza y excitación.
Wooseok se detuvo un instante, lamiéndose los labios con una sonrisa traviesa antes de ponerse de pie. Extendió la mano hacia Doyoung, guiándolo hasta que estuvo a su altura de pie uno frente al otro en medio de la sala, y lo atrajo hacia sí para un nuevo beso, esta vez más intenso y confiado. Sus manos se movieron con soltura por el cuerpo de Doyoung, acariciando la cintura estrecha y el trasero, despertando en él un calor inesperado que le hizo morderse el labio inferior.
Johnny, sin perder un instante, se acercó desde atrás, rodeando la espalda de Wooseok con sus brazos. Su boca descendió hacia la nuca de Wooseok mientras sus manos se sumaban a las de Doyoung, recorriendo el pecho y el abdomen con una presión firme y provocativa. Cada roce parecía calculado para aumentar la excitación de ambos, y el contraste entre sus gestos despertó en Doyoung un deseo que no podía contener.
Cuando Wooseok comenzó a besarle el cuello y la mandíbula, Doyoung alzó la mirada al ladear la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Johnny. Brillosos e intensos, pero serios. Un calor ardiente se reflejaba en su rostro mientras mantenía la concentración en Wooseok. Doyoung no pudo apartar la vista de él mientras era besado.
El pecho de Doyoung se hinchaba con cada respiración entrecortada, la piel se erizaba por la cercanía de los tres, y un cosquilleo de deseo le recorrió la columna. Sentir a Wooseok besarlo y tocarlo, mientras los ojos de Johnny lo observaban con una mezcla de control y lujuria, lo excitaba más de lo que jamás había imaginado. Cada movimiento, roce y respiración caliente creaba un hilo invisible que lo unía a ambos, atrapándolo entre la anticipación y la pasión.
Doyoung deseaba secretamente ser tocado por Johnny de la misma manera, sentir su control y su contacto directo, mientras la intensidad de la escena seguía escalando, lenta, deliberada y cargada de erotismo. La tensión sexual se volvía casi tangible, suspendida entre miradas, suspiros y el roce de piel sobre piel.
Johnny giró a Wooseok con cierta brusquedad hacia él, provocando una risa baja y divertida que Wooseok no pudo contener. Lentamente, deslizó una de sus manos hacia el miembro de Wooseok por encima de los pantalones, acariciando y guiando con precisión. Wooseok cerró los ojos, incapaz de contener un jadeo cuando sintió la presión y la atención de Johnny, mezclando sorpresa y excitación.
Doyoung los observaba, sus ojos siguiendo cada movimiento, sintiendo cómo su propio deseo se intensificaba. La proximidad de Johnny y la forma en que manejaba a Wooseok lo consumían. Extrañamente, aunque Johnny mantenía las manos apartadas de él, Doyoung deseaba con ansias ser tocado de la misma manera, como Wooseok lo hacía con él, explorador, íntimo y directo.
Comenzó a masturbarlo lentamente, disfrutando del tacto de su piel y de la respuesta inmediata de Wooseok, mientras sus ojos no se apartaban de Doyoung. La mirada de Johnny era intensa, ardiente, y cada movimiento suyo parecía hacerlo para provocarlo. Las pupilas de Doyoung se dilataron volviendo casi su mirada oscura por la excitación, sintiendo cómo su erección se endurecía aún más al apretarla contra sus pantalones, y un calor húmedo le bajó por la columna.
No supo en qué momento comenzó a desearlo con tanta fuerza, ni por qué la idea de que Johnny le hiciera lo mismo a él le recorría la mente con tanta insistencia. Su frustración creció con cada segundo, Johnny no lo tocó en ningún momento, solo lo observaba y parecía jugar con su deseo, lo excitaba con sus acciones y la tensión que colgaba entre ellos. Cada gemido contenido de Wooseok, cada movimiento provocado por Johnny, lo hacía morderse el labio y apretar las manos, queriendo ser el centro de esa atención.
El deseo se volvió casi doloroso, Doyoung estaba atrapado entre la excitación y la frustración, y una parte de él quería estar en lugar de Wooseok. Su mente giraba en círculos, imaginando, ansiando y deseandolo. El corazón le latia con fuerza y sus mejillas ardían de excitación y vergüenza por lo mucho que quería que Johnny lo hiciera a él de la misma manera.
Wooseok terminó finalmente y, tras unos minutos de tensión silenciosa y respiraciones pesadas, se dejó caer sobre el sofá con una sonrisa satisfecha, respirando con calma. Doyoung, todavía temblando y con el corazón acelerado, se dio cuenta con vergüenza de que había llegado a su propio orgasmo entre sus pantalones. Nunca había sentido algo tan intenso y al mismo tiempo tan humillante.
Mientras Wooseok hablaba, apenas pudo entender lo que decía entre su propia risa y el cansancio. Su voz se volvió un murmullo difuso, irrelevante frente a la corriente de sensaciones que recorrían a Doyoung. Johnny, quien lo había mantenido bajo su observación intensa durante todo el tiempo, seguía grabado en su mente, haciendo que su cuerpo ardiera y su deseo persistiera incluso después de que el momento hubiera pasado y ahora simplemente evitara sus ojos.
La conversación que siguió fue superficial, vacía de significado real. Doyoung la soportó, en silencio, sintiéndose extraño y un poco sucio. Cuando finalmente se despidió y tomó un taxi rumbo a su departamento, la tensión no disminuyó.
Al llegar, se encerró en la ducha, dejando que el agua caliente recorriera su cuerpo mientras los recuerdos de la mirada hambrienta de Johnny lo consumían. Doyoung no pudo resistirse. Apoyó la frente contra el vidrio de la ducha, el vapor cubriendo su cuerpo mientras el agua caliente caía sobre él, haciendo que su piel se erizara y sus sentidos se agudizaran.
