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No debería saber eso

Summary:

Steve Harrington no debería saber reconocer los pasos de los niños.
No debería saber qué desayuna cada uno, ni tener los números de sus madres doblados en el bolsillo, ni preocuparse por llevarlos a casa cuando anochece.
Y sin embargo, lo sabe.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Steve se dio cuenta de que algo había cambiado cuando empezó a reconocer los pasos.

No los suyos.

Los de los niños.

Sabía quién caminaba sin mirar el suelo, quién arrastraba los pies cuando estaba cansado, quién no podía quedarse quieto ni dos segundos seguidos. Incluso sin mirarlos, podía adivinar quién entraba a la sala solo por el sonido.

No debería saber eso.

Pero lo sabía.

La tarde había pasado sin que se diera cuenta. Una película que realmente nadie vio, risas demasiado fuertes, migas en el sillón y voces que se superponían. Hawkins estaba oscura cuando alguien mencionó la hora, y Steve levantó la vista de golpe.
—Oigan… —dijo— ¿qué tan tarde es?
Los vio mirarse entre ellos. Lucas fue el primero en hablar.
—Deberíamos irnos. Mañana hay clases.
Steve frunció el ceño al instante.
—¿Irse? ¿Ahora? —miró por la ventana—. ¿A oscuras? ¿Están locos?
—Steve, vivimos cerca —intentó Max, encogiéndose de hombros.
—Así es como se pierden —respondió el, recordando lo sucedido con Will—. O peor.
Hubo un silencio breve. Steve suspiró, se pasó una mano por el cabello y ya estaba buscando el teléfono antes de darse cuenta.
—Ni hablar. Se quedan aquí.
—¿Qué? —preguntaron varios a la vez.
—Llamaré a sus padres —continuó, como si fuera lo más obvio del mundo—. Les diré que están a salvo y que se quedan esta noche. Mañana los llevo yo.
Nadie discutió.
Y eso fue lo que más lo sorprendió.
Se produjo un silencio, no parecía romperse hasta que...
—¡Pijamada! —gritó Dustin, levantando los brazos entusiasmado.
El ruido volvió de golpe. Risas, comentarios cruzados, planes que nadie había pedido pero todos parecían tener. Steve negó con la cabeza, aunque una sonrisa traicionera se le escapó mientras marcaba el primer número.
—No griten —advirtió—. Esto es serio.
Jonathan observaba la escena desde la cocina, apoyado en el marco de la puerta. No decía nada. Solo miraba. A los chicos corriendo de un lado a otro, felices, seguros. A Steve caminando de un lado al otro con el teléfono en la oreja, hablando con voz firme, tranquila, como si esto fuera lo más normal del mundo.
—Sí, señora Sinclair… están todos bien.
—Sí, conmigo.
—No, no es molestia. Yo los llevo mañana.
Jonathan sonrió sin darse cuenta.
Se acercó despacio, esperando a que Steve cubriera el auricular con la mano.
—¿Y… de dónde sacas los números? —preguntó en voz baja, divertido.
Steve levantó la vista, como si recién notara que Jonathan estaba ahí. Metió la mano al bolsillo trasero del pantalón y sacó un papel doblado mil veces. Lo abrió con cuidado.
Había nombres.
Números de teléfono.
Notas al margen.
Jonathan inclinó la cabeza para leer mejor.
—Por si acaso —dijo Steve, encogiéndose de hombros—. Estos niños son unos rebeldes, un día van a ir a dar al hospital y alguien debería avisar a sus madres.
Jonathan lo mira.
Luego volvió a mirar el papel.
Y después, a Steve.
No dijo nada.
Pero en su sonrisa había algo distinto. Algo más profundo.
Como si, en ese momento, entendiera que Steve Harrington no solo los cuidaba.

Los había elegido.

-¡Bien!- Exclama Steve soltando el teléfono después de terminar su quinta llamada.- Sus madres y Hopper están informados así que mientras preparo sus habitaciones se quedan aquí, sin hacer alguna estupidez. ¿Entendido?

-Si, Steve- Se oye un grito al unisono.
Steve le hace una mueca a Jonathan para que lo siga y ambos suben al segundo piso.

