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Language:
Español
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Published:
2026-02-23
Updated:
2026-03-08
Words:
2,648
Chapters:
2/?
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3
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25
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4
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261

ELSEWORLD: ERROR DE ORIGEN... y en cada Universo me enamoro de ti

Summary:

Juan de la Reina tiene nueve años y está convencido de que lo enviaron al universo equivocado.
Sus padres murieron y ahora vive con una tía que parece villana corporativa.
Pero pronto descubrirá algo inesperado: incluso las mujeres más rígidas tienen un punto débil. Y la kryptonita de su tía no es verde… es una heroína sin capa... que conduce una moto.

Notes:

Volví de nuevo con otro fic cortito :D
Espero les guste esta idea que ha surgido entorno a Marta vs Juanito xD

Chapter 1: JUAN DE LA REINA

Chapter Text

CAPÍTULO I

JUAN DE LA REINA

 

 

Juan solía perder cosas.

Los lápices, los carritos que su padre le obsequiaba… una vez perdió una de sus zapatillas de futbol que Juan juraba haber guardado en su mochila pero que nadie nunca pudo hallar.

Ese día su padre le reprendió.

Pero mamá le revolvió el cabello y le dijo que podía perder la cabeza si no la tuviera pegada al cuerpo. Lo dijo riéndose, como si perder cosas fuera una especie de talento secreto.

Y por eso Juan no entendió lo de “lamento tu pérdida”. Una frase que había escuchado una y otra vez los últimos días.

Porque las cosas que perdía, tarde o temprano, volvían a aparecer.

Debajo de la cama.

En los recovecos del sofá.

En la mochila equivocada.

A veces tardaban, pero siempre aparecían.

Juan tenía nueve años, pero ya sabía algunas cosas.

La más importante, que su madre no volvería a revolverle el cabello ni volvería a escuchar su risa.

 

*****MF*****

 

El coche se detuvo frente a una casa enorme. Con reja negra y árboles desnudos que parecían brazos huesudos levantados. El cielo estaba gris, como si también le pesara la mudanza.

La puerta del coche se abrió.

—Llegamos.

La tía Marta tenía los ojos más azules que Juan hubiera visto, azules y fríos. Severos, también, como si supieran el orden exacto de cada cosa.

Juan tomó su mochila, con fuerza, porque ahí llevaba lo más importante.

Su inhalador.

El pañuelo que aún olía a mamá.

El reloj de papá.

Su iPad.

El cómic de Supergirl.

Y una foto de él y sus padres donde todos sonreían.

No necesitaba más.

 

Siguió a su tía por la casa y luego escaleras arriba. Ella caminaba recta, con las mangas remangadas. Sus brazos eran delgados, muy pálidos, se veían tensos, como los de alguien que siempre estaba lista para cargar algo pesado.

Juan no estaba seguro de qué.

Intentó recordar momentos con la tía Marta, pero no lograba encontrar un buen recuerdo. Recordaba los calcetines feos que le obsequió dos Navidades atrás o cómo su camioneta aplastaba, en cámara lenta, su bici nueva un día que llegó a visitar a mamá. También recordaba que siempre se llevó mejor con la prima Julia, aunque Juan suponía que eso se debía a que Julia era hija del tío Jesús, hermano de la tía Marta, mientras que su padre era sólo el primo de ellos.

Quizás había niveles en el amor.

Como en los videojuegos.

Eso explicaba por qué papá siempre le decía “solterona” a la tía Marta.

Juan aún no entendía que significaba la palabra pero no sonaba bonita y aunque mamá le había tapado los oídos, también había escuchado la palabra “degenerada”.

Tal vez por eso la tía Marta no le quería.

Ambas palabras juntas no sonaban para nada bien y Juan se prometió nunca decirlas en voz alta.

—Esta es tu habitación.

La habitación era grande. Demasiado grande con una cama, una mesa de noche, un armario y un escritorio.

Y mucho, mucho espacio.

El silencio fue raro hasta que la tía volvió a hablar:

—Iré a preparar la cena.

La puerta se cerró.

La madera crujió cuando Juan dio un paso. Fue hasta la ventana, la abrió, luego la cerró, quería asegurarse de que pudiera abrirse.

Era muy importante que pudiera abrirse.

Se sentó en la cama.

Sacó la foto de su familia y la puso en la mesita.

Después el cómic.

Supergirl Vol. 2.

Papá decía que Superman era mejor. Que los niños debían admirar al hombre de acero.

Pero Superman parecía un señor.

Supergirl no.

Supergirl era valiente, tenía un buen golpe.

Y mamá le había dado el cómic.

Mamá.

De pronto el silencio era muy pesado.

Juan decidió encender el iPad.

 

*****MF*****

 

La tía Marta volvió por Juan para cenar y él bajó con el iPad pegado al pecho.

Era sábado.

Y los sábados eran noche de hacer pizza.

Siempre.

Pero en la mesa había pescado, ensalada y una salsa oscura que parecía importante.

Juan miró el plato como si fuera kryptonita.

Se sentó.

El silencio se parecía a cuando papá alzaba la voz más de lo normal y mamá parecía triste. A veces ese silencio mejoraba con el olor del queso derretido y como Juan siempre ayudaba a mamá a preparar la pizza.

Era cuando comenzaban las risas.

—¿Te gustó la habitación? —pregunto la tía Marta.

Juan se encogió en hombros.

—El lunes iniciaras en el colegio de San Patricio. Tus tíos, Jesús y Andrés, y yo fuimos ahí, así que es como una tradición familiar.

Tradición.

Juan no estaba seguro de querer formar parte de esa tradición porque era sabido por todos que ser el nuevo y, sobre todo, con el año ya empezado era lo peor que podía ocurrir.

Peor que perder una zapatilla de futbol.

La tía Marta preguntó más cosas: si sabía que vacunas tenía, si era alérgico a algo, cuál era su materia favorita.

Juan no tenía ganas de responder, así que encendió el iPad y continuó mirando el capítulo ocho de la segunda temporada de Supergirl, donde Lillian Luthor se revela como la villana.

—Juanito, el iPad está prohibido en la mesa.

Era sábado.

Si no había pizza, al menos podía haber Supergirl, ¿no?

—Juan, guarda el iPad —advirtió su tía una vez más.

A su pecho llegó la sensación de echar de menos la cocina de su casa, el olor, el calor… a su mamá.

Sintió que un nudo se le formaba en la garganta.

Su padre le había dicho que los niños no debían llorar, pero Juan de verdad quería llorar, quería volver a Madrid, a su casa, con Tere y que sus padres volvieran, que nadie hubiera bajado las cajas a la tierra, que tocaran el timbre y dijeran que todo había sido un error.

Que el sábado de pizza seguía siendo de pizza y no de ese apestoso pescado y esa salsa salada.

—Juan, no lo voy a repetir.

El chillido de las patas de la silla sobre el piso pulido lastimó sus oídos.

Pero a Juan no le importó, porque no quería estar ahí. No quería estar con la tía Marta que quería más a Julia; no quería vivir con la tía Marta que aplastó su bici y la reemplazó con una de color azul cuando su color favorito era el verde; no quería estar con la tía Marta que no entendía que sus padres estaban muertos y los sábados eran noches de pizza y tele.

La tía Marta no entendía que Juan quería llorar y que su madre le abrazara y le dijera que todo estaría bien.

Pero esa noche sólo hubo sollozos y su única compañía fue Supergirl.

 

Continuará...