Sus manos temblorosas se cerraron alrededor de su pene erecto, moviéndose con rapidez, casi frenéticamente, guiadas únicamente por la imaginación de ser tocado por el hombre y la tensión caliente que aún ebullía en su interior.
Su respiración se volvió entrecortada, jadeos escapando de sus labios mientras su cuerpo se arqueaba bajo la corriente de agua y cada fibra de su ser entregada al placer. La sensación subió rápido, demasiado rápido, y antes de que pudiera contenerlo, alcanzó el clímax, estremeciéndose con fuerza y eyaculando sobre sí mismo.
Vio cómo los restos de su corrida se deslizaban por su piel y se perdían por el desagüe, mezclándose con el agua caliente que caía sobre su cabeza. Una mezcla de alivio, vergüenza y deseo reprimido lo inundó, mientras su pecho subía y bajaba rápidamente, y la memoria de Johnny seguía allí, impresa en cada fibra de su cuerpo. Se quedó unos segundos más, apoyado contra el vidrio, intentando recuperar la compostura, mientras el calor de la excitación todavía lo envolvía.
Mientras tanto, su teléfono vibró con un mensaje de Wooseok. Había transferido el dinero y le agradecía por el favor, acompañado de un tonto emoticón, como si nada de lo íntimo que habían compartido tuviera importancia.
Doyoung soltó un suspiro de alivio. Era una suma considerable de dinero, especialmente considerando que no había hecho demasiado. Más aún, le reconfortaba que Wooseok no lo hubiera obligado a participar en ningún tipo de fetiche extraño ni en situaciones incómodas, todo había sido sorprendentemente sencillo y sin presiones como le había prometido y lo bueno de todo es que podría cancelar sus deudas.
Al día siguiente, Wooseok actuó con normalidad. Durante las pocas veces que coincidían en la oficina, se limitó a saludos corteses y bromas triviales, como si nada hubiera pasado. No mencionó el encuentro, ni insinuó nada, era como si aquella noche nunca hubiera existido. Doyoung se sentía extraño ante su aparente indiferencia, pero al mismo tiempo, eso le permitía mantener una fachada profesional sin tener que enfrentarse a situaciones incómodas.
El señor Byeon, su jefe, le había otorgado la responsabilidad total de algunos proyectos que originalmente estaban destinados a Wooseok, consciente de la incompetencia de su hijo y de lo poco serio que se tomaba sus tareas. Doyoung se volcó de lleno en su trabajo, esforzándose al máximo. Quería mantenerse ocupado, y alejarse de su mente el sentimiento extraño que lo perseguia.
Sin embargo, por más que intentara centrarse, en las noches sus sueños, húmedos y vívidos, lo despertaban con su cuerpo caliente y exitado. En ellos, Johnny estaba allí, con sus manos y labios rozando la piel de Doyoung con una familiaridad que lo volvía loco de deseo. Se sentía horrible y culpable, su pequeño enamoramiento por Wooseok se había desvanecido, siendo reemplazado por una atracción innegable hacia el novio de este.
Se reprochaba desear al novio de Wooseok, pero no podía ignorar lo mucho que lo fascinaba, lo ardiente y perfecto que parecía cada vez que aparecía en su mente. La mirada de Johnny se grababa en su memoria, y la ansiedad por esos pensamientos prohibidos lo acompañaba incluso mientras trabajaba. La sensación de que estaba cruzando límites que no debería lo hacía temblar, mezclando excitación y remordimiento en un cóctel casi doloroso, pero imposible de evitar.
~
Su relación con Wooseok no habían remontado en absoluto después de todo. Johnny sentía una mezcla de decepción y cansancio, había hecho demasiado por mantenerlos a ambos a flote, y ver cómo todo seguía igual empezaba a minar su paciencia y su esperanza. Esa noche, Wooseok había cancelado nuevamente su cita con una excusa vaga y poco convincente diciendole que debía asistir a una reunion familiar, donde sabía que no era bienvenido. Johnny no tenía energía para discutir ni reprocharle nada, la frustración le pesaba en los hombros como una losa. Con un suspiro, tomó sus llaves y decidió salir, buscando distraerse y despejar la cabeza.
Las luces de neón reflejaban destellos sobre el asfalto húmedo, creando un resplandor multicolor que se mezclaba con la bruma de la noche luego de la lluvia nocturna. Johnny conducía despacio, con los ojos atentos a cada figura que cruzaba la acera, cuando una silueta llamó su atención. Un chico caminaba con pasos tranquilos, tras salir de una tienda de conveniencia de veincuatro horas. La silueta y su forma de caminar se le hizo extrañamente familiar, lo cual le hizo frenar casi sin pensarlo.
Su corazón se aceleró ligeramente. ¿Era realmente él? El brillo de las luces resaltaba cada movimiento del chico, la manera en que abrazaba la bolsa contra su pecho y cómo su cabello negro azabache caía ligeramente sobre su frente. Johnny sintió una mezcla de incredulidad y emoción que lo obligó a acercarse.
Redujo la velocidad, manteniéndose al ritmo del otro. Bajó la ventanilla y dejó que la brisa nocturna mezclara el olor de la ciudad con su propia respiración contenida. -¿…Doyoung? -preguntó, con la voz cargada de sorpresa y una esperanza oculta.
Doyoung se tensó de inmediato. Sintió cómo un coche disminuía la velocidad a su lado, como si lo estuviera siguiendo deliberadamente. Un escalofrío le recorrió la espalda, y apretó la bolsa contra su pecho con fuerza. Intentó acelerar, pero la familiaridad de esa voz lo detuvo. Giró la cabeza con un sobresalto, y sus ojos se encontraron con los de Johnny, atrapando un instante que parecía suspendido entre la incredulidad, la emoción silenciosa.