Empieza a abrir puertas, contando en voz baja cuántos colchones hay disponibles, qué camas se pueden compartir sin que nadie se queje demasiado. Jonathan lo observa desde el pasillo, apoyado en la pared, viéndolo moverse con una seguridad que no le conocía antes.
—Dustin y Mike pueden dormir aquí —dice Steve—. Lucas con Will, así no se quedan hablando toda la noche… aunque igual lo harán. Max puede usar la cama de invitados junto con El.
Jonathan asiente, pero no deja de mirarlo.
—Te los sabes de memoria —comenta.
Steve se encoge de hombros mientras estira unas sábanas limpias.
—Alguien tiene que hacerlo.
Jonathan se acerca para ayudarlo a poner una almohada. Sus manos se rozan apenas, un gesto pequeño, cotidiano. Steve ni siquiera se detiene a pensarlo.
—¿Siempre fuiste así? —pregunta Jonathan de pronto.
Steve levanta la vista.
—¿Así cómo?
—Así de… atento.
Steve duda un segundo. Luego sonríe, incómodo.
—No —admite—. Pero supongo que alguien tenía que aprender.
Desde abajo se escucha una risa fuerte y el sonido de algo cayendo al suelo.
—¡HEY! —grita Steve desde la escalera—. ¡Nada de romper cosas!
—¡Perdón! —responden varias voces a la vez.
Jonathan suelta una risa suave.
—Te respetan.
Steve lo mira de reojo.
—No sé si esa es la palabra.
—Yo creo que sí.
Siguen acomodando las habitaciones en silencio. No es incómodo. Jonathan piensa que pocas veces ha visto algo tan simple sentirse tan… lleno.
Cuando bajan, los chicos ya están sentados en el piso con juegos desordenados. Steve los mira uno por uno, como contando cabezas otra vez.
—Bien —dice—. En veinte minutos, todos arriba. Dientes lavados, pijamas puestas.
—¿Y tú qué haces? —pregunta Max, arqueando una ceja.
Steve parpadea.
—Yo… —mira a Jonathan— superviso.
Steve sonríe y, cuando ve a los niños ir al baño para hacerle caso, se gira hacia Jonathan y lo besa. Empieza tierno, casi distraído, y luego se vuelve más intenso. Jonathan muerde con cuidado el labio de Steve, y este responde al beso con una risa ahogada.
—Au —murmura Steve sin quejarse del todo.
—Perdón —susurra Jonathan, todavía cerca.
No se separan de inmediato.
El sonido de pasos en la escalera los hace reaccionar tarde.
—Steve… —dice una voz suave.
Ambos se giran de golpe.
Once está de pie al final del pasillo, con el pijama ya puesta y el cabello un poco despeinado. Los mira con curiosidad, no con sorpresa.
Sus ojos bajan al labio de Steve.
—¿Te lastimó? —pregunta, seria—. Estás sangrando.
Steve parpadea.
—No, no —dice rápido, agachándose frente a ella—. No duele.
Once frunce el ceño, claramente no convencida. Se acerca un paso más.
—Jonathan —dice, mirándolo fijo—. No debes hacerle daño a Steve.
Jonathan se congela un segundo. Luego sonríe, nervioso.
—No lo hice a propósito —responde—. Jamás le haría daño.
Once lo observa unos segundos más, como evaluando la respuesta. Finalmente asiente.
—Está bien —dictamina—. Pero cuídalo.
Steve siente algo apretarse en el pecho.
—Siempre lo hace —dice, apoyando una mano en el hombro de Jonathan.
Desde atrás aparece Max, cruzada de brazos.
—Darse besos con Jonathan no es supervisarnos- Dice Max con burla en su voz.
—Ya mocosos, a acostarse—responde Steve demasiado rápido.
Max sonríe con malicia pero no dice nada y lo sigue al lado de Jane..

