Chapter Text
Morir no es algo que cualquier persona se plantee o espere con ansias. La gente suele aspirar a vivir una vida larga, cómoda y feliz. No es mi caso.
No digo que una vida larga y próspera no sea genial, mi vida no es una mierda. Vivo con mi padre y mi hermano, los quiero, pero no me llena. Hubo un tiempo en el que sí, solía salir casi todos los días, me reía, iba a fiestas, bebía con mis amigos y lo pasaba bien con algún que otro novio, ¿ahora? ahora solo quiero desaparecer.
Mi madre murió hace 4 años y es cómo si el mundo - mi mundo- se hubiera detenido. Nunca he sido una persona apegada. ¿La quería? sí. ¿la amaba? Ni siquiera sé que es el amor; lo único que conozco es el dolor que queda cuando esa persona ya no está. Duele. Duele tanto no poder volver a pelearme con ella por cualquier tontería, irme a dormir sin un beso de buenas noches. Duele no tenerla. Duele no saber quién eres sin la persona a la que le has dedicado toda tu vida.
Es cómo el dolor de un miembro fantasma: sabes que la extremidad no está ahí porque la han extirpado, pero aún así puedes sentirla. Esto es lo mismo. La siento. Siento que es real. Duele. Pero no está.
Y me molesta.
Me cabrea.
Odio que durante toda mi puta vida no la haya conocido de verdad. Todos tienen una versión de ella que ni mi hermano ni yo conocemos. Para nosotros siempre fue una paciente de cáncer luchando por sobrevivir. No me malinterpretéis, no es que no me sienta orgullosa de ella. Pero me jode que lo único que haya conocido haya sido una ínfima parte de ella y aun así echarla de menos, ¿por qué voy ha tener que echar de menos a alguien que, en realidad, no llegué a conocer?.
A mis 26 años, por culpa de un cáncer que ya le podría haberle tocado a otra persona, estoy perdida en la vida, estancada estudiando una puta carrera que no tengo los cojones de acabar por miedo al qué pasará, sin saber quien soy sin ser su cuidadora, sin tener que estar pendiente de una persona, sin tener un propósito.
Acabé alejándome de todos, de mi hermano, que consiguió seguir adelante, lo entiendo, es pequeño, no tiene ni idea de lo que és ser el saco de boxeo emocional de un paciente enfadado con la vida, de mi padre, que sigue enamorado de mi madre pese a que no está, de mis amigos, a los que no se les pasó el tiempo y siguieron con su vida. Siento la presión constante de todos, preguntándose porqué no avanzo, por qué sigo estancada. Y yo lo único que quiero es desaparecer.
Estoy cansada de todas las expectativas que no pedí puestas en mí, así que sí, espero con ansias el día en que todo esto termine. No porque adore la idea de morir, sino porque quiero que se acabe esta mierda de vida que me ahoga. No puedo respirar, quiero dejar de sentir, de tener que fingir cada puta sonrisa, quiero dejar de existir.
Y hoy al fin el puto universo, Dios, Buda o quien coño sea, decidió escucharme.
Apenas registré el coche que se acercaba a toda prisa mientras cruzaba la calle. Lo que sí registré fue el dolor sofocante que sentí en todo el cuerpo cuando aterrice en el suelo a unos metros del coche, voces llamando a la ambulancia, el llanto de desconocidos por la “desgracia” que estaba ocurriendo ante sus ojos.
¿Yo?
Yo no había estado tan en paz en mi puta vida.