Por un momento, ninguno de los dos dijo nada. Solo se oía el rumor lejano del tráfico y el viento frío que arrastraba el olor a comida callejera y gasolina. Doyoung permaneció inmóvil, con el rostro entre sorprendido y tranquilo al reconocerlo, mientras Johnny seguía con el brazo apoyado en la ventanilla, mirándolo.
-Vaya… sí que eres tú -dijo Johnny al fin, sonriendo apenas-. No pensé encontrarte en pijama y tan tarde.
Doyoung se ruborizó de inmediato, bajando la mirada hacia sus pantalones celestes de conejitos.
-Yo… solo bajé a comprar algo para cenar -murmuró, casi en un hilo de voz.
Johnny asintió lentamente, observándolo con atención. Su voz se suavizó al hablarle -No deberías andar solo por aquí. Sube, te llevo.
Doyoung negó al principio, inseguro. -No hace falta, de verdad. Vivo a unas pocas cuadras de aquí.
-Doyoung -interrumpió Johnny, pronunciando su nombre con calma-, no voy a dejarte caminar solo a medianoche. Vamos, no muerdo.
La forma en que lo dijo, mitad broma y cierto deje de súplica, lo hizo dudar. Johnny se inclinó un poco hacia el asiento del copiloto y empujó la puerta desde adentro, abriéndola. El aire caliente del coche se mezcló con el frío de la calle, envolviéndolo en una invitación silenciosa.
Doyoung lo miró, los labios entreabiertos, dudando un segundo más. Luego suspiró y cedió.
-Supongo que no tengo otra opción -dijo, y subió al auto, acomodando la bolsa de su compra sobre las piernas.
El motor rugió suavemente mientras Johnny retomaba la marcha. Durante unos segundos solo se escuchó el sonido de las ruedas sobre el pavimento. El estómago de Doyoung rugió fuertemente, rompiendo el silencio entre ellos. Johnny arqueó una ceja, divertido al notar lo rojo que se puso su bonito rostro.
-Dios, eso fue muy vergonzoso. -se lamentó Doyoung. Por qué justamente su estómago decidía pronunciarse es un momento como ese y precesamente frente a este hombre.
-Parece que alguien tiene hambre... -Lo miró de reojo, con una sonrisa que se notaba sincera-. ¿Que tal si comemos algo?
-Yo... -intentó decir Doyoung.- Acabo de comprar la cena.
Johnny soltó una leve risa, notando que dentro de su bolsa había unos paquetes de comida instantanea.
-Mh... -murmuró Johnny en voz baja-. Necesitas comida de verdad, no agua caliente con fideos.
-Estoy bien -replicó él, sin mirarlo- solo es fácil de preparar cuando llego tarde del trabajo y no tengo muchas ganas de cocinar.
-Bueno..., considera mi invitación como una cena decente -insistió Johnny.
Solo entonces cuando el estómago de Doyoung volvió a gruñir, Johnny no le permitió negarse convenciendolo finalmente. -Está bien...
Johnny giró el volante hacia una calle lateral mientras hablaba-. Hay un puesto de parrilla cerca del río Han, abren toda la noche. Realmente es delicioso, te encantará.
No hubo más discusión. Minutos después, el auto se detuvo frente a un puesto callejero que estaba casi vacío a esa hora. Una lona amarilla los cubría del viento que soplaba desde el río Han, y las lámparas colgantes lanzaban un resplandor tenue sobre las mesas metálicas. El aire olía a carbón, salsa picante y carne asándose, una mezcla tan reconfortante que el estómago de Doyoung volvió a gruñir cuando salió del auto.
Johnny se acercó junto a Doyoung al puesto y habló con el dueño con confianza amistosa como si lo conociera desde hace años. Pidió dos porciones de carne, arroz con verduras, kimchi, algunos platitos de banchan y un par de cervezas frías. Doyoung lo observó, sorprendido cuando la comida llegó.
-No creí que fueras a pedir tanto -comentó, intentando ocultar su sonrisa mientras se acomodaba frente a él.
-Es que se come con gusto -respondió Johnny con una media sonrisa, dejando la bandeja sobre la mesa sentandose frente a Doyoung-. Además, pareces hambriento.
Un leve sonrojo tiñó las mejillas de Doyoung, aunque no dijo nada. La mesa pronto se llenó de color, trozos de carne cruda dispuestos sobre la parrilla, el chisporroteo del aceite, el aroma a sésamo tostado y ajo, los pequeños platos de arroz agridulce con nueces, encurtidos y vegetales en tonos rojos y verdes.
Johnny tomó las pinzas con destreza, girando las tiras de carne con movimientos precisos. La grasa chispeaba, y el humo ascendía en espirales, envolviéndolos con ese olor inconfundible a parrilla. Doyoung observaba en silencio cómo el rostro de Johnny se iluminaba brevemente cada vez que el fuego reflejaba en sus ojos. Miró por un momento los destellos de la luna reflejándose sobre el agua, mientras la brisa húmeda rozaba su piel con suavidad.
-¿Sueles venir seguido aquí? -preguntó al fin, rompiendo el silencio mientras se inclinaba hacia adelante para ayudarle.
Johnny pensó un instante antes de responder. -Antes solía hacerlo. -Giró una de las piezas de carne y exhaló lentamente-. Sobre todo cuando era un estudiante universitario solía venir con mis amigos después de clases.
Doyoung lo miró de reojo. -¿Wooseok no te acompaña? -preguntó con cuidado, intentando sonar casual, aunque la curiosidad lo traicionaba.
Johnny soltó una breve risa, sin mirarlo. -No. -Negó con la cabeza, con una sonrisa extraña que se desvaneció enseguida-. A Wooseok no le gustan estos lugares demasiado. Siempre dice que el humo se le pega en la ropa y en el pelo así que lo evita a toda costa.
