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Táctica y estrategia

Summary:

"Porque prefería mil veces estar acostado al lado de Pablo y sufriendo por su amor no correspondido, que compartir la cama con alguien que no lograba llegar a su corazón".

Lionel empieza a sentir cosas por Pablo, cosas que no debería, que no se sienten en una amistad normal. Pero su amistad no es tan común, porque los amigos no comparten la cama, ni se hacen mimos hasta quedarse dormidos.
Ed Sheeran escribió Friends en base a ellos dos.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

Mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo ni sé

con qué pretexto

por fin me necesites.

 

Mario Benedetti



No sabía en qué momento lo había empezado a querer. Se dio cuenta que hacía lo que sea para verlo sonreír con sus ojos achinados y las pequeñas arrugas que se le formaban alrededor de las comisuras. Empezó a anhelar su presencia más de lo que hubiese deseado, más de lo socialmente establecido para una amistad. Cada vez que escuchaba sus pasos en la entrada, su corazón se aceleraba. Cuando sus miradas se cruzaban, sentía que podían leerse la mente de tan bien que se conocían. Dentro suyo se encendía una chispa que se apagaba en un abrir y cerrar de ojos. 

 

Reprimir y disociar era la única solución que había encontrado Lionel para cuando su mente empezaba a divagar ¿Cómo podía pensar así de su mejor amigo? ¿En qué momento se había permitido fantasear así? Se conocían desde la adolescencia e incluso compartían el mismo techo en un intento de minimizar los gastos de vivir en la gran ciudad. 

 

Lionel había estado al lado de Pablo cuando su primera novia lo dejó y se emborrachó tres fines de semana seguidos. Lo había abrazado todas las noches en las que lloró por el frágil estado de salud de su madre y hasta lo había soportado con los nervios de punta incontables veces antes de un exámen final. La convivencia hizo que conocieran hasta el último detalle del otro. Pablo sabía cuánto disfrutaba Lionel de los pequeños gestos . Era el primero en despertarse para llevarle el desayuno a la cama en sus cumpleaños. Sabía que sus problemas de insomnio se agravaban en las noches de tormenta y sin que el santafesino se lo pida, se acurrucaba en la cama junto a él para acariciarle el pelo hasta que se durmiera. Aunque debía admitir que esa escena se repetía con más frecuencia que las lluvias en Buenos Aires. Era como un pequeño secreto. La cama compartida se volvía un lugar seguro y el contacto físico era inevitable. 

 

No quería dejarse llevar por lo que él consideraba delirios , pero más de una vez se encontró fantaseando con decirle a Pablo lo que le estaba pasando. Quizás se reirían advirtiendo lo ridículo de la situación y pasarían rápido de página. Ni siquiera se lo había dicho a alguien porque estaba seguro que si lo pronunciaba en voz alta, todo se volvería real.