-Aqui van a dormir los chicos y en la del lado las chicas. Si me necesitan estoy en la del fondo. ¿Dudas?
-¿Y si tengo otra pesadilla? -Pregunta Will algo apenado.
-Puedes ir a hablarme, no hay problema. También está tu hermano, así que tienes hasta para elegir. -Bromea Steve, sacando una pequeña risa del pequeño

Steve espera a que todos estén más o menos acomodados. Más o menos, porque claramente nadie está realmente listo para dormir.
—Bien —dice apoyándose en el marco de la puerta—. Buenas noches.
—Buenas noches, Steve —responden algunos, desordenados.
Steve entra primero a la habitación de los chicos. Dustin ya está boca abajo, Mike mirando el techo, Lucas de lado y Will abrazando la almohada.
Steve se acerca sin hacer ruido. Les acomoda una frazada, apaga la luz dejando solo la lámpara pequeña encendida.
—Nada de hablar toda la noche —advierte en voz baja.
—Eso dijiste antes —susurra Dustin.
—Y esta vez lo digo en serio.
Dustin sonríe, pero asiente.
Steve se detiene un segundo junto a Will. Se inclina un poco.
—Recuerda lo que dije, ¿sí? —murmura—. Si pasa algo… vienes.
Will asiente, tranquilo.
—Buenas noches, Steve.
—Buenas noches, campeón.
Cierra la puerta despacio y pasa a la habitación de las chicas. Max está sentada en la cama con los brazos cruzados; Once ya está acostada, mirando el techo.
—¿Todo bien aquí? —pregunta.
—Si ronca, la empujo —dice Max señalando a El.
—No ronco —responde Once, seria.
Steve reprime una risa.
—Nada de empujar a nadie. Buenas noches.
Once se incorpora apenas.
—Buenas noches, Steve.
Hay algo en su voz. Steve se detiene.
—¿Sí?
Ella duda un segundo, luego dice:
—Gracias por dejarnos quedar.
Steve siente otra vez esa presión en el pecho.
—Más bien los obligue- Bromea levemente. Ambas lo miran, agradeciéndole.
Apaga la luz y cierra la puerta.
El pasillo queda en silencio por fin.
Steve baja la voz, como si la casa pudiera oírlo.
—Listo.
Jonathan lo espera apoyado en la pared del fondo. Lo mira con una sonrisa suave, casi reverente.
—Eres increíble —dice simplemente.
Steve se encoge de hombros, cansado pero contento.
—Buenas noches para ti también —responde—. Mañana va a ser largo.
Jonathan se acerca y le da un beso corto, cuidadoso esta vez.
—Buenas noches, Steve.
Steve apaga la última luz.
Y por primera vez en mucho tiempo, Steve no se siente solo.

...

La mañana llega demasiado rápido.
Steve no despierta solo.
Despierta porque algo se mueve, pesa y respira demasiado cerca.
Abre los ojos.
Seis caras lo miran desde arriba.
—…¿Por qué están todos aquí? —murmura, todavía medio dormido.
—Tenemos hambre —dice Max, sin rodeos.
Steve gira la cabeza y ve el reloj.
Demasiado temprano.
—¿No dijeron ayer que tenían escuela? —pregunta, intentando ganar tiempo.
—Sí —responde Mike—. Por eso.
Steve cierra los ojos un segundo.
—Genial.
Se levanta arrastrando los pies y baja con ellos a la cocina. No pregunta, pero se queja en silencio.
Pocos minutos después, el sonido de la waflera llenando la cocina se mezcla con el del tostador y una sartén calentándose. Jonathan se asoma, aún algo adormilado.
—¿Gofres? —pregunta el.
—Sí —responde Steve—. Para Once.
Empieza a servir.
-¿Solo para Once? - Se sorprende Jonathan, intenta dedifrar porque los demás no. Es cuando Steve nota lo confundido que está.
—Will, prefiere tostadas con huevo —dice sin mirar—. Mike, cereal, Max, mermelada, pero poca. Dustin… —lo mira— Dustin prefiere un sándwich.
—¿Cómo sabes todo eso? —pregunta Lucas desde la mesa.
Steve se encoge de hombros.
—Pasan demasiado tiempo aquí.
-¿Cómo haces eso? Son seis, eso es difícil.
Steve no responde, solo sirve el último plato y se sienta un segundo para tomar café.
Comen rápido, hablando entre bocados, quejándose de la hora, de las clases, del frío.
Jonathan los observa como si estuviera viendo algo que no sabía que necesitaba ver.
Una familia improvisada.
Cuando terminan, Steve se levanta de nuevo.
—Vamos. Mochilas, chaquetas. Los llevo.
—¿A todos? —pregunta Max.
Steve asiente.
—A todos.
Jonathan lo mira salir con los chicos, uno por uno.
Y piensa que quizá Steve Harrington ya tiene sus 6 hijos.