El silencio que siguió fue denso y casi incómodo. Doyoung bajó la mirada hacia la parrilla, sintiendo que quizá había dicho algo que no debía así que intentó cambiar el tema. -Ya veo... ¿Te graduaste al final?
Johnny, notó que Doyoung intentó cambiar el ambiente por lo que le pareció un poco gracioso y adorable al notar su pequeño puchero. -Lo hice -asintió despacio- Me gradué hace unos años. Ahora tengo mi propia empresa… nada muy grande, pero suficiente como para mantenerme ocupado. -Sonrió levemente, omitiendo que era dueño de una gran agencia de publicidad que había tomado importante relevancia en los últimos años- ¿Qué hay sobre ti?
Doyoung parpadeó, algo sorprendido por el interés. -… bueno, nací y crecí en Guri -respondió tras una breve pausa-. Me gradué allí, en la universidad local. Es un lugar pequeño y tranquilo pero el trabajo no abunda… y tampoco hay muchas oportunidades para crecer, así que me mudé a Seúl hace apenas unos meses.
Johnny lo observó con atención mientras el joven hablaba, notando el brillo tímido en sus ojos cuando hablaba. -Debe haber sido un cambio grande -comentó, sirviendo un poco de arroz en su plato.
-Lo fue -admitió Doyoung, dejando escapar una sonrisa cansada-. A veces extraño el silencio y sobre todo, el aire limpio. Pero también me gusta estar aquí. Siento que, de algún modo, puedo empezar algo distinto.
Johnny asintió en silencio.- Se necesita valor para eso -dijo finalmente, sirviéndole un trozo de carne perfectamente asada.
Doyoung lo miró con un atisbo de nostalgia. -Supongo que sí… aunque ahora mismo lo que más necesito es estabilidad -respondió con una risa suave-. O al menos una buena comida caliente, de vez en cuando.
Johnny sonrió, tomando una hoja de lechuga. Colocó un trozo de carne, un poco de arroz y un toque de salsa, y lo envolvió con las manos antes de extenderlo hacia él. -Entonces empecemos por eso -dijo, con un tono cálido-. Come.
Doyoung lo miró por un segundo, algo sorprendido por el gesto, pero aceptó el bocado directamente de sus dedos. Johnny lo miraba con una mezcla de ternura, y Doyoung desvió la mirada, fingiendo concentrarse en masticar.
-¿Está bueno, verdad? -preguntó Johnny, rompiendo el silencio.
-Mucho… -respondió Doyoung con una sonrisa pequeña y las mejillas hinchadas-. No recordaba la última vez que comí algo tan bueno.
Johnny soltó una risa suave. -Bueno, si alguna vez te aburres del ramen instantáneo, ya sabes a quién llamar.
-Deja eso... -Doyoung rió, cubriéndose la cara con la mano. -Es la cena ideal de un oficinista solitario.
-O de un joven que trabaja demasiado -replicó Johnny con voz más baja-. Deberías cuidarte. Estás demasiado delgado.
El comentario lo tomó desprevenido, y Doyoung bajó la mirada hacia su plato, sintiendo un calor leve subirle por el cuello. No estaba acostumbrado a que alguien lo mirara con ese tipo de atención.
-No estoy tan mal -murmuró, intentando desviar el tema-. Pero gracias… por preocuparte.
Johnny solo asintió, sirviendo otro trozo de carne y dejándolo sobre el plato de Doyoung sin decir nada más. El silencio que siguió fue tranquilo, casi reconfortante. El viento movía la lona del puesto y el murmullo del río llegaba suave desde el fondo.
-Me gusta este lugar -dijo Doyoung al fin, mirando alrededor-. Tiene algo acogedor.
Johnny levantó la vista, con una leve sonrisa.
-Sí -respondió-. Supongo que lo es.
Durante un rato comieron sin prisas. Johnny asaba la carne, y Doyoung cortaba en trozos con las tijeras mientras bebían un poco de cerveza. A veces se miraban sin decir nada o miraban la tranquilidad del rio y las luces de la ciudad. La tensión inicial se disolvió, siendo reemplazada por una calidez serena que parecía envolverlos junto con el humo del fuego.
~
El trayecto de regreso fue tranquilo, con la radio sonando bajo y las luces de la ciudad filtrándose por el parabrisas. Doyoung miraba por la ventana, sosteniendo la bolsa de su compra olvidada en su regazo. Aún podía sentir el calor del alcohol en la garganta y el eco suave de la risa de Johnny mientras hablaban en el puesto callejero.
Johnny conducía con una mano apoyada en el volante y la otra descansando sobre la palanca de cambios. Cada tanto, su mirada se desviaba hacia Doyoung. El abrigo de Johnny lo envolvía casi por completo, y bajo la tenue luz del tablero su rostro parecía más pequeño y frágil.
Cuando el auto se detuvo frente al complejo de apartamentos donde Doyoung lo había guiado, el silencio se volvió más espeso. Doyoung soltó un suspiro leve, girándose hacia él con una sonrisa pequeña.
-Aquí es... -murmuró- Gracias por la cena -dijo con sinceridad-. Fue agradable.
Johnny asintió, apoyando el brazo en el volante.
-No hay de qué. Me alegra que vinieras conmigo -respondió, con una voz grave y tranquila. -Mejoraste mi noche.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada. El aire dentro del auto se volvió espeso, lleno de esas palabras que ninguno se atrevía a pronunciar. Cuando Doyoung bajó la mirada, inseguro, sus dedos jugaron con el borde de la bolsa apoyada sobre su regazo.
-Debería irme -anunció con voz baja, casi tímida.
Hizo ademán de quitarse la chaqueta que Johnny le había prestado para el regreso ya que hacía demasiado frío, pero el hombre negó con un leve movimiento de cabeza.
-Quédate con ella -dijo, su voz grave y tranquila, con una calidez que hizo que Doyoung se detuviera a mitad de gesto-. Te queda bien.
Doyoung esbozó una pequeña sonrisa, apenas perceptible, intentando disimular el nudo que le formaban esas palabras. -Gracias… -susurró, bajando la mirada-. Entonces, creo que me iré.
Tomó la bolsa y abrió la puerta del auto.
-Buenas noches, Johnny.
Su voz sonó más suave de lo que pretendía, y por un segundo dudó antes de bajar. El aire frío de la noche lo envolvió de inmediato, haciéndolo estremecer.
Johnny lo siguió con la mirada mientras cerraba la puerta con cuidado, sin apartar la vista de su figura al alejarse hacia la entrada del edificio. Doyoung al mirar de reojo notó que Johnny aún no se había ido. De hecho se había bajado y estaba de pie junto al coche, observando discretamente que él entrara sano y salvo.
Doyoung se detuvo frente a la entrada y apretó la chaqueta entre sus dedos. Su respiración se volvió inestable. Había algo dentro de él que se resistía a despedirse así, con esa cortesía distante que no coincidía con lo que había sentido durante el momento que habían compartido.
Giró sobre sus talones y notó a Johnny, con las manos en los bolsillos del pantalón, el cabello un poco revuelto por el viento, y esa mirada que parecía debatirse entre la razón y el impulso.
Doyoung dio unos pasos hacia él, de regreso- -Johnny… -lo llamó, con voz baja y temblorosa-. ¿Quieres subir un rato?
Johnny lo miró sin responder al principio. Su silencio pesaba, y sin embargo, sus ojos decían mucho más que cualquier palabra. Los labios de Doyoung se entreabrieron, intentando mantener la calma mientras el hombre frente a él bajaba la mirada hacia ellos casi de manera inconsciente.
El corazón de Doyoung se aceleró. Sentía que debía detenerse, que aquello era una locura… pero también sabía que se arrepentiría si no lo hacía. -Podemos… tomar un café, si quieres -dijo, apenas en un murmullo, como si buscara una excusa débil para encubrir lo evidente.
Johnny exhaló despacio, desviando la mirada por un segundo. Había una batalla silenciosa en su interior. Desde que había comenzado a salir con Wooseok, jamás había mirado a nadie más, ni siquiera cuando las cosas entre ellos se habían vuelto grises. Pero ahora, frente a Doyoung, algo lo desarmaba por completo, tambaleando todo lo que nunca hubiera hecho. Tal vez era su inocencia, o esa forma en que lo miraba como si realmente lo deseara tan mal.
Sus miradas se encontraron de nuevo, y el aire entre ambos pareció cargarse de electricidad. Doyoung lo miró con ojos brillosos bajo la luz de la luna. Johnny, finalmente se acercó un poco, lo suficiente como para que el aliento de ambos se mezclara en el aire frío de la noche.
-¿Estás seguro de que quieres eso? -preguntó Johnny, en un tono bajo y casi ronco.
Doyoung asintió sin dudar, aunque su respiración lo traicionaba. -Sí… -susurró, mirándolo a los ojos. Sabía que, si aquella noche hubiera sido con Wooseok, no la habría anhelado con la misma intensidad ni con esa desesperación que solo Johnny le provocaba.
Johnny sostuvo su mirada por un instante más. Después, sin decir nada, deslizó una mano hacia su mejilla, apenas rozándola con el dorso de los dedos. Doyoung cerró los ojos ante el contacto sintiendo un escalofrío delicioso recorriéndole la piel, abriendo los parpados a mitad para encontrarse con la miranda anhelante de Johnny.
Ninguno de los dos se movió durante unos segundos que parecieron eternos. El aire entre ellos vibraba con algo denso, casi tangible. Finalmente, Johnny asintió con un gesto lento, apenas perceptible. -Vamos… no quiero que te enfermes, hace frío -murmuró, intentando sonar tranquilo, aunque la voz le tembló apenas. Era una excusa torpe, en un intento inútil de ocultar el calor que lo devoraba por dentro solo por tenerlo tan cerca.
Doyoung sonrió apenas, retrocediendo hacia la puerta de su edificio. Johnny lo siguió, y el sonido de sus pasos resonó en la entrada silenciosa.
El pequeño departamento de Doyoung era cálido y silencioso. Las luces tenues del pasillo creaban un espacio acogedor, y un leve aroma a té y lavanda impreganaban su hogar. No era un lugar lujoso, pero tenía ese tipo de orden que solo las personas cuidadosas lograban mantener, tenía libros apilados en equilibrio sobre una repisa, una manta doblada descansaba prolijamente sobre el sofá, y la laptop permanecía abierta en la mesa del comedor, como si hubiera estado trabajando hasta el último momento antes de salir.
-Es algo pequeño, pero es cómodo -murmuró Doyoung, cerrando la puerta tras él.
Johnny asintió, observando con calma. -Es agradable -respondió con una sonrisa leve-. Tiene tu estilo.
Doyoung se giró hacia la cocina, visiblemente nervioso después de descalzarse dejar sus zapatillas al lado de los zapatos de Johnny. -¿Quieres algo de tomar? Tengo té, café… -titubeó, como si buscara algo más interesante que ofrecer.
Johnny, por reflejo, pensó en un whisky, algo que pudiera calmarle la tensión que sentía en el pecho y le diera cierta valentía. Pero al mirar el rostro expectante de Doyoung, se limitó a sonreír. -Agua está bien -dijo finalmente.
Doyoung asintió y se alejó, dejando que Johnny se quedara un momento solo en la sala. El hombre aprovechó para mirar a su alrededor con más atención. Sobre una mesita, había un marco con una foto enmarcada de un Doyoung más joven y una mujer con rasgos similares, seguramente su madre, ambos sonriendo con una ternura que se sentía sincera. Junto a la ventana, una maceta con una pequeña planta marchita y un cartel hecho a mano que decía "aguanta un poco más". Sonrió sin poder evitarlo.
-¿Puedo usar el baño? -preguntó desde la sala cuando Doyoung regresó con un vaso de agua.
-Oh sí, claro. Es al fondo, a la derecha -respondió él, nervioso, señalando con la mano.
Johnny caminó despacio por el pasillo, pasando junto a una estantería llena de libros, y una vela sin encender. El baño era igual de sencillo. Limpio y ordenado, con un aroma suave a jabón de flores. Sobre el gancho de la puerta colgaba una bata de toalla con orejitas de conejo y pequeños corazones bordados en los bolsillos. Johnny no pudo evitar una breve risa nasal.
-Doyoung y sus conejitos… -susurró con una sonrisa ladeada.
Pero al levantar la vista hacia el espejo, su reflejo lo detuvo. Se quedó observando su propio rostro, el leve enrojecimiento en las mejillas, el brillo en los ojos. Sabía exactamente lo que significaba estar ahí, en ese departamento y a esa hora. No había excusas, ni justificaciones posibles. Estaba cruzando una línea y aun así, no quería retroceder.
Pasó una mano por su cabello, intentando calmarse, pero su respiración lo delataba. Hacía mucho que no sentía esto, ese deseo nuevo y genuino, casi adolescente que lo descolocaba por completo. Wooseok no le provocaba algo así desde hacía meses o tal vez años... Y ahora, todo ese fuego lo encontraba en los ojos de alguien que no debería haber deseado jamás.
El silencio del departamento se volvió casi palpable cuando Johnny volvió del baño. Doyoung lo esperaba en la sala, sentado en el sofá con las manos entrelazadas sobre las rodillas, fingiendo mirar el vapor que subía de su taza de té. El aire tenía ese leve aroma a lavanda que se mezclaba con su nerviosismo.
-¿Está todo bien? -preguntó Doyoung, intentando no sonar ansioso o por demás preocupado de que Johnny estuviera a punto de arrepentirse y dejarlo solo.
Johnny se acercó unos pasos, las manos aún húmedas por el agua del lavabo. -Sí… -respondió, con voz baja, mirándolo directamente a los ojos-. Todo está bien.
Doyoung bajó la mirada, pero el aire entre ellos se tensó de inmediato. Johnny se sentó a su lado, lo bastante cerca para percibir el aroma tenue a jabón y té que desprendía su piel. El silencio se volvió, denso y expectante. Johnny no dijo nada, pero en su pecho el corazón golpeaba fuerte.
No debía estar ahí, y, sin embargo, no quería irse.
Doyoung levantó la vista y le sonrió apenas, pero esa sonrisa se quebró rápido. Lo miró con una mezcla de timidez y deseo, la respiración acelerándose apenas. Podía notar cómo Johnny intentaba mantener la distancia, cómo su cuerpo se tensaba tratando de no ceder.
-Aquí tienes. -Su voz era suave y cercana.
Johnny tomó el vaso, rozando los dedos de Doyoung por accidente, y esbozó una sonrisa
-Gracias…
Se acomodaron en el pequeño sofá, los cuerpos cerca pero apenas tocándose. Doyoung encendió la televisión, dejando que el parpadeo de las imágenes y el sonido distante llenaran la habitación mientras permanecían en silencio.
Johnny finalmente quiso hablar -Doyoung… esto... quiero decir…
Pero Doyoung lo interrumpió, con una sonrisa apenas perceptible -No digas nada. -Se inclinó ligeramente hacia él, la voz cargada de intención-. Solo… quiero que me beses, Johnny.
Johnny lo miró fijamente, notando cómo la luz de la televisión resaltaba sus facciones delicadas y sus ojos brillantes llenos de deseo. Doyoung, por su parte, se acercó un poco más, ofreciendo sin palabras su permiso y su anhelo, mientras la distancia entre ellos se acortaba de manera natural, comprimida por la tensión acumulada y la cercanía del contacto inminente.
Ese fue el punto de quiebre. Su mano se alzó para tomarle el rostro, y Doyoung sintió el roce cálido de sus dedos antes de que sus bocas se encontraran por fin. El beso fue lento al principio, una exploración superficial, pero pronto se volvió más profundo y hambriento.
Doyoung gimió apenas contra su boca, aferrándose a su camisa como si temiera que él se apartara. Johnny lo sostuvo por la cintura, atrayéndolo con una fuerza que le resultaba tan conocida y, a la vez, tan distinta. Ya no era deseo mezclado con culpa, era su deseo puro y vivo, que crecía con cada respiración compartida.
Johnny lo besó como si el tiempo se hubiera detenido, y necesitara memorizar el sabor de esos labios que antes no se había permitido probar. Las manos de Doyoung se movieron por su cuello, su cabello, sus hombros y su pecho, buscando más contacto y piel. Quería sentirlo todo. Quería que lo devorara, que lo hiciera suyo, aunque supiera que después nada volvería a ser igual.
Cuando Johnny bajó su frente contra la suya, respirando agitado, Doyoung murmuró casi sin voz- No pares..
Doyoung cerró la distancia entre ellos con decisión, apoyando una mano en el hombro de Johnny y atrayéndolo hacia sí. Sus labios se encontraron con hambre, profundos y desesperados, saboreando la mezcla de anticipación y deseo que ambos habían contenido desde que entraron al departamento. Johnny correspondió inmediatamente, inclinándose sobre él, sus manos explorando los costados, la cintura y el trasero de Doyoung, apretando con firmeza y dejando claro su control.
El impulso de Doyoung lo llevó a recostarse sobre el sofá, y Johnny se acomodó sobre él, ajustando su peso sin perder el contacto visual. Cada caricia y roce de sus manos hacía que Doyoung arquease la espalda y se presionara contra él, buscando más cercanía. Mientras Johnny colaba una mano bajo su camiseta y le acariciaba el vientre y el pecho.
Con un movimiento casi instintivo, Doyoung levantó las caderas, frotando su entrepierna contra la pierna de Johnny, sintiendo el calor y la dureza del cuerpo del mayor. Los jadeos y susurros se mezclaban en el aire, llenando la habitación de un calor palpable y un deseo eléctrico. Entre cada roce, apretón y empuje sutil aumentaba la tensión entre ellos, dejando que la excitación y el hambre de contacto crecieran hasta hacerse casi insoportables, tal así que Doyoung gimió contra la boca que chupaba sus labios.
Johnny lo miró un instante, sintiendo cómo cada palabra quemaba y encendía su deseo.
Por un momento cuando se trasladaron a la habitación, Doyoung no perdió el tiempo de atraer a Johnny hacia él en la cama.
Cuando este llegó a los pantalones del pijama, Johnny se detuvo un instante para admirar, y entonces lo notó con cierta sorpresa. Doyoung no llevaba ropa interior. Su pene estaba libre y muy duro. Era de tono rosado, ligeramente húmedo y oscuro en la punta solo por los besos previos y el calor que irradiaba su cuerpo, una invitación silenciosa que lo hizo tragar saliva.
-¿Cómo es que estás tan duro? -murmuró Johnny, con la voz grave y ronca de deseo, mientras lo recostaba despacio sobre la cama-. ¿Venías excitado todo el camino? -sus labios rozaron el cuello y la mandibula de Doyoung antes de soltar una risa baja-. ¿O querías que te tomara en el coche, ah? ¿Eso era lo que querías? ¿Por qué no lo dijiste?
La tensión entre ellos se volvió casi insoportable. Con movimientos urgentes y deseosos, comenzaron a despojarse de la ropa, sus manos recorriendo con impaciencia los cuerpos del otro mientras cada prenda caía al suelo. El calor de sus cuerpos aumentaba con cada movimiento sugerente, donde la anticipación los mantenía temblando.
Doyoung arqueó la espalda apenas, ansioso, dejando que Johnny recorriera su torso con la punta de los dedos, besando el cuello, los hombros y descendiendo hasta el pecho cerca del corazón, cada contacto provocando escalofríos que lo recorrían por completo. Su respiración era entrecortada, y sus manos se aferraban a los brazos fuertes de Johnny, deseando más de esa atención.
-Johnny… -jadeó Doyoung, su voz quebrada por la necesidad- Tocame más… tócame más.
Johnny sonrió entre beso y beso, sintiendo cómo el cuerpo de Doyoung se moldeaba contra el suyo. Cada curva y nervio tenso, cada reacción lo excitaba más. La sensación de control mezclada con la vulnerabilidad de Doyoung lo volvía loco. Sus labios exploraban la piel pálida de Doyoung, mientras sus manos lo tocaban con cuidado marcandolo con su boca y provocando gemidos suaves que hacían eco en la habitación.
Doyoung quería sentirlo por completo, necesitaba que lo hiciera suyo, que lo poseyera con besos, con sus grandes manos y sus miradas ardientes, mientras Johnny disfrutaba del deseo evidente, jugando con la anticipación antes de cualquier otra cosa.
Johnny bajó lentamente, sus labios explorando cada centímetro del cuerpo de Doyoung atrancandole respiraciones y ligeros sonidos dulces y calientes. Comenzó por los muslos, besando suavemente la piel rosada y carnosa, dejando pequeñas mordidas que subían desde el interior de los muslos hasta la base de la cadera, donde el calor del deseo se concentraba.
Con un suspiro contenido, Doyoung arqueó la espalda, dejando que Johnny lo explorara más, mientras los labios de Johnny ascendían por su vientre, rozando sus pezones duros con pequeñas mordidas que provocaban escalofríos. Johnny bajó de nuevo, tomando con delicadeza sus testículos en la boca para chuparlos deslizando la lengua plana desde su cavidad anal hacia el musculo pesado de su erección. Sin anticipación lo obligó a girarse de espaldas sobre la cama, posicionándolo perfectamente de rodillas sobre el colchón.
Sus manos lo sostenían firme, acariciando con cuidado cada curva, apretando los glúteos suaves y carnosos, llenando sus palmas mientras recorría la línea que unía el trasero con la espalda baja, inclinandose para morder los hoyuelos que se marcaba allí sensualmente. Lo abrió ligeramente, encontrando el anillo rosado humedo por su propia saliva, frotando con intención las yemas de sus dedos en la zona.
-¿Tienes lubricante? -preguntó Johnny con voz grave, mientras sus dedos recorrían el interior de los muslos de Doyoung.
-Está en el cajón -respondió Doyoung con un jadeo, anticipando lo que venía.
Johnny se estiró para buscarlo y lo encontró, junto a un condón, pero notó que el pomo de lubricante estaba casi vacío. Sonrió con un brillo travieso.
-Parece que te diviertes muy bien -bromeó, encubriendo un poco de sus celos.
-Yo, solo… yo… lo uso mucho… -Doyoung admitió, con la voz temblorosa pero sincera- He fantaseado contigo y tus dedos… donde solo me follas duro. Mis dedos no logran hacer un buen trabajo así que siempre quedo insastifecho.
El rostro de Johnny se tensó de placer ante la confesión, su excitación creciendo exponencialmente. Apenas tuvo tiempo de bajarse los pantalones sintiendo su ereccion muy dura, apretando la cabeza de su pene para intentar contenerse. Doyoung gemía y lo pedía sin control, dejando claro que no quería nada más que ser poseído.
Johnny se posicionó detrás de Doyoung, apoyando una rodilla sobre la cama mientras se mantenia de pie. Sus manos aún recorriendo los glúteos carnosos y suaves, acariciando y apretando mientras deslizó con cuidado el condón sobre su pene endurecido y luego se hechó suficiente lubricante, espaciendolo por el largo de su pene. Respiraba hondo, disfrutando de cada reacción de Doyoung, de cómo su respiración se entrecortaba y sus caderas buscaban el contacto incluso antes de la penetración.
-Relajate, cariño… -murmuró Johnny, deslizando lentamente la punta dentro de él y sintiendo gran resistencia a su tamaño-. Tú me dijiste que me querías… puedes tomarme muy bien.
Doyoung arqueó la espalda, dejando que Johnny lo llenara lentamente, jadeando al sentir el grosor de su pene abrirlo por completo. Sus manos se apoyaron en la cama, aferrándose a las sábanas mientras Johnny se movía con paciencia al principio, dejando que cada centímetro se acomodara mientras los ojos de Doyoung se humedecían por el ardor al ser penetrado.
Cuando Johnny comenzó a moverse, sus caderas se sincronizaron con las de Doyoung, cerrando los ojos y gimiendo con fuerza. El calor de su cuerpo y la firmeza de Johnny lo mareaban, la manera en que sus manos se aferraban a su carne lo hicieron sentirse completamente y totalmente suyo.
Johnny se apartó apenas, dejando espacio para que Doyoung se girara boca arriba. Sin perder un segundo, Johnny se subió sobre su cuerpo, apoyando las manos a ambos lados del torso de Doyoung, dominando el contacto sin dejar de ser delicado. Doyoung, con un hilo de respiración entrecortada, levantó una pierna y se ofreció por completo, con su cuerpo temblando de anticipación al borde del su orgasmo si continuaban así.
Johnny lo penetró de nuevo, primero con lentitud, dejándolos sentir cada músculo tensándose bajo su peso. La piel sudada se rozaba con fricción perfecta, cada movimiento aumentando la intensidad del calor que los consumía. Los gemidos de Doyoung se mezclaban con los de Johnny, creando un ritmo propio, en una danza de urgencia y necesidad imposible de detener.
El pecho de Johnny presionaba contra el de Doyoung mientras sus caderas se encontraban en sincronía, y cada empuje llevaba a ambos más cerca del límite. Doyoung arqueaba la espalda, aferrándose al cabello y clavando sus yemas en los hombros de Johnny, mientras el calor en su interior se volvía casi doloroso de tan intenso. Sus muslos temblaban, rozándose contra los de Johnny, buscando más fricción y más contacto, y más de él.
-Johnny… -jadeó Doyoung, apretando los hombros de Johnny con fuerza, la cabeza echada hacia atrás-. Necesito… por favor…
Johnny sonrió con deseo y orgullo, sintiendo cada gemido como una confirmación de su poder sobre él, y al mismo tiempo, de su necesidad compartida. Aceleró suavemente, ajustando el ritmo para que cada embestida fuese medida pero implacable, hasta que ambos se encontraban al borde, respirando con dificultad y aferrados el uno al otro, consumidos por un calor que parecía expandirse en toda la habitación.
Cuando finalmente el clímax los golpeó, Johnny no soltó a Doyoung. Lo sostuvo firme contra su cuerpo, dejándolos desplomarse juntos en la cama, con sus cuerpos entrelazados, respirando agitadamente, con la sensación de que nada más existía fuera de ese instante. Cuando Johnny se retiró del interior de Doyoung, se quitó el condón con cuidado, anudándolo antes de tirarlo al suelo, y permaneció abrazado a Doyoung, dejando que el sudor y el calor de sus cuerpos compartidos hablaran por sí mismos, mientras la tensión y el deseo apenas comenzaban a disiparse.
-Eres increíble -murmuró Johnny, besando el plexo solar de Doyoung, mientras sus manos acariciaban aún la cintura del chico.
De repente, su teléfono vibró en el bolsillo de su pantalón tirandos por el suelo. Johnny lo tomó y vio el nombre en la pantalla, era Wooseok. Frunció ligeramente el ceño antes de abrir el mensaje. La expresión de Doyoung, todavía flotando entre satisfacción y cansancio, cambió al notar el cambio en Johnny, apoyandose entre sus codos al incorporarse.
-Wooseok está en casa… debo irme -dijo Johnny un poco más serio.
Doyoung sintió un pinchazo de decepción. Quiso acurrucarse contra él, quedarse allí unos segundos más, pero asintió, conteniendo un suspiro. Sin embargo, Johnny inclinó su rostro hacia él y lo besó suavemente en los labios, un beso breve pero cargado de ternura y promesa.
-Dame tu teléfono -pidió, y Doyoung se lo pasó. Johnny lo tomó con cuidado y escribió su número, asegurándose de que quedara registrado. -Cualquier cosa que necesites… llámame -susurró, apoyando una mano en la mejilla de Doyoung, acariciándola suavemente-. No importa la hora.
Doyoung miró la pantalla, viendo el número de Johnny junto al suyo, y sintió una mezcla de alivio y tranquilidad. Aunque Johnny tenía que irse, ese gesto le daba la sensación de que, de alguna manera, aún podían mantener ese vínculo y conexión que nadie más podía tocar.
Se quedaron un instante más en silencio, con sus cuerpos casi pegados, compartiendo la calidez del momento antes de que Johnny se levantara para vestirse y salir, dejando atrás un rastro de promesas y deseo que Doyoung ansiaba y necesitaba de Johnny.