Sus pensamientos se disuelven cuando escucha gritos afuera.
—¡Yo voy adelante!
—¡No, me mareo atrás!
—¡Siempre me aplastan!
Steve abre la puerta del auto y los mira con los brazos cruzados.
—Jonathan va adelante —dictamina—. Todos ustedes atrás.
—¿Por qué él? —protesta Dustin.
—Porque mide más que ustedes—responde Steve—. Y porque yo manejo.
Jonathan sonríe al subirse.
—Ventajas de ser adulto.
El auto arranca entre mochilas mal puestas, rodillas chocando y quejas cruzadas.
—¡Will, me estás pisando!
—¡No soy yo!
—¡Max, deja de empujar!
—Cinco minutos —advierte Steve—. Si no se calman, apago la radio.
Se callan.
Dura poco.
—Oigan —dice Dustin desde atrás—. Steve.
—¿Qué?
—¿Tú crees que cuando seamos grandes podamos quedarnos todos juntos así?
Steve no responde de inmediato.
Jonathan lo mira de reojo.
—Eso depende —dice Steve al final—. De que no hagan tonterías.
—Entonces no —dictamina Max.
Ríen.
La primera parada es Dustin.
—Nos vemos —dice bajándose—. Gracias por el desayuno.
—Cepíllate los dientes —responde Steve—. Y no corras al cruzar.
—Sí, señor —contesta Dustin, exageradamente serio, antes de cerrar la puerta.
La siguiente es Max.
Steve se gira apenas.
—Directo a clases. Nada de desviarte.
Max baja del auto, rueda los ojos y sonríe de lado.
—Sí, papá.
Steve se queda quieto un segundo.
—Te estoy oyendo —dice.
—Lo sé —responde ella, cerrando la puerta.
Lucas es el siguiente.
Algo se oprime en su pecho entonces.
—Gracias, Steve —dice, más tranquilo.
—Nos vemos después —responde él.
Luego Mike, todavía medio dormido.
—No te saltes el almuerzo —le dice Steve.
—No prometo nada —murmura Mike, bajándose.
Cuando se detienen frente a la casa de Will, él no se mueve de inmediato.
Mira a Jonathan.
—¿No te bajas aquí?
Jonathan sonríe.
—Steve me lleva a la escuela —responde—. Saluda a mamá por mí.
Will frunce el ceño.
—¿Y por qué a ti sí y a mí no?
Steve se inclina un poco desde el asiento.
—Porque hoy paso directo —dice—. Pero otro día te llevo, ¿sí?
Will lo mira, dudando.
—¿De verdad?
—De verdad.
Will asiente, conforme, y baja del auto.
—Gracias, Steve.
—Siempre.

La última parada es la de Once.
El auto queda en silencio cuando ella se baja. Antes de cerrar la puerta, se inclina.
¿Hoy también vuelves?
Steve parpadea.
—¿A buscarte?
Ella asiente.
—Si quieres —responde—. Si no, otro día.
Once lo observa, como si midiera la respuesta.
—Quiero —dice finalmente.
Steve sonríe.
—Entonces sí. Vuelvo.
Once baja, pero antes de cerrar la puerta se gira otra vez.
—Steve.
—¿Sí?
—Gracias.
Ella cierra la puerta y entra.
Steve se queda un momento con el auto detenido, las manos apoyadas en el volante.
Jonathan lo observa desde el asiento delantero.
—Sabes —dice—. Es como si fueran tuyos.
Steve resopla.
—No exageres.
Jonathan sonríe.
Steve arranca de nuevo.
No importa cuántas veces los dejara en sus casas.
Siempre sabía lo mismo.
Iban a volver.

Notes:

Holaa! Espero te haya gustado. He estado buscando fics dónde Steve tenga una dinámica similar con the party pero no he encontrado nada así que decidí escribirlo yo. Si encuentras algo así no dudes en dejarlo en comentarios.